Cecilio Esteve/ “El jefe infiltrado” es un reality show importado desde EEUU, la cuna del neoliberalismo actual. A grandes rasgos, se trata de un programa donde el jefe de alguna empresa se infiltra en las entrañas de su compañía para comprobar de primera mano cómo funciona. Durante el reality el patrón se dedica a trabajar en diferentes departamentos, donde le someten a la presión característica de estos trabajos. Al final reaparece frente a sus empleados, esta vez ya como jefe, y se dedica a repartir escarmientos y cheques a partes iguales.

Un programa simple en el que se empatiza con los trabajadores y el jefe queda glorificado. Esta sería una primera visión superficial. Si entramos al análisis social y del mercado laboral podemos observar que el reality ensalza y limpia públicamente la imagen de los grandes capitalistas de este país. Nos introduce en las cloacas de las grandes franquicias y multinacionales: Bullying, precariedad laboral, sobreexplotación son solo algunos de los rasgos que se visibilizan de la organización del trabajo en nuestro país.

Incluso escenas surrealistas en las que se exceden los riesgos laborales. Por ejemplo, el caso de la empresa de limpieza de Limasa dónde los trabajadores de una planta de reciclaje trabajan sin mascarillas ni ningún tipo de protección. También episodios de precariedad laboral extrema como en Domino’s Pizza. En la cadena aparece un trabajador con un contrato de 10 horas y un sueldo neto de 310 euros que no puede mantener a su familia y tiene que acudir a las diferentes ONG para poder sobrevivir.

Hay que tener en cuenta que se trata de un programa que tiene altos índices de audiencia. Es una ventana desde la que podemos observar el tipo de sociedad a la que estamos derivando. El capitalismo extremo agravado por la crisis. Una sociedad precaria como la nuestra en la que cada día se pone una nueva traba a los derechos de los trabajadores. Sin embargo, la conclusión del programa nos lleva a idealizar al patrón de turno que reparte limosnas entre su plantilla como si la riqueza que acumula no proviniera de la misma gente a la que trata con paternalismo.