Joan Giner (*) | Para rizar el rizo sobre el “Clan Pujol” esta semana conocíamos la jerga de Marta Ferrusola para desviar fondos a Andorra. Entre “madres superioras, misales y capellanes” es difícil no perderse entre chascarrillos. Sin embargo, desde que Jordi Pujol y su familía pasaron de ser un símbolo de la “Catalunya d’ordre” (como la Moreneta) a una banda criminal según la justicia, lo que ha emergido a la vista es mucho más que una anécdota: es una forma de gobernar consolidada desde la Transición. Más allá de los excesos y blanqueos de capitales de Jordi Pujol Jr., casos como el Pretoria o el 3% demuestran que la corrupción no tiene que ver con accidentes y casos aislados sino que es fundamental para engrasar la relación entre poderes políticos y económicos. Es más interesante una lectura desde la economía política que tratarlo como una novela policíaca.

No hay que olvidar que la corrupción siempre es cosa de dos. La otra cara del corrupto es el corruptor. Curiosamente las contrapartes económicas de los pilares del régimen en Catalunya, Convergència y el PSC, son en gran parte los mismos corruptores que aparecen en la operación Lezo o los beneficiarios de otras tramas corruptas: Ferrovial, ACS, OHL… Y las relaciones van más allá de lo ilegal. Por ejemplo, Villar Mir (OHL) hasta este año también estaba en el consejo de administración de Abertis con Salvador Alemany ex-presidente del Consejo Asesor para la Recuperación económica de Catalunya creado por Artur Mas. Alemany a su vez comparte asiento en el patronato de La Caixa con el ex-conseller de CiU Francesc Homs. La clase dominante interviene indistintamente en lo legal, lo alegal o lo ilegal. Por eso cuando el control de un recurso tan elemental como el agua por parte de Agbar (Suez, La Caixa) estaba en peligro porque no existía un contrato que respaldara la concesión, la sociovergencia acudió al rescate con una empresa mixta que tratara de legalizar el saqueo de lo común.

El asunto del agua apunta otra de las lecciones rápidas de cómo se han comportado las élites: la desposesión como origen de beneficios. Ya sea la misma agua entregada como botín de guerra del franquismo en Terrassa, la privatización de la sanidad (con derivadas corruptas como el caso Innova en Reus) o la destrucción del territorio y la expulsión de los vecinos que hizo de oro a los magnates de la construcción como Nuñez y Navarro o la Sacresa de Sanahuja. Por cierto, Sanahuja es un nombre enemigo de las clases populares con pasado, presente y futuro. Con pasado por ser el artífice de 4000 viviendas en el Turó de la Peira durante el desarrollismo franquista con cemento aluminoso (más rápido, más rentable) que provocó la muerte de una vecina al hundirse su bloque. Total impunidad. Con presente y futuro porque su empresa (Sacresa) sigue empeñada en tirar adelante el Pla CAUFEC que amenaza el parque natural de Colserolla después de más de 20 años de oposición vecinal y de los movimientos sociales.

Aquí hemos vuelto a topar con otra clave: los movimientos sociales y el conflicto. Esta vez una clave de la solución. Si el problema no se puede evaluar como una novela negra, tampoco la solución puede desarrollarse estrictamente en clave legal. Son importantes cambios institucionales que bloqueen las puertas giratorias, persigan la financiación ilegal de los partidos o faciliten la participación y fiscalización de las políticas públicas. Cambios que además no se van a poder conseguir si no es desde la movilización popular. No obstante, son reformas que se quedaran cortas si no van acompañadas de la democratización de la economía, es decir, el control social de los recursos estratégicos (finanzas, agua, energía, telecomunicaciones, etc) para organizar la sociedad. Un cambio de modelo que es la única manera de garantizar derechos y estabilidad para la mayoría y de golpear a la vez a corruptos y corruptores. Una transformación de las relaciones de poder entre las de arriba y las de abajo que sólo puede liderar el movimiento.

(*) Joan Giner es Secretario político de Podem Catalunya y diputado en el Parlament.