Víctor de la Fuente | Una vida digna que merezca la pena ser vivida. Trabajos decentes, sanidad pública y de calidad, educación libre, tiempo libre… No son grandes programas de integración lo que necesitan las personas refugiadas e inmigrantes que llegan a cualquier parte de Europa. Sino unas condiciones materiales que permitan desarrollar una vida digna, al igual que el resto de las clases populares europeas.

Cuando miles de personas se encuentran presas en Grecia y otros países del este y del sur Europa es lógico que la batalla se centre en la apertura de las fronteras y el acceso libre de estas personas. Pero la entrada en Europa no es el fin del viaje, sino el principio de una odisea por acceder a unas condiciones de vida digna.

Las vallas, los campos, los interminables procesos burocráticos, las esperas, las mafias como única opción para escapar de la muerte, son sólo algunas de las cribas que la Unión Europa ha impuesto para obtener miles de personas desprovistas de cualquier tipo de derecho. Miles de personas que llegan a Europa como mano de obra totalmente atomizada, donde la supervivencia a cualquier coste es la prioridad. En la otra cara de la moneda, unas élites empresariales que ven en esta población una forma de seguir compitiendo en el voraz mercado. Condiciones humillantes, ningún derecho social, imposibilidad de algún tipo de sindicalización y obviamente salarios abrumadoramente bajos.  Es una huida hacia adelante que no ofrece una solución para las mayorías sociales. Como horizonte final dentro de esta estrategia, donde la llamada “crisis de los refugiados” es una clara construcción política. Se abre todo un campo para las oligarquías europeas, enfrentando a las clases populares del continente más afectadas por la crisis contra los inmigrantes. A lo largo y ancho de Europa se repite la misma estrategia, más allá de la virulencia de los efectos de la crisis que estalló en 2008, el objetivo es claro, culpabilizar a la población inmigrante de los resultados de años de políticas neoliberales. Criminalizándoles ante las situaciones de inseguridad y de descomposición del denominado estado de bienestar.

Políticas que han incidido directamente sobre las clases populares del sur de Europa precarizando todos los aspectos de su vida. Llegando a normalizar la crisis en nuestro día a día y asumiendo la resignación como único camino. Distintos proyectos políticos en el Este de Europa, el Brexit y la campaña del Frente Nacional en Francia se sustentan sobre esta estrategia. Siendo capaces de marcar los debates y la agenda de los grandes partidos socialdemócratas que han dirigido el proyecto Europeo en los últimos 40 años. Atrayendo gran parte del voto de las clases medias en descomposición que ven en ellos la posibilidad de volver a un pasado de seguridad y estabilidad. Y recogiendo el miedo de gran parte de la clase obrera, disgregada y desprovista de sus instrumentos propios de defensa.

Se trata de proyectos con nulo o poco anclaje territorial en las comunidades y en los espacios de trabajo, lo cual nos ofrece sin duda posibilidades a todas aquellas que luchamos por una Europa solidaria entre los pueblos.  En primer lugar solidificando y construyendo auténticos espacios de solidaridad en cada pueblo y barrio, allí donde la solidaridad es capaz de proporcionar techo, comida y espacios colectivos de acción. Y en segundo lugar siendo capaces de ofrecer a las clases populares un proyecto alternativo no solo deseable sino posible. Donde cuestiones como el empleo y los servicios sociales sean tratadas de raíz, atendiendo a las causas que los degradan diariamente y sin rebajas programáticas que pretendan homologarnos a los partidos del establishment, causantes de esta misma situación.

El objetivo primero es, por tanto, ser capaces de traspasar estas barreras y subjetivar los intereses, demandas y aspiraciones comunes de las personas migrantes y las clases populares europeas. Identificando el enemigo y a los responsables de las políticas austeritarias y racistas, ambas caras de una misma monedaq que empuja a millones de europeos y europeas a la precariedad más absoluta. Una precariedad fruto de la misma crisis en la que el neoliberalismo europeo se encuentra sumido, en cuya huida hacia adelante busca en la exclusión y el aislamiento de las personas refugiadas e inmigrantes un chivo expiatorio con el que salvar los muebles de las oligarquías europeas.