Redacción Poder Popular | Las Tesis de abril son el informe que Lenin presentó a los socialdemócratas rusos en abril de 1917 y que hay que poner inmediatamente en relación con otros textos de marzo-abril que tratan la misma problemática: entre otros, las Cartas desde lejos, Cartas sobre táctica, Las tareas del proletariado en nuestra revolución o las intervenciones que hizo en la Conferencia del finales de abril. En conjunto, en estos textos se hace un mapa de la situación política rusa surgida tras la Revolución de febrero en Petrogrado, cuyo hecho fundamental era la dualidad de poder. De una parte, el descalabro del viejo bloque de clase dominante en Rusia que, en su intento de recomposición en torno a la clase burguesa y al partido «kadete» o liberal, logró seguir controlando ciertos resortes  del poder —fundamentalmente, y además del vínculo con las burguesías británica y francesa, un gobierno provisional no electo cuya actividad giraba en torno a la continuación de la guerra—, apoyándose a duras penas sobre unos aparatos de Estado en progresiva descomposición (ejército, judicatura, instituciones representativas, etc.). De otro lado, el movimiento de las clases populares que ya venía actuando con fuerza desde 1912, consiguió crear una red de consejos o soviets de diputados de obreros y soldados («campesinos de uniforme») insurrectos a una dimensión mucho mayor que en 1905 y que iría ampliándose, también en el mundo rural, hasta bien entrada la guerra civil. Estos soviets, que funcionaban como poder delegado de las clases obrera y campesina, tenían el poder armado y el control en las calles de Petrogrado y de otras ciudades clave, pero carecían de la organización y de la perspectiva necesaria para asumir plenamente el poder y actuar en consecuencia. Como es sabido, el nuevo gobierno provisional logró el apoyo y el reconocimiento del soviet de Petrogrado con la promesa de la convocatoria de una Asamblea Constituyente (una aspiración central del movimiento emancipatorio ruso) en la que se resolverían los problemas de la reforma agraria, el reparto de tierras, la política exterior, la forma de Estado, etc. En la práctica, el gobierno retrasaba estas medidas y continuaba con la política de guerra.

En este escenario, que Lenin llamaría «de transición» y en el que imperaba un máximo de libertad política, la idea central era la de producir el paso del poder hacia los soviets —hacer de los soviets el nuevo y único marco político e institucional de Rusia y que ellos eligieran los distintos gobiernos, lo cual implicaba la asunción del poder por parte de las clases obrera y campesina— pues sólo un «poder soviético» podría realizar los objetivos a los que aspiraba el movimiento popular. Este traspaso suponía acabar con el gobierno provisional, liquidar los restos del viejo Estado y la derrota, en suma, del bloque de clase dominante, quedando abierta la cuestión de si esta transición de poder sería pacífica o no —al menos hasta septiembre, Lenin barajaba seriamente la posibilidad de que sería pacífica—.

Las tesis de abril se centran en el tema de «la táctica»: asumiendo que las posiciones de los bolcheviques —la oposición frontal a continuar la política de guerra y, en definitiva, que sólo si todo el poder pasaba a los soviets era posible realizar las aspiraciones de «pan, paz, tierra y libertad»— se encontraban en minoría y que el pacto con el Gobierno provisional contaba con un amplio respaldo en los soviets, el trabajo consistía en conquistar allí la influencia política, logrando en último término una mayoría de delegados, en base a una  labor de «explicación», «únicamente con las armas ideológicas, por persuasión amistosa, invocando la experiencia de la vida». El documento señala, por otra parte, algunos rasgos programáticos que se han hecho célebres. Lenin plantea tres tipos de medidas a las que en otros textos llama «pasos hacia el socialismo», aunque en este texto señale que no pretende introducir el socialismo de forma inmediata: a) los sóviets como una institucionalidad democrática mucho más avanzada que las repúblicas de Occidente al carecer de órganos independizados (policía, ejército, funcionarios, etc.) y que enlazaba directamente con la tradición de la Comuna de París; b) medidas económicas, como la centralización de los bancos, el control de la producción; c) la formación de soviets de campesinos pobres y asalariados y centrar en ellos la política agraria. El texto se cierra con una llamada a una reelaboración del viejo programa, a constituir el partido en ruptura total con la socialdemocracia europea «oficial», cambiando el nombre del partido, y a crear una nueva Internacional.

Las tesis de abril siguen constituyendo uno de los documentos clave de las tradiciones emancipatorias que merece la pena volver a leer y examinar en su contexto. Los estudios históricos actuales más competentes, alejados por suerte de teleología barata —«el Espíritu a bordo de un tren blindado»—, hacen esta tarea más sencilla. Sólo una fuerza política que realmente asuma de forma cabal los movimientos y tradiciones emancipatorias pasadas puede abordar su propia tarea de liberación y hacer, como dijo Brecht, que del «nunca» salga el «todavía».

Podéis leerlas en https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/abril.htm