Josu Egireun | Con una participación prácticamente igual a la de 2012 (77,7 frente al 79,5%) la primera vuelta de estas elecciones marca un punto de inflexión en la vida política francesa con un desarrollo incierto.

El resultado es conocido: E. Macron (¡En Marcha!) en cabeza con el 24,01 % de votos, seguido de M. Le Pen, 21,3%, F. Fillon -Les Républicains, derecha tradicional-, 20,01%, J L Mélenchon –France Insoumise- 19,58% y B. Hamon (PS), 6,36%.

 

I. La nota dominante en este resultado es el voto de rechazo al sistema tradicional de partidos, que se ha traducido en la eliminación de los dos partidos pilares del sistema, el Partido Socialista y Los Republicanos. Ahora bien, se trata de un rechazo asimétrico. Mientras Fillon no llega a la segunda vuelta a falta de un 1,5% de votos, el PS de hunde totalmente.

Este resultado es fruto tanto de una fuerte derechización –que beneficia a Los Republicanos y, sobre todo, el Frente Nacional- como de la desintegración del Partido Socialista en el que el intento por girar a la izquierda por parte de Hamon quedaba bloqueado a falta de una ruptura con el aparato del partido y la legislatura de Hollande.

 

II. La victoria de ¡En Marcha! se da en un contexto en el que al hundimiento del PS y los escándalos de corrupción que afectan a Fillon, hacen que Macron aparezca como el voto útil para ganar a Marine Le Pen.

El proyecto político que encabeza E. Macron tiene mucha similitud con el de Rivera y Ciudadanos. Solo que en este caso, el candidato sale de las franjas de los socialistas, arrastrando a los sectores que pujaban por acentuar la deriva socioliberal del PS y que aún permaneciendo en el PS han desarrollado una campaña muy hostil contra Hamon.

 

III. Sin embargo, el resultado más llamativo es el ascenso del Frente Nacional que durante mucho tiempo ha estado a la cabeza de las encuestas si bien finalmente ha sido relegado a segunda fuerza. En cualquier caso, hay que prestar atención al resultado de la segunda vuelta: aunque no llegue a la presidencia, que el Frente Nacional se sitúe en torno al 40% de votos es algo más que preocupante.

 

IV. Globalmente pues, nos encontramos que entre el centro-derecha (Macron), la derecha extrema (Fillón) y la extrema drecha (Marine Le Pen) acaparan el 65 % del voto, frente al 44% que obtuvieron Sarkozy y M Le Pen en el 2012. Hay quien matiza estas cifras considerando que en el electorado de Macron existe una izquierda que ha votado útil para frenar a Marine Le Pen y que por tanto, el voto global de la derecha es menor. Sin embargo, este argumento tiene un punto débil y es el excelente resultado del candidato de France Insoumise, JL Mélenchon.

 

V. Efectivamente, la candidatura de JLM ha funcionado como un sifón en el campo de la izquierda (lo que explica también el contraste entre la buena dinámica de la campaña de Poutou, candidato del NPA, y el resultado tan débil) desde el momento en que la incapacidad para despegar y el posterior hundimiento de Hamon le hacía aparecer como el voto útil a la izquierda e incluso con la posibilidad de pasar a la segunda vuelta y… batir a Marine Le Pen.

 

VI. Pero, con todo el éxito que ha tenido, la gran perdedora de estas elecciones es France Insoumise. Y con ella, toda la izquierda. Y las consecuencias se harán sentir.

Esta campaña electoral sintetiza bien lo que es la ausencia de una reflexión crítica de la izquierda tras las derrotas sufridas en 2010 frente al gobierno Sarkozy y, sobre todo, durante la legislatura de Hollande.

La única forma de evitar de que la izquierda quedara excluida de la segunda vuelta era un acuerdo entre JL Mélenchon y B Hamon. El que no se planteara esta perspectiva por ninguno de ellos, pero sobre todo por Mélenchon que estaba en cabeza, con una dinámica impresionante en la campaña (50000 personas en el mitin de Marseilla…) constituye un error grave. Como lo es el que las fuerzas de extrema izquierda (NPA, LO), tampoco situaron esta cuestión en el centro de la campaña.

Los últimos días de la campaña la base militante de France Insoumise se debatía entre la euforia de llegar a la segunda vuelta -¡como nunca antes una fuerza de la izquierda radical!- y la inquietud de que se perdiera por poco. Y al final se perdió. Y el éxito se convierte en fracaso. Quien mejor lo expresaba era el semblante y el comunicado de JLMélenchon en la noche electoral.

 

VII. ¿En esas condiciones tenía sentido que el NPA desistiera el voto a favor de Mélenchon? Realmente no. A falta de un acuerdo que justificara esa decisión, la base electoral del NPA iba partir hacia LO o la abstención.

 

VIII. En estas elecciones, el resultado del NPA es similar al de 2012 (1,09 frente a 1,15: 17.000 votos menos). Sin embargo, la campaña ha sido mucho mejor: no sólo en audiencia tras el scoop en el debate de los 11 candidatos en la TV que tuvo resonancia hasta en New York Times, sino en asistencia a los actos públicos y mítines: 600 personas en Montpelier, otras tantas en Rouen, parecido en Toulouse…

 

IX. ¿Y ahora qué? Como hemos dicho más arriba, el precio de esta derrota va a ser grave. Y lo será para el conjunto de la izquierda. Está claro que el PS va a implosionar. Manuel Valls ya lo ha preconizado. Por otra parte, no está claro el proyecto de JL Mélenchon para France Insoumise. Lo único que se puede decir por el momento es que estará presente en las legislativas de junio, pero… confrontando con las listas de PCF y con la incógnita de que el tirón de Mélenchon sigapesando para las legislativas.

En lo que respecta al NPA, hay que ver si la buena dinámica de esta campaña, que le saca del ostracismo en el que ha estado sumido desde 2012, no se ve castrada por el bloqueo al que le someten sus corrientes más sectarias. En el comunicado de la noche electoral habla de que “necesitamos una nueva fuerza que nos represente”, de avanzar en la construcción de una nueva representación política de las y los explotados y oprimidos. Pero en estos momentos, faltan las mimbres para ponerse a la tarea.

 

X. Por el contrario, la tarea urgente que se impone para la próxima legislatura y las agresiones que vendrán de la mano de Macron (en el mejor de los casos) o de Marine Le Pen (en el peor) es cómo construir un frente (o frentes) de resistencia (que abarque desde los movimientos sociales hasta los sectores de base del PS) para la defensa de los derechos sociales y democráticos; un período en el que va a ser necesario retomar el hilo rojo de las movilizaciones de la primavera pasada tras estos meses de fiebre electoral.