Los teóricos políticos, los estrategas, siempre se han visto más atraídos por el lenguaje bélico que por las tácticas futbolísticas. Gramsci podía haber hablado del tiki-taka, pero prefirió hablar de la guerra de maniobras, mientras que a Lenin le fascinaron las metáforas bélicas, como, por ejemplo, al referirse al partido revolucionario como el Estado mayor de la batalla contra el capitalismo, en vez de hablar de profundizar por la banda, la izquierda por supuesto.

Sin embargo, sí ha existido un maravilloso contagio del mundo del fútbol por parte de la estrategia política, a través de determinados personajes fuera de lo común, que enunciaron a entender este deporte como algo ajeno a sus convicciones personales, a sus inquietudes y a su forma de vida.

Por un lado, tenemos a los defensores del catenaccio, un sistema de juego con fama de aburrido y conservador, pero que incluye una de las figuras más románticas, y a día de hoy, nostálgicas, del universo futbolístico: el líbero. Toni Negri aún defiende los postulados de su primer amante y defensor, el periodista Gianni Brera, que vio en él un cierto carácter nacional de esa Italia de posguerra llena de emigrantes hambrientos, pero fuertes y orgullosos a pesar de la consciencia de su debilidad.

Sin salir del país transalpino, verdadera cuna de este concepto, nos encontramos con Pier Paolo Pasolini, que puso toda su sensibilidad al servicio de la defensa del “cerrojo”: “El catenaccio y la triangulación es un fútbol de prosa: se basa en la sintaxis, en el juego colectivo y organizado, esto es, en la ejecución razonada del código. Su único momento poético es el contraataque que culmina en un “gol” (que, como hemos visto, no puede más que ser poético). En definitiva, el momento poético del fútbol parece ser (como siempre) el momento individualista (regate y gol; o pase inspirado).

En el otro lado tenemos el fútbol total, el “jogo bonito”, al que también se han atribuido paralelismos con la estrategia política, y que en la actualidad goza de hegemonía entre los amantes del balón. Habiendo tenido en la Naranja Mecánica y en el recientemente fallecido Johan Cruyff a dos de sus mejores exponentes, quizás tuvo en Brian Clough su expresión más llamativa. Ese ‘maldito zorro socialista’, como alguna vez le llamaron, entendía la conexión de sus ideales políticos y su concepción del fútbol a través del poder del colectivo, la solidaridad y el juego de toque entre los débiles contra los poderosos. Bajo estas premisas, hizo campeón de Liga y Copa a un recién ascendido Nottingham Forest, con el que también conquistó la Copa de Europa, en dos años consecutivos, siendo sus primeras participaciones.

En definitiva, en el fútbol, como en la política, podemos encontrar conceptos tácticos diferentes, estilos opuestos, pero un objetivo común, hacerse con la victoria.