Poder Popular El 6 de julio saltan las alarmas (y alguno, posiblemente Cebrian, descorcha champán prematuramente): golpe de Estado en Venezuela. Un excapitán con 20 efectivos intenta asaltar un cuartel en Valencia, la segunda ciudad del país. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana aborta el ataque, aunque hay dos muertos. De la falsa alarma se pueden sacar dos conclusiones. Conclusión 1: la situación de Venezuela no es la de 2002. Los llamados a un golpe de estado de la oposición nucleada en torno a la MUD los últimos meses no han generado prácticamente fisuras dentro de la FANB. Conclusión 2: la Asamblea Nacional Constituyente, que tomo posesión hace solo dos días, tiene un enorme reto por delante para conseguir la pacificación del país.

Precisamente, la toma de posesión de los constituyentistas se había señalado como posible fecha de enfrentamiento abierto entre el chavismo y la oposición. Al final los diputados de la Asamblea Nacional (con mayoría de la MUD y declarada en desacato por el Tribunal Supremo) no optaron por atrincherarse en el Palacio Federal y las 545 personas electas el 30 de julio fueron investidas acompañadas de enormes movilizaciones de apoyo. Mientras en el este de Caracas la oposición hacía otra multitudinaria movilización contra la Constituyente, como informó Alberto Pradilla en Público. La misma situación de los últimos meses. Una pugna por la legitimidad entre chavismo y oposición. Entonces ¿Qué se ha movido?

Las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente consiguieron movilizar a más de 8 millones de personas (un 41% del censo) pese al llamado a la abstención de la oposición y los sectores del chavismo crítico que se han desplazado a posiciones opositoras como Marea Socialista. No sólo el llamado a la abstención, sino una situación de violencia extendida en los barrios más pudientes de Caracas y en general en las zonas controladas por la oposición. El lider sindical y miembro de la Liga Unitaria Chavista Socialista, Stalin Pérez, explica en una entrevista de Martín Mosquera para Democracia Socialista cómo él mismo con su familia tuvo que andar 5 km hasta un lugar dónde lo recogió un familiar en coche que tuvo que llevarle a dos colegios electorales antes de conseguir votar o cómo la clase media de Caracas se tuvo que desplazar al Poliedro (de incógnito en ocasiones o el día antes) porque los focos de violencia “guarimbera” en sus barrios no permitían votar.

Obviamente, los principales lideres de la MUD no tardaron en salir a acusar de fraude electoral cómo han hecho en prácticamente todas las ocasiones desde hace 18 años (menos en 2015 cuando los resultados les favorecieron). Pero, Vicent Garcés, exdiputado del PSOE y miembro de la corriente Izquierda Socialista que participo como observador internacional, ha defendido en elDiario.es que el proceso fue impecable y que no existen pruebas. Añade que el conflicto es “una insurrección de la oligarquía” que después de casi dos décadas fuera del gobierno “ha perdido privilegios” y quiere “recuperar poder por la vía que sea”. Es evidente que la ANC ha derrotado al plebiscito convocado por la MUD y que por primera vez en meses el gobierno ha recuperado la iniciativa.

Sin embargo, de momento la Asamblea Nacional Constituyente convive con la Asamblea Nacional (que no hay que olvidar que fue elegida con una participación de más de 14 millones de personas, es decir, más de un 70% del censo) y no existe una institucionalidad compartida. ¿Conseguirá imponer su legitimidad contra el desconocimiento de la oposición y las presiones internacionales? La ANC se ha quedado lejos de los 11 millones de votantes en el referéndum de 2009 para introducir la primera enmienda a la Constitución e incluso de los más de 6 millones de votos afirmativos a la reforma defendida por Chávez. Es cierto que las elecciones constituyentes que dieron lugar a la Constitución del 99 tuvieron una participación de menos de 5 millones de votantes (un 44% del censo) y que en el referéndum para impulsar la propuesta de aquella Constituyente participo menos de un 40% del censo pero difícilmente sea una dinámica ni situación comparable. El chavismo entonces estaba en un dinámica de expansión y organización de sectores excluidos durante décadas de la política, ahora Maduro aparece frente a la ofensiva opositora “atrincherado detrás del Estado, sin ser capaz de articular una movilización popular, viendo como se desgajan sectores de su bloque de poder” como apuntaba hace unas semanas Brais Fernández.

Además, Venezuela está sumida en una brutal crisis económica desde la caída del precio del petróleo el verano de 2014, como explicaban Frank Gaudichaud y Pedro Huarcaya en l’Hebdo Anticapitaliste. El intento de zafar la dependencia de la renta petrolera del gobierno ha ido en la senda de reforzar el extractivismo y las alianzas con las transnacionales con el megaproyecto de explotación minera en el Arco del Orinoco o el impulso de las Zonas Económicas Especiales. Concesiones a la boliburguesia y al capital internacional y retrocesos neoliberales de las conquistas del proceso bolivariano. El gobierno tampoco ha sido capaz de frenar la explosión del mercado negro, de la inflación y de la “guerra económica” de los poderes fácticos. Los efectos en la vida de las clases populares son devastadores, aunque se mantengan medidas como la subida del salario mínimo, las misiones (con importantes avances en la entrega de viviendas) o la entrega de productos básicos desde los CLAP. Se calcula que para vivir en Venezuela hacen falta unos 7 Salarios Mínimos Interprofesionales. Anticapitalistas en un comunicado reciente apuntaba que “la corrupción, burocratización y la incompetencia del gobierno del PSUV son intolerables”.

De todas formas, la organización rechazaba “la ofensiva de la oposición” liderada por “sectores profundamente anti-democrátcos vinculados a las clases dominantes”. De la misma forma la enmarcaba “contexto de golpes de estado, blandos o autoritarios en función de país, en América Latina como en Brasil, Honduras y Paraguay.” Una oposición que prepara una “reacción autoritaria” y no ha dudado “quemar, asesinar y atacar a ciudadanos indefensos” o utilizar una estrategia reiterada de la tensión con episodios de fuerte violencia urbana para desalojar al chavismo del poder. El economista argentino Claudio Katz era hace unas semanas muy crítico con las posiciones equidistantes: “el pos-progresismo objeta al chavismo, desecha el peligro golpista e identifica erróneamente al autoritarismo. Los dogmáticos ignoran al enemigo principal y convergen con los conservadores o se deslizan hacia una pasiva neutralidad.” Una pasividad hacia una derecha dominada por rasgos clasistas y racistas que seguramente aplicará una política de revancha contra luchadoras sociales y organizadoras de las comunidades, al estilo de los paramilitares colombianos. En una línea similar se expresaba el brasileño Boaventura de Sousa en un artículo reproducido en Público.

La crisis venezolana solo podrá tener una salida democrática si hay un nuevo impulso revolucionario dentro de la revolución bolivariana; en ningún momento vendrá de los mismos que han saqueado los países latinoamericanos” afirma el comunicado de Anticapitalistas. Pero ¿Qué nuevo impulso? Stalin Pérez en la mencionada entrevista habla de avanzar hacía un Estado Comunal y una transición ecosocialista. En el mismo sentido, organizaciones y militantes latinoamericanos que apoyaron la iniciativa de Asamblea Nacional Constituyente (los propios Pérez, Mosquera o Katz, el PRT Mexicano o miembros destacados del PSOL) piden en una segunda declaración conjunta un “Golpe de Timón a la izquierda” en referencia al giro político presentado por Chávez sólo un año antes de su muerte y que no ha sido desarrollado por el gobierno Maduro. Una serie de medidas que impulsen la autoorganización popular y desarmen a los golpistas como “la nacionalización de la banca y el comercio exterior; un cambio radical en la política de divisas que permite la corrupción y el sabotaje; un verdadero control obrero (no burocrático) de la industria; el castigo y expropiación de los empresarios corruptos de la boliburguesía y de la oposición, el no pago de la deuda externa y la cancelación del plan Orinoco.” Un giro que se antoja difícil por la situación de la economía venezolana, por el reto de la pacificación del país y también por la composición de la Constituyente con, según la opinión de Pérez, pocos elementos críticos y antiburocráticos.

Comunicado Anticapitalistas

Comunicado Asamblea Bolivariana de Catalunya:

Declaración internacional: “Ahora lo que toca es ¡Golpe de Timón…a la izquierda”