E. Cantos | Andalucía es una tierra cuya economía ha sido dependiente y periférica desde los inicios de la revolución industrial. Aunque en el siglo XIX hubo algunos intentos fallidos de industrialización, sobre todo en torno a los altos hornos de Málaga, nuestra realidad ha estado dominada por la agricultura en origen, y por el sector servicios en la actualidad. Dos sectores que generan poco valor añadido y emplean en condiciones de precariedad absoluta.

Dentro del débil tejido industrial, una de las joyas de la corona es la industria aeronáutica, cuya tradición se remonta al asentamiento de las fábricas de la empresa pública CASA (Construcciones Aeronáuticas S.A.) en Cádiz (1926) y Sevilla (1940). Con la llegada del Neoliberalismo y la Globalización, CASA pasó a integrarse dentro del grupo EADS (hoy Airbus), manteniendo la participación pública (5,5%). Es en este proceso de deslocalización de la poca industria andaluza (automóvil, astilleros…), cuando desde la Junta de Andalucía se establece el sector aeronáutico como sector estratégico y se empieza a potenciar con ayudas públicas.

En este contexto surge Alestis en 2009, impulsada por la Junta y a partir de SACESA (empresa pública) y LK-10 (perteneciente al grupo vasco Alcor), que son las que ya tienen factorías en la zona(1). Sin embargo, tras grandes promesas de generación de empleo, en 2013, Alestis entra en concurso de acreedores debido sobre todo a una mala gestión y una gran cantidad de directivos con altos sueldos. En ese momento, Alestis suministra a Airbus elementos fundamentales del avión civil A350 sin los que estos aviones no pueden salir de fábrica y por tanto obtener el valor de cambio del que obtener la plusvalía. En estas circunstancias, Airbus se ve obligada a rescatarla adquiriendo el 61% de las acciones (provenientes del grupo Alcor y de Caixabank, antes Cajasol) y teniendo control absoluto de la misma desde entonces.

La industria aeronáutica es una industria altamente monopolística, con algunas reminiscencias del fordismo, y digo algunas porque desarrollar eso da para otro artículo. Como régimen monopolístico que es, existe una empresa matriz con altos beneficios, por debajo de la cual hay todo un entramado empresarial que compite entre sí ferozmente. En una crisis de onda larga, en la cual la tasa de ganancia sólo ha podido mantenerse a costa de recortar derechos, la vía para aumentar los beneficios de Airbus ha venido de la mano de subcontratar cada vez más servicios a otras empresas, como es el caso de Alestis, que producen más barato debido ante todo a una menor capacidad de organización de los trabajadores.

Está claro que este rescate no le gustó a Airbus ni un pelo, y desde entonces, además de precarizar condiciones, ha puesto en marcha la segunda estrategia neoliberal, la deslocalización. Como reconoce Alestis en su propia revista(2), llevan varios años transfiriendo producción a China y a Brasil. Y claro, ahora anuncia despidos alegando que ha bajado la carga (intencionadamente por parte de Airbus) y que no se es competivo, siendo las plantas de Andalucía las que han transferido el Know How de los materiales compuestos (sector en los que hemos sido líderes) a China y a Brasil. Misma lógica: para aumentar beneficios, la salida del capital es la desposesión de las clases populares.

Por suerte, los trabajadores de Alestis están organizados y están dispuestos a dar la pelea. Y esta cuestión es clave, porque, aunque algunos conciban la política como una cuestión espectacular y meramente performativa, la realidad nos pasa por encima. El proceso de deslocalización de la industria aeronáutica parece estar ya en marcha. Y no va a ser ningún discurso muy bien articulado desde el Parlamento, que ayuda, sino los trabajadores de Alestis, quienes con su lucha van a ser capaces de defender el empleo. Son los trabajadores quienes tienen el poder para parar la producción, para hacer que Airbus sin ellos no sea capaz de vender aviones hoy, cuando la deslocalización está aún en su fase inicial. Son los trabajadores y la solidaridad del resto del sector y la sociedad en su conjunto quienes pueden hacer posible que Andalucía salga del subdesarrollo. Son los trabajadores quienes pueden poner el foco en la raíz del problema, la propiedad de los medios de producción.

Cuando la empresa es de propiedad colectiva, lo que importa es satisfacer las necesidades sociales y distribuir la riqueza que se genera. Cuando la empresa es de propiedad privada, la única lógica que impera es la del máximo beneficio, sin importar ningún tipo de consecuencias. Airbus no es una empresa con riesgo de entrar en quiebra, Airbus es una empresa que ha generado unos beneficios de 1000 millones de euros en el último año. El hecho no es que el capitalismo genere desigualdad, el hecho es que la desigualdad es inherente al capitalismo.

(1) Alestis nace participada por el grupo Alcor (38%), la Agencia Idea de la Junta de Andalucía (19%), Cajasol (16,7%), Unicaja (14%), Banco Europeo de Finanzas (6,8%) y Airbus (1,8%).

(2) http://www.alestis.aero/wp-content/uploads/2016/05/Flying-N4-WEB.pdf.