El fútbol puede ayudar a romper fronteras. El F. C. Lampedusa de Hamburgo es un ejemplo. Fundado en 2012 a iniciativa de cinco mujeres, hartas de la situación de abandono de las autoridades hacia las refugiadas. Todo empezó a partir de partidillos en los que involucraron a chavales de diversos países acogidos en la iglesia de St Pauli. En la actualidad está fusionado con el famoso St Pauli, el club de fútbol profesional más reivindicativo de Alemania, utiliza sus instalaciones y compite en una liga oficial.

El Lampedusa también lucha por destruir otras barreras contra los derechos de las mujeres, de colectivos LGTBI y de las personas con diversidad funcional. 5 mujeres entrenando chicos de procedencias diversas, cuestionando estereotipos, construyendo comunidad. Un somalí de 18 años, Motoo, luce el brazalete de capitán con los colores arco iris.

Estos jugadores, la mayoría sin papeles, se arriesgan continuamente a ser deportados y ni siquiera pueden coger el metro para jugar en el extrarradio. La propia existencia del club cuestiona las barreras de la Europa Fortaleza y señala las injusticias de un sistema que excluye.

El Lampedusa ha recibido el reconocimiento de los premios FAD City to City de la ciudad de Barcelona. Además, jugaron un partido contra los juveniles de la confederación de peñas azulgrana. Algo con lo que no podrían ni soñar cuando arriesgaron sus vidas para cruzar el Mediterráneo. Gracias al trabajo de este equipo, Lampedusa adquiere otro significado: se convierte en una bella palabra que pude significar también emancipación.