El día 8 de marzo las mujeres pararon cualquier trabajo productivo y reproductivo en Italia, así como en más de 50 países en todo el mundo. Sumándose al llamamiento internacional, el movimiento feminista italiano se adueñaba de un ocho de marzo que se había convertido año tras año en una fecha ritual. Miles de mujeres se organizaron en Roma, Bologna, Milano y decenas de ciudades del país tiñendo de negro y fucsia los puestos de trabajo, los hogares, las aulas y las calles.

A primera hora de la mañana se iniciaba la jornada delante de la empresa Almaviva de Roma que el último año despidió a más de 1600 personas, la mayoría de ellas mujeres. Acto seguido, el mundo educativo organizaba la verdadera “buona scuola” (nombre de la reforma educativa del gobierno Renzi). En las plazas llevaron a la práctica una escuela que desde la infancia enseñe a luchar contra estereotipos de género y combatir los roles impuestos de masculinidad y feminidad. Paralelamente, el movimiento universitario se manifestó en la Universidad La Sapienza, denunciando la falta de servicios de consultorios y centros anti-violencias para las estudiantes. Debajo de la Diputacion del Lazio, las trabajadoras de las cooperativas del tercer sector de los hospitales y el mundo de la sanidad en general, reclamaban un encuentro con el gobernador. Emplazaron a éste a iniciar una vía para obligar a encontrar soluciones inmediatas a los recortes sufridos los últimos meses en los centros antiviolencia.

No sólo Roma, Bologna, Milano, Napoli, Firenze, Siena, Nuoro, Cagliari, Torino, Ancona, Palermo, Pescara, L’Aquila y muchísimas otras ciudades fueron atravesadas por la marea negra y fucsia. Luchas locales, concretas y reales que las trabajadoras y las mujeres llevan cada día adelante en sus territorios reconocieron en el 8 de marzo un momento de participación colectiva. Infinitud de iniciativas de denúncia y reivindicación que culminaron en las oceánicas manifestaciones por la noche, fijadas a la misma hora en todo el país. El centro de Roma quedó inundado de una marea negra y fucsia de mujeres, pero también de compañeros, que reconocen en la lucha contra el patriarcado y las violencias machistas un elemento imprescindible para llegar a un cambio radical de la sociedad.

Después de las gigantes jornadas del 26 y 27 de noviembre en Roma, en la que más de 150mil mujeres (y compañerxs) protagonizaron la marcha nacional contra las violencias machistas, el 8 de marzo ha marcado en todo el país y en todo el mundo un paso ulterior para este nuevo movimiento feminista. En Italia, la lucha no se detiene y la próxima cita será el 22 y 23 de abril en la tercera Asamblea Nacional de Mujeres con el objetivo de seguir elaborando desde abajo un plan feminista contra las violencias machistas hacia las mujeres.