Miguel Gómez Garrido | Una vez, una tuitera criticó a este colectivo mentándole por sus siglas, “HSM”. Enseguida recibió una respuesta recriminatoria: “Entiendo que no te guste High School Musical, pero no hace falta que les llames nazis”. A mí tampoco me gusta High School Musical, porque es una boñiga Disney, pero menos el Hogar Social Madrid. El HSM se aproxima a los tres años de vida con un balance de cinco okupaciones, (prefieren decir “ocupaciones”) y bastante repercusión mediática, aunque su militancia no llegue a los dos centenares.

El interés que ha suscitado entre los media se debe principalmente a la importancia que Melisa Ruiz, su ideóloga y cara más reconocible, le concede a la imagen y al discurso. Hay dónde la ven, estudia Filosofía y Antropología, domina la comunicación y los tiempos y está obsesionada por la hegemonía cultural. No en vano considera “fundamentales” las aportaciones de Gramsci. Reconoce, además, estar interesada en las ideas de Errejón y ser espectadora de Otra Vuelta de Tuerka y Fort Apache. Ellos también han tenido que debatir mucho sobre la transversalidad o los que faltan. Solo así se explica la reducción de la importancia simbólica que le conceden a Ramiro Ledesma que al principio formaba parte del nombre original del Hogar Social. En todo caso, ni el HSM ni su portavoz niegan públicamente su aprecio por la Casa Pound o por Amanecer Dorado. Sí por el Frente Nacional de Marine Le Pen, a los que consideran “sionistas”. Entienden, como sus aliados internacionales, que es a través del asistencialismo como pueden potenciar sus mensajes que se resumen en uno: “ayudas sociales para los nacionales”.

Ledesma es un personaje de lo más interesante. Fundador de las JONS, salió del espacio en 1935 por discrepancias con su evolución. Historiadores como Stanley Paine le reconocen como uno de los pocos intelectuales que tuvo el fascismo “auténtico” existente en España, y eso que fue fusilado con 31 años (en octubre del 36, junto a Ramiro de Maeztu). Impulsor de la revista La conquista del Estado. Su obra más importante, probablemente junto con Discurso a las juventudes de España, fue ¿Fascismo en España? (sí, entre interrogantes):

“Una vez vencido el marxismo, las mayores dificultades se le presentan al fascista por el lado liberal, demoburgués, donde se apiñan, no esas pobres añoranzas de la libertad perdida (…) sino el frente oligárquico capitalista; es decir, (…) todos los magnates (…). Generalmente, todos ellos se muestran partidarios de la democracia liberal (…). Pues son, en efecto, los representantes feudalistas (…) mostrándose hoy enemigos de la prepotencia y de la pujanza del Estado, como sus antecesores lo eran ayer de la soberanía de los monarcas. El fascismo sabe que la democracia parlamentaria es el régimen ideal para que predominen, del modo más descarado, las peores formas de feudalismo moderno.”

Racismo antiestablishment, estigmatización de los inmigrantes (el penúltimo contra el último), ambigüedad discursiva y eficacia logística, comunicativa y operativa. Son las claves del Hogar Social Madrid, fascismo pop para una sociedad sin respuestas. No solo vale con reírnos de ellos, junto a Ignatius Farray, al cántico de “fascismo del bueno”. Hay que, primero, estudiarles, y, segundo, llegar a dónde llegan y a dónde no llegan, convencer a los que convencen y a los que desprecian. Diez, cien y mil centros sociales son el mejor antídoto para diez, cien o mil hogares sociales. Que HSM siga significando High School Musical, otra boñiga de Disney.