Neal Michels | Este jueves 25 de mayo, varios jefes de Estado y de Gobierno europeos y norteamericanos se reunieron en Bruselas para la cumbre de su alianza militar, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los objetivos declarados de la reunión: reforzar la cooperación en la lucha “antiterrorista” y determinar el reparto de la carga entre los participantes. En resumen, EEUU pide más participación financiera (2% del PIB de cada estado) y busca más involucramiento de sus aliados europeos para su política imperialista (la participación de la OTAN en la coalición anti-ISIS). En vez de distanciarse del imperialismo estadounidense en el Medio Oriente y en el resto del mundo, los dirigentes europeos parecen desear continuar y profundizar la cooperación con EEUU pese a las recientes provocaciones belicosas de Trump con respecto a Corea del Norte e Irán. La llegada de Trump, Macron, Trudeau, Erdogan y otros muchos destacados líderes coincide también con la inauguración de la nueve sede de la OTAN en Bruselas que ha costado más de mil millones de euros.

Frente a la cumbre de la guerra y a la presencia de Trump, los movimientos sociales de Bélgica organizaron una respuesta a la altura. Mientras que el movimiento anti-guerra preparaba desde el año pasado una movilización contra la OTAN, la elección de Trump provocó una reacción de indignación más amplia por parte de la ciudadanía y los movimientos ecologistas, feministas y antiracistas. Todos estos movimientos aunaron fuerzas y organizaron ayer, día 24 de mayo, una manifestación nacional en Bruselas bajo el lema “Trump not Welcome”. La plataforma se declara a favor de los derechos sociales de los 99%, de la paz, de la defensa del medio-ambiente y contra el sexismo, el racismo y las discriminaciones.

El resultado fue una marcha multicolor de 10.000 personas en el centro de Bruselas. La LCR/SAP, organización hermana de Anticapitalistas en Bélgica, marchó con una pancarta “Billionaires out, refugees in”. La militancia de Amnesty International se disfrazó en Estatuas de la Libertad con el mensaje “No refugee ban, no muslim ban”. En otras pancartas, por la ocasión mayoritariamente en inglés, leímos “We don’t have a planet B”, “From Mexico to Palestine, all walls must fall”, “No Iran war”, etc. Las organizaciones y colectivos feministas utilizaron los “pussyhats”del movimiento feminista estadounidense para lograr una mayor visibilidad. Exiliados de varios países de América Latina llevaron una pancarta con el mensaje “Fuera yanquis de nuestra América”. También llamó la atención la presencia de buen número de jóvenes estadounidenses.

Por último, la movilización no terminó en la víspera de la cumbre. En la madrugada del 25 de mayo, Greenpeace burló las draconianas medidas de seguridad en el perímetro donde se encontraba Trump y desplegó desde una grúa una pancarta con el mensaje “#Resist”. Durante la cumbre, activistas pacifistas utilizaron su experiencia en la lucha contra la presencia de armas nucleares estadounidenses en suelo belga para bloquear el acceso a la sede de la OTAN con una cadena humana. Un segundo grupo desplegó una pancarta en la autopista por donde pasaron los dignatarios. Como en los años de la guerra de Iraq de George Bush, el mundo resiste en las calles a las políticas criminales del liderazgo estadounidense, esta vez más racistas, sexistas, belicistas y destructoras de los derechos sociales y del medio ambiente que nunca.