Alexis Maldonado | La historia, nuestra historia, está hecha de infinitas migraciones, aquellas que llenaron de huellas todos los caminos de la Tierra en busca de mejores condiciones climáticas y alimentarias. Un ir y venir que ha dado origen a este mosaico multicolor de pueblos que conforman el mapamundi y que nos permite darnos cuenta que somos hijos del intercambio, del mestizaje e infinitas mezclas.

Los tiempos presentes tampoco se escapan a este nomadismo que atraviesa la aventura humana desde así, casi dos millones de años, planteando los mismos retos de este viaje interactivo: respuesta a un medio hostil y adaptación. Los protagonistas hoy reciben el nombre de inmigrantes, principalmente provenientes de África y América Latina. Sin dejar de mencionar la migración forzada, de miles de personas que se aglutinan en caravanas humanas para intentar llegar a los países de la Unión Europea huyendo del horror de la guerra civil en Siria que se inició en 2011.

(La guerra, en Siria, en Yugoslavia, en la Primera Guerra Mundial, como la ocurrida en las mismas guerras púnicas, obedece a leyes imperecederas y crueles, que nada tienen que ver con los derechos humanos o la libertad.)

La inmigración, en los tiempos presentes, dibuja un mundo con importantes fracturas entre el rico mundo del Norte y el empobrecido mundo del Sur, incluso el llamado Primer Mundo incluye en su seno un Cuarto Mundo de olvidados y marginados, que configuran una coexistencia en crisis y donde haber nacido en el “lado malo” de la geografía obliga a muchos seres humanos a vivir en la pobreza y en la permanente precariedad.

La realidad es que los tiempos que corren presentan una inmigración inevitable e imparable. La inmigración va a seguir como el día a la noche y es una de las señas de identidad  que marcan la segunda década del siglo XXI.

La migración se produce desde que “bajamos de los árboles” y empezamos a caminar en busca de zonas que nos proporcionarán agua y comida, en esos entonces sin fronteras que nos impidieran el desplazamiento para encontrar mejores condiciones de supervivencia, al igual que hoy camina el capital de la mano de las multinacionales y posicionándose en el lugar del planeta que quieran explotar, extraer sus riquezas y materias primas, y devolver las mismas elaboradas a una mayor plusvalía… (el dinero es libre, viaja y va donde quiere, el ser humano no.) ¿Por qué?  

En un mundo globalizado con un sistema político neo-liberal, marcado por la velocidad de las comunicaciones y de los capitales, las barreras fronterizas se desvanecen mientras que los flujos migratorios se intensifican. A pesar de ello, el concepto de nativo o nacional sigue representando una posición diferenciada del extranjero, de quien es ajeno, el otro, y a quien, en el mejor de los casos, se le ve como una potencia productiva necesaria dentro del sistema pero sin el reconocimiento, en igualdad de condiciones de los derechos de los nativos o nacionales, los que sí son ciudadanos.

Esta distinción entre nativo o nacional y extranjero se agudiza con la crisis, ya que son los primeros en sufrir las políticas de austeridad, y sobre todo los que no cuentan con los permisos correspondientes de residencia y trabajo, los llamados irregulares o sin papeles.

La entrada de “sin papeles” es la principal causa  por la cual se retiene a un extranjero en España y esta se convierte en una detención “cautelar y preventiva”, que va   de 60 días a 18 meses, dependiendo del tiempo que demore la autoridad en revisar el expediente de cara a la expulsión del territorio Español y esta en la mayoría de los casos es totalmente ilegal, ya que es una falta administrativa y no un delito.

En España la persecución y redadas por la policía y aparatos de seguridad, es día a día  y afecta a inmigrantes jóvenes, mujeres y hombres, los cuales son retenidos a la salida del metro, en paradas de autobuses, en locutorios y en distritos donde existe una alta población  de inmigrantes, para solicitar permisos de estancia legal, sino se cuenta con dicho documento son llevados a un cuartel policial y la mayoría de las veces a un Centro de Internamiento para Extranjeros ( CIE).

Los CIE son lugares de dudosa legalidad, pues desde sus orígenes se han caracterizados por un gran déficit democrático en cuanto a su constitución y un gran déficit jurídico en su desenvolvimiento. En el corazón de las principales ciudades, los CIEs se han convertido en centros desde donde nos llegan noticias de protesta, incendios, de violencia, de indefensión y de muerte, en definitiva de sufrimiento humano de las personas cuyo único delito es haber salido de su tierra en busca de una vida mejor.

Los caminos, pues, emprendidos para afrontar el fenómeno de la inmigración en la opulenta Europa son justamente los contrarios a los que las organizaciones pro-inmigrantes proponen, aquellos que hay que recorrer conforme a derecho y los derechos humanos, rompiendo los infinitos prejuicios que se alimentan sobre la inmigración, y que están blindando las mentes de numerosas personas, creando prejuicios, imposturas y falta de objetividad, hacia un fenómeno que siempre ha sido beneficioso para la humanidad.

¿Es entonces mejorar las condiciones de vida un delito? La Unión Europea cree que sí y por eso está gastando millones de euros en mejorar el cerco fronterizo, para impedir que personas sin recursos o que buscan refugio o asilo, puedan llegar a algún país europeo. La UE  con su sistema de vigilancia EUROSUR, controla tanto las fronteras como las embarcaciones que intenten llegar a las costas europeas de 18 países del espacio Schengen.

Existen en España Centros de Internamiento de Extranjeros “oficiales”, situados en provincias de Barcelona, Las Palmas, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife, Málaga, Madrid, Valencia, Murcia y Algeciras, además de dos Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI), Melilla y Ceuta, además de Centros de Retención Informales de dudosa legalidad.  

Hoy vemos a diario en la televisión noticias de la llegada de inmigrantes vía marítima (pateras), que intentan llegar a las orillas de la Europa mediterránea y son socorridos por la guardia costera, de socorridos nada, llegan y van a un centro de retención a espera de  ser devueltos a su país de origen, con lo cual pasarán un tiempo para que sean devueltos, otro y el mayor de los casos es el que sucede en los aeropuertos, de acuerdo a cifras el 80% de la inmigración llega a Europa vía aérea, por lo tanto los controles aeroportuarios son el primer muro, aquí los extranjeros son discriminados por raza y color, quedando en el aeropuerto a espera de ser deportados.

La situación de crisis que vive europea y que afecta a países con una alta vulnerabilidad económica, como Grecia, España, Portugal e Italia por nombrar algunos miembros de la CE, deja en una orfandad a los extranjeros que en muchos casos piden a gritos a la autoridad,  el pronto retorno a sus países de origen, porque la situación  que viven al límite de la precariedad, y en muchos casos por hipotecas adjudicados en tiempos de “esplendor económico”, dados por la burbuja inmobiliaria, que trajo a muchos inmigrantes, ser mano de obra cualificada por la falta de nativos o nacionales que hicieran  estos trabajos como la construcción de caminos y edificación de viviendas como primer paso para colocar a esta España en igual condiciones que la Europa rica.

De esa época a hoy vemos cómo los nativos o nacionales españoles vuelven a ser inmigrantes, porque el 26% de parados que tenemos hoy en España, les deja sin ninguna posibilidad de poder obtener un trabajo a corto, mediano o largo plazo y esto les deja como el único y legítimo derecho de migrar  y buscar donde vivir en mejores condiciones que las que les ofrece el estado español.

Creo que la solución pasa por la toma de conciencia de todos los componentes sociales, de que la única razón de precariedad que vivimos aquí o en cualquier parte del mundo se debe al capitalismo con su fase superior el neo liberalismo. Bajo esta premisa la unidad desde la base social, deponiendo actitudes sectarias sin perder de vista, de quien es el principal enemigo, para construir un solo ente, transformador del mundo y ser habitantes del planeta y no de un solo país o región.