“En Colombia hoy tenemos la oportunidad histórica de dar inicio a un tiempo nuevo como sociedad”

María Eugenia García Nemocón

Jimena Ñáñez Ortiz

La Universidad Complutense de Madrid y la Organización de Estados Iberoamericanos de Colombia organizaron el curso de verano “La Paz en Colombia en el primer año de los Acuerdos de la Habana” a finales de junio. Se contó con la participación de personalidades claves que hicieron parte de este proceso histórico: como los principales jefes negociadores tanto del gobierno colombiano, Humberto de la Calle, como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC-, Iván Márquez. Así como figuras políticas relevantes como la ex senadora Piedad Córdoba. Córdoba se presenta como candidata independiente a la Presidencia de la República para las elecciones del 2018, después de que el Consejo de Estado le restituyera sus derechos políticos. El Consejo de Estado consideró que la sanción emitida por la Procuraduría General de la Nación, que la inhabilitaba para el ejercicio de la política por un periodo de 14 años, se fundamentó en inferencias y conjeturas que no sustentaban su supuesta relación con las FARC.

La senadora Piedad Córdoba ha sido uno de los personajes políticos más controvertidos y perseguidos por el statu quo colombiano. Esto ha sido a causa de su carácter contestatario, sus continuas denuncias por casos de corrupción y de vínculos entre la clase política y los grupos paramilitares, sus relaciones con Venezuela y Cuba y su labor humanitaria. Sin duda, es una de las políticas que mejor conoce la realidad del país y las causas del conflicto social armado. A continuación reseñamos elementos centrales de su intervención en relación Acuerdo de La Habana:

La piedra de toque del proceso: las víctimas

La salida negociada del conflicto social y armado ha sido siempre una de las banderas históricas de los sectores progresistas y demócratas de Colombia en tanto se reconoce la existencia de unas condiciones estructurales que dieron inicio al conflicto y lo han alimentado. En este sentido, el Acuerdo de la Habana debe ser visto como un punto de salida y no de llegada. El principal desafío al que se enfrenta Colombia, es una búsqueda de la paz que tenga como eje central las víctimas, como se ha señalado en repetidas ocasiones por parte de los equipos negociadores del Acuerdo. El conflicto armado en Colombia ha dejado aproximadamente 7 millones de víctimas, más de 6.6 millones de desplazados internos y se han despojado cerca de 6.6 millones de hectáreas en las últimas dos décadas. Estos datos aún no están consolidados y debe ser una de las tareas de la Jurisdicción Especial para la Paz. El país debe reconstruir esa memoria histórica como parte de la reparación a las víctimas y para establecer un nuevo pacto social que sea garantía para una paz estable y duradera. Colombia y el mundo deben dar a conocer las directrices estatales y extranjeras que dieron origen a la guerra en 1964.

Modelo de desarrollo y concentración de tierras

El conflicto armado no se puede explicar desligado de los procesos históricos y económicos del país. Las víctimas han crecido en las últimas décadas debido a un modelo neoliberal excluyente que se alimenta de la polarización política y va en contra del pensamiento crítico con el orden elitista establecido. El Estado no ha sabido responder a las demandas de los sectores sociales populares, de campesinos, indígenas, afrodescendientes, entre otros. Los millones de tierras despojadas son producto de la consolidación de un modelo de desarrollo que ha fomentado la concentración de tierras y, por ende, el latifundismo. Por ello, la importancia del punto 1 del Acuerdo referido a una reforma rural integral, que permitirá conocer quiénes son los dueños de la tierra,cómo han adquirido esos predios y cuál ha sido el papel de las instituciones en todo este proceso. Solo conociendo esta verdad se podrá empezar a sanar las heridas y el retorno justo de los verdaderos dueños de la tierra. El gobierno debe garantizar no solo el retorno de tierras a las familias desplazadas sino las condiciones para que se pueda desarrollar la economía campesina.

No se debe olvidar, que el conflicto social armado que se ha prolongado por más de 53 años tiene una estrecha relación con la problemática de la tenencia de la tierra y del control de los recursos naturales. Pero también con el hermetismo del régimen político que ha cerrado las puertas a expresiones políticas de izquierda, progresistas, que se manifiestan en contra del estado de desigualdad e injusticia imperantes. Lo que ha generado un aparato militar y estatal que responde a los intereses de determinados sectores políticos y económicos y no al interés general.

Sin duda, lo más doloroso de estos años de guerra son las víctimas, que han sido testigos de acciones violentas e inhumanas, que buscan la verdad de los hechos violentos, justicia, reparación y garantías de no repetición. Aunque la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas ha desarrollado una labor importante aún queda un largo camino por recorrer para lograr un proceso real de reparación. Este será un elemento fundamental para que nunca más se desaparezca, se viole, se torture, se vilipendie al otro, al que piensa diferente. Por eso la implementación y el respeto a la integralidad del Acuerdo de la Habana es el primer paso para avanzar hacia la construcción de la paz estable y duradera

María Eugenia García Nemocón y Jimena Ñáñez Ortiz participan en La Comisión por la Paz de Colombia, en Madrid