Manel Barriere Figueroa | ¿Para qué sirve una novela? Se suele citar La Jungla de Upton Sinclair como ejemplo. Sinclair describió las condiciones insalubres en los mataderos de Chicago en la que fue una de sus obras más famosas, publicada por entregas en 1906. Causó un gran revuelo entre la opinión pública, lo cual repercutió de forma directa en la realidad que había sido denunciada por el escritor.Hoy en día nadie cree que un libro, y menos una novela, pueda tener un impacto parecido, nadie cree que la literatura pueda tener algún tipo de utilidad práctica. De hecho, los libros se venden cada vez menos, la ficción es cada vez más banal, intrascendente, o se ahoga en un torrente de géneros y formatos que oscilan entre el sentimentalismo y el exhibicionismo. Ostentación de efectos visuales y pornografía de la crueldad. La burbuja de las series televisivas, muchas de ellas sobrevaloradas, constituye uno de los ejemplos paradigmáticos. También la larga tradición de los llamados best sellers o la menos larga pero ya muy asentada de las ficciones de auto ayuda.

Pero la literatura no solo es y ha sido útil, en el sentido menos mercantilista o materialista del término. Posiblemente sea la actividad artística más útil, y también, sobre todo en la actualidad, la más necesaria. ¿No es La Biblia, por poner solo un ejemplo notorio, un conjunto de ficciones que configuran un imaginario literario de un impacto colosal e indiscutible? La ficción de hoy en día, desde Walkin Dead a Bob Esponja, desde Pablo Cohelo a Pío Moa, construye una imagen del mundo y del ser humano que nos influye enormemente a la hora de intentar comprender y por tanto, de posicionarnos.

La pregunta sería entonces más compleja. Ante una realidad que se precipita hacia el colapso, ¿cómo puede la literatura romper con las estrategias de alienación del discurso dominante? Una pregunta que abre otros muchos interrogantes. El realismo de Upton Sinclair por ejemplo, puede muy bien resultar inocuo en la era de las redes sociales, a través de las cuales tenemos acceso directo e instantáneo a imágenes y relatos parciales de gran parte de los acontecimientos que se producen en el mundo.

Uno de los peores efectos de este palimpsesto informativo sin fin es la descomposición de cualquier narrativa que aporte coherencia a la fragmentación. Ahí la literatura juega en casa. Construir narrativas que ordenen y clarifiquen, que revelen las conexiones ocultas en el entramado del mundo. Más importante aún, que den voz a los sin voz, articulando el relato o relatos invisibles de quienes raramente son contados y más raramente aún se cuentan en primera persona.

Un ejemplo paradigmático de la materialización de esta idea lo encontramos en el libro SOMOS COCA COLA EN LUCHA, editado por la Oveja Roja. Se escribió colectivamente a partir de los encuentros con trabajadores y trabajadoras de la fábrica de Coca Cola de Fuenlabrada, clausurada por la multinacional americana a pesar de ser una de las más productivas y rentables de Europa. El conflicto posterior entre una parte de la plantilla y la empresa, ejemplificó la lucha de un sector de la clase trabajadora, atravesada aun por la experiencia de la organización sindical, contra un modelo empresarial que busca maximizar beneficios a toda costa.

Los testimonios literales, fragmentados y ordenados para formar una estructura narrativa, van tejiendo un relato que se desarrolla a un nivel íntimo y a la vez colectivo. Una serie de entrevistas al comité sindical separan por capítulos y aportan un punto más de reflexión sobre los acontecimientos concretos. El libro termina con un pequeño ensayo que pone en relación todo lo contado por los protagonistas con la encarnación de la antagonista en la persona de Sol Durella, presidenta de Coca Cola European Partners. Un juego dialéctico que catapulta el discurso hacia una dimensión histórica y política de profundo calado.

Dice el poeta Enrique Falcón que un texto literario debe operar en una triple dimensión: una dimensión estilística, una dimensión personal y una dimensión histórica. No hay duda de que SOMOS COCA COLA EN LUCHA, como toda buena novela, aunque sea de no ficción, aunque sea un ensayo o una autobiografía colectiva, como reza el subtítulo, cumple con ese requisito. Narración, emoción y revelación constituyen una cadena de sentido que nos arrastra hacia una experiencia de lectura esclarecedora e inspiradora. Hay pocos libros que muestren de forma más lucida la lucha de clases, el cómo, el porqué de la lucha de clases, en un estilo directo y conciso, natural y emotivo a la vez.

¿Tiene entonces alguna utilidad desde la perspectiva planteada al principio? La tiene, sin duda, para quienes la buscamos. Igual que cualquier otra novela. La diferencia es que, como tal vez otras grandes novelas, SOMOS COCA COLA EN LUCHA responde además a una de las preguntas fundamentales que nos planteamos en el momento presente: ¿para qué sirve una novela?

Somos Coca Cola en lucha
Una autobiografía colectiva

Editorial La Oveja Roja
2016
336 páginas
17 euros