Gaia Apollonio | Las obras de construcción del gaseoducto empezaron hace más de un mes en Salento, una zona del Sur-Este de Italia. Conocido como Tap, este gaseoducto tiene un recorrido de 878 km y debería llevar gas desde Azerbaijan hacia Europa, atravesando Turquía, Grecia y Albania hasta llegar a San Foca, una localidad del Salento. Desde ahí, a través de un tubo subterráneo de 55 km debería conectarse a una central de depresurización que será construida en el pueblo de Mesagne y, finalmente, llegar a Brindisi, donde de conectará a la red nacional.

El proyecto, desde su concepción, ha sido considerado por la Unión Europea de una importancia fundamental para garantizar la diversificación de las fuentes energéticas y atenuar la dependencia europea del gas de Rusia, aunque la misma autonomía del yacimiento de Shah Deniz no está clara y aunque la propria Azerbaijan se abastece de gas de Rusia. Además, una empresa rusa ha comprado recientemente el 10% de las acciones de la compañía inglesa BP, que junto a la española Enogas, la italiana Snam, a la suiza Axpo y a a la azerbajana Az-Tap, constituyen el grupo empresarial que controla la sociedad Tap AG.

El gaseoducto dispondría de una capacidad de 10 billones de metros cubos por año, aptos para satisfacer la demanda de 7 millones de italianos. En el 2014 empezaron las valoraciones sobre el impacto ambiental del gaseoducto por parte del Ministerio del Medioambiente, que acabaron con un valoración positiva por parte del ministro Galletti, que firmó el decreto de compatibilidad ambiental. Aun entonces, sin embargo, la Comunidad (regione) Puglia y el Ministerio de los Bienes Culturales expresaron una valoración negativa sobre el proyecto, junto a muchos alcaldes de los pueblos de la zona interesada que pidieron el cumplimiento de la directiva europea “Seveso”, para la salvaguardia de la salud de los ciudadanos y del medioambiente por posibles riesgos derivados de la construcción de instalaciones industriales. La “joint venture” Tap ha asegurado más de una vez que la construcción del gaseoducto no comportará efectos negativos para el territorio. Sin embargo, estas afirmaciones han sido desmentidas por numerosas investigaciones y estudios dirigidos por un equipo de expertos, ingenieros, ambientalistas y químicos desarrollados por la acción del ayuntamiento de Melendugno. El impacto ambiental de la obra no será, según estos estudios, pequeño. Empezando por la plataforma de hormigón que surgirá en la playa de San Foca, playa que ha sido premiada por 4 años consecutivos con la bandera azul y las 5 velas de Legambiente (una asociación ambientalista). Además, la central de depresurización ocupará un espacio de 12 hectáreas, en una zona que no está afectada por instalaciones industriales, aunque sea afectada por las emisiones de la instalación ILVA de Taranto y de la instalación Federico II de Brndisi, que son causa de que la zona sea una delas zonas con incidencia más alta de cáncer pulmonar.

La Agencia por el Medioambiente de la comunidad ha presentado un informe muy detallado sobre el impacto ambiental que el gaseoducto tendrá sobre la salud publica. Los estudios efectuados por el Tap se han revelado deficientes sobre el tema de los efectos contaminantes para la atmósfera, por lo que se refiere a la fase de obras y luego de ejercicio de la instalación. Y además existen daños evidentes para el ecosistema marino y para la actividad de pesca de la zona.

Hace un mes, empezaron las obras de extirpación de los primeros 216 olivos, una pequeña parte de los diez mil que serán extirpados y replantados una vez que las obras se hayan completado en toda la zona interesada. Desde el comienzo de la ejecución de la obra, no ha faltado la pronta y decidida respuesta de la ciudadanía y los movimientos ecologistas. Desde el comienzo, la ciudadanía salentina se ha opuesto a la extirpación de los olivos, que representan uno de los mayores recursos dela región, a través de una protesta pacifica y permanente cerca de las obras. La respuesta represiva por el Estado fue inmediata, con el despliegue de cientos de policías antidisturbios para garantizar el desarrollo de las obras.

Durante la protesta hubo cargas policiales contra los manifestantes. En las protestas tomaron parte alcaldes de la zona que también fueron golpeados por las fuerzas policiales. Esto no afectó a la masividad y combatividad de los manifestantes y el cercamiento de las obras aún persiste estos días. La composición del movimiento contra el TAP es muy heterogéneo: hay quienes históricamente han formado parte parte del comité No Tap (que existe desde hace ya varios años), pero también se han añadido jóvenes, personas mayores, cargos institucionales, madres y padres con sus hijos y mucha gente de toda Italia.

A través de la protesta se ha conseguido parar más de una vez la extirpación de los olivos y el desarrollo de las obras. La resistencia de la ciudadanía salentina no se ha detenido tampoco después que el Consejo Estatal rechazara el recurso presentado por la Comunidad de Puglia contra el TAP. La lucha sigue en estos días, con bloqueos, asambleas de miles de personas, iniciativas informativas, mientras el limite temporal para las obras de extirpación ha sido fijado para el 31 de abril.

Las protestas continúan en auge y la población salentina sigue luchando contra una obra decidida por gobiernos y grandes empresas privadas, absolutamente contra las necesidades y la salud de quien vive en los territorios y combate en sus defensa.