Marina Tena (Pumpumpowa) / Hará unos 7 años que empecé a mover el culo; sí, el culo, esa parte del cuerpo femenino tan polémica y sexualizada. Y sí, digo femenino porque como dice mi profesora Aida Prima Cali cuando un hombre1 enseña el culo, ‘hace un calvo’, es algo gracioso; y si en cambio lo hace una mujer es algo obsceno, que ‘la denigra’, porque ‘no se valora’.” Parece ser entonces que mover o mostrar tu culo define tu valor como mujer y el respeto que mereces.

A mi me gusta sentirme sexy, me encanta mover el culo al ritmo de la música y verme en el espejo, me siento conectada con mi cuerpo y aprendo cada vez más sobre mi misma.

Estos beneficios se suelen obviar e invisibilizar y en cambio el foco de atención del Twerk gira entorno al prejuicio de que lo hacemos para provocar. Una vez más, parece que todo lo que hacemos gira entorno al hombre, él es el centro de todas nuestras acciones. La realidad parece ser totalmente distinta: en las clases de baile todas somos mujeres, llevamos años reuniéndonos y disfrutando juntas; sin la necesidad de la presencia masculina en ningún momento para ‘ser vistas’ o ‘provocar’ o ‘gustar’ ( no está de más añadir que también hay chicas lesbianas que bailan twerk y esto rompería la ridícula teoría que lo hacemos para gustar a los hombres).

También parece ser que una mujer no puede sentirse sexy para sí misma, es algo que debe reservarse para el ámbito privado con un hombre como centro de la acción, mostrarse sexual es sinónimo de guarra, puta, buscona, calientapollas.

Para nosotras las clases de Twerk son un espacio de liberación y empoderamiento , a cada una nos ha ayudado en uno u otro aspecto de nuestras vidas. Para el Twerk no se necesita tener el típico cuerpo de bailarina alta y delgada, sino que, en realidad, cuanta más ‘grasa’ tengas mejor, ya que los movimientos del culo se verán más, aunque no es un requisito indispensable. En mi caso puedo afirmar que las clases me empoderaron en el sentido de sentirme dueña de mi cuerpo, aceptarlo y quererlo tal como es, desde que empecé a bailar Twerk en grupo comencé a gustarme mucho más y pude dejar atrás una larga etapa de problemas con mi cuerpo y trastornos de la conducta alimentaria, asumiendo la forma natural de mi cuerpo e incluso sintiéndome atractiva con ella.

Por otra parte, este baile me ayudó mucho a salir y superar una situación de violencia de género. Recuerdo que cuando empecé a bailar Twerk en la escuela mi pareja se enfadaba, no le gustaba nada. En las clases encontré una especie de refugio, el discurso de mi profesora me caló hondo y empecé a adentrarme en el feminismo, sintiéndome cada vez más ilusionada con el baile y noté que algo dentro de mí estaba cambiando. Cuando hacía apenas dos meses que había iniciado clases con Aida decidí denunciar a mi ex-pareja y romper la relación, y recuerdo perfectamente la siguiente clase que hice: era una coreografía en lencería, él jamás me habría permitido bailar así y me habría hecho avergonzarme de mi cuerpo: bailas mal, estás gorda, eres una guarra. Me miré en el espejo, nos veía a todas nosotras, bailando y sintiendo la música; en ese momento me sentí dueña de mi cuerpo por primera vez en mucho tiempo, podía hacer lo que me diera la gana; feminismo es libertad para decidir, y yo elijo mover el culo.

Os dejo por aquí un enlace de un vídeo que también os puede interesar: ‘My dance, my rules’  

1Cuando decimos hombre aquí nos referimos al arquetipo de hombre impuesto en nuestra sociedad blanca europea heteronormativa y cisgénero, ya que fuera de éste sí que encontramos hombres que bailen twerk y que también son juzgados por hacerlo.