Oscar Blanco| Las repartidoras de comida a domicilio que trabajan para la app Deliveroo continúan su lucha por unas condiciones laborales dignas después del éxito de la jornada de huelga estatal el 2 de julio y de la huelga en Barcelona el fin de semana siguiente. La plataforma Riders por Derechos Barcelona y la Federación de Otras Actividades de la IAC hicieron público la semana pasada un dossier de más de 100 páginas de pruebas de la relación fraudulenta entre la empresa y los trabajadores. El dossier es la base de la denuncia que presentaron, con el apoyo jurídico del col·lectiu Ronda, en Inspección de Trabajo para demostrar que el contrato mercantil no se ajusta al vínculo real entre Deliveroo y Riders.

Riders por Derechos y la IAC sostienen que el contrato “esconde una relación puramente laboral” porque aunque pagan la cuota de autónomos y ponen parten del material necesario para el reparto (por ejemplo, la bicicleta y el móvil) la empresa determina “los horarios, turnos de trabajo, franjas de descanso, la retribución, las zonas de trabajo” e incluso los periodos de vacaciones aunque la empresa no las remunera. Una de las pruebas más impactantes aportadas y que demuestra el conocimiento de la Deliveroo de una situación fraudulenta es un lista de palabras prohibidas que la empresa hacía llegar a las personas encargadas de formar a futuras riders:

Desde el primer momento las Riders son tratadas por la empresa como asalariadas y no como presuntas autónomas. Ya hemos dicho que el material esencial para el reparto (Bici o moto y móvil) lo tienen que aportar, pero Deliveroo les entrega la caja de reparto (previo pago de fianza), un soporte para el móvil y una batería externa. A partir de entonces se les asigna una zona de reparto que no pueden elegir, tienen que asistir cada día al centro de trabajo o en su defecto a los centroides (punto de referencia de cada una de las zonas de reparto) para poder conectarse y la empresa controla los repartos: que hay que recoger, en que restaurante hay que recogerlo y a que cliente hay que llevarlo.

Las Riders marcan cada semana una disponibilidad y la empresa les asigna una cantidad de horas repartidas en diferentes turnos. Parece claro que las trabajadoras simplemente prestan un servicio para Deliveroo que es quien controla la relación mercantil entre restaurantes y clientes. Por ejemplo, ¿por qué las Riders no pueden fijar un precio de reparto más elevado los fines de semana si la app tiene una necesidad mayor de trabajadores?

Por si fuera poco la empresa, como se puede ver en las imágenes a continuación, vigila, presiona y sanciona para que se cumplan los turnos que asigna. Si una Rider finalmente no tiene disponibilidad tiene que pedir autorización para dejar el turno y sólo queda “liberada” si otra persona puede asumirlo. Esto sucede, como ya explicamos en Poder Popular, incluso en franjas horarias en las que la repartidora en cuestión no había marcado estar disponible. Además, Deliveroo “castiga” de forma encubierta con menos horas a quien no se apunta en las “horas pico” y de la misma forma lo hace las semanas previas y anteriores a las vacaciones que ha socilitado una repartidora o también si se rechazan pedidos.

Dentro de su falta absoluta de respeto por los derechos laborales, la empresa llega incluso a “termina la colaboración”, es decir, despedir si una Rider está más de tres semanas de trabajar por problemas médicas. Hay que recordar que no están aseguradas de ninguna forma para accidentes y que no cubran tampoco pluses en días de más peligrosidad como la lluvia. Una última prueba de que la situación es evidentemente de “falsos autónomos” es que es la empresa quien elabora las facturas del presunto servicio mercantil que le prestan sus trabajadoras: