Sam Robson | Se resume la campaña electoral británica, después de la pausa impuesta por el terrible atentado en Manchester. Inevitablemente el ataque se hace notar en muchos sentidos, aunque la mayoría de los partidos insisten una y otra vez que no quieren sacar provecho político de la tragedia.

La primera palabra en esta nueva fase de la campaña la tomó el United kingdom Independence Party (UKIP) con la presentación de su manifiesto, y no se cortaron en vituperar la gestión de Teresa May como Primera Ministra y anteriormente como Ministra del Interior, llegando hasta acusarla de tener parte de la responsabilidad del ataque. Esto combinado, como no, con un mensaje xenófobo, mezclando conscientemente el islam, la migración, y ataques terroristas.

Pero claro, UKIP tiene que aprovechar la coyuntura. Este es su momento. El miedo y odio son sus grandes bazas y el horror de Manchester son terreno abonado para sembrarlas. Pero también es verdad que poco tienen que perder ya que los últimos sondeos le dan un 4% del voto, en comparación con 10%-15% de hace solo mes y medio.

Y es que más allá de la campaña en sí, ese dato no deja de ser curioso si pensamos un momento en el subidón que supuso el “brexit” para UKIP hace tan poco tiempo, seguido de la victoria de Trump y la posterior visita a la Casa Blanca del antiguo líder de la formación Nigel Farage. En parte este declive tan dramático se tiene que considerar como algo autinflingido. Quizá el ejemplo más absurdo de esto de los últimos días sea la reivindicación de una miembro del Parlamento Europeo (ahora independiente pero de UKIP hasta hace poco) de la restauración de la pena de muerte para quien lleve acabo atentados suicidas.

Perlas como esta hay para aburrirse, pero tampoco se debe trivializar el tema. Porque por un lado sería de esperar que en unas elecciones generales que la extrema derecha de UKIP vería su apoyo reducido bajo presión de los dos grandes partidos (sobre todo bajo el sistema británico de sufragio directo) y que habría un trasvase de votos desde UKIP a los Tories de Teresa May. Pero más o menos desde que empezara la campaña, se ha presenciado una baja en el voto Tory también, mientras Corbyn no para de subir. Sabemos las limitaciones de los sondeos, pero parece existir una tendencia generalizada innegable, y una que no se puede explicar sin reconocer la naturaleza cambiante y contradictoria de la conciencia de clase. Después del “brexit” bastantes fuentes de noticias, incluso algunas de izquierdas, hablaban de la clase trabajadora británica en términos desesperados y desesperantes, como si se tratara de una masa perdida a la ignorancia y racismo. Sin duda existía un elemento racista significativo en la campana a favor del “brexit”, Pero su victoria, vista solamente en esos términos, escondía muchas complejidades y contradicciones. De hecho el último sondeo publicado, y llevado a cabo después del atentado de Manchester, deja a Corbyn a tan solo 5 puntos de May, caundo hace un mes May le sacaba 20 puntos. Eso quiere decir que tiene que haber gente, y no poca, que iba a votar o Tory o UKIP, que de momento se ven votando a Corbyn dentro de 15 días.

Merecería mucho análisis este fenómeno, pero sin ir tan lejos, queda patente que existe una batalla de ideas en la que la izquierda tiene que tomar partida y no puede permitirse el lujo de descartar sectores populares, aunque en ciertos momentos expresen ideas reaccionarias.

Y en todo esto hay que reconocer que UKIP tiene algo de razón. Teresa May tiene una parte de la responsabilidad de lo que pasó en Manchester. Y por muy difícil que sea, se tiene que decir, y decirlo no supone aprovecharse de las víctimas, sino todo lo contrario. Porque si realmente se quiere evitar que otras familias sufran el mismo horror, toda la seguridad en el mundo no sirve. Se tiene que cambiar la forma de hacer política y alejarse de la agresión, odio y miedo, que no hace más que fomentar lo mismo. No decirlo es traicionar a las jóvenes vidas que han sido cortadas tan cruelmente en Manchester y muchos más lugares del mundo.

En 2003, Corbyn predijo que la guerra en Iraq “iniciará un círculo vicioso de conflicto, odio y miseria, de desesperación que alimentará las guerras, el conflicto, el terrorismo, la depresión y miseria de futuras generaciones”. Unos 14 años después, por desgracia, los acontecimientos le dan toda la razón. Y en circunstancias muy difíciles dice mucho de él, que de forma sensible, ha vuelto ahora a citar los vínculos entre las guerras y los actos terroristas y defender una política exterior más humana.