Poder Popular La Universidad de verano de Anticapitalistas se ha detenido en su segunda jornada a reflexionar sobre la necesidad de un nuevo modelo energético. Desde la organización lo consideran uno de los grandes retos para el ecologismo junto con el cambio climático. Han participado Luis González Reyes, de Ecologistas en Acción, Paca Blanco, activista antinuclear, de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y Anticapitalistas, y Alba del Campo, Mesa Transición Energética de Cádiz y realizadora del documental Oligopoly Off, en un foro titulado el “Reto ecosocial del sector energético”.

Desde Anticapitalistas han señalado que la situación ecosocial es mucho más complicada que décadas atrás porque los datos científicos ya no permiten pensar “en términos de control o moderación” sino en términos de mitigación con “aumentos importantes de la temperatura”. Luis González ha defendido que “las principales fuentes energéticas están dejando de ser lo que habían sido hasta ahora” porque algunas ya han superado su pico máximo de extracción o otras están cerca de hacerlo: petroleo convencional (2005), petroleo (2015), gas (2020), carbón (2030) o el uranio (2025). Esta situación provoca que cada vez sea posible extraer “menos cantidad, de peor calidad y más difícil de extraer” por lo tanto la diferencia entre lo que cuesta conseguir y transformar las fuentes de energía y la energía que generan se estrecha.

González ha situado esta cuestión dentro de una crisis civilizatoria, posiblemente “una crisis terminal de las sociedades industriales”, dónde la energía juega un papel central junto a otros factores como la crisis de los cuidados y en general “dificultades para sostener los procesos necesarios para la vida”. También considera que “nos haríamos un flaco favor pensando que no va a cambiar nada más al cambiar las fuentes de energía” porque “un mundo 100% renovables no va ser igual” al generar estas fuentes menos energía disponible e incluso actualmente las renovables dependen en parte del consumo de energía fósiles. Tambié ha descartado alternativas como los agrocombustibles o hidrocarburos no convencionales porque “tienen una rentabilidad muy baja” al tener que hacer el ser humano el trabajo que “en el petroleo o el gas hizo la naturaleza”. La misma situación le atribuye al fracking por la dificultad de los procesos de extracción que hace que las petroleras no inviertan por las bajas rentabilidades económicas. Por últimos descarto “el milagro prometido de la fusión nuclear”.

En consecuencia, el escenario será sí o sí de menos energía disponible y para González será una fuente de crisis porque “no hay crecimiento económico sin aumento del consumo energético”. Entonces el ecologista ha considerado que es posible que “otros sistemas económicos” que ahora mismo juegan un rol periférico (por ejemplo, la economía comunitaria pero también formas feudales) pueden tener un papel más importante. Además ha argumentado que una energía disponible menor disminuye las capacidades de dominación porque “no se van a poder sostener niveles de consumo y entretenimiento nunca vistos”, “va a ser una sociedad más local y potencialmente más fácil de gestionar democráticamente” y se va a dificultar el control de la información sobre la vida de las personas.

¿Qué transición energética?

Alba del Campo ha coincidido con González en las posibilidades que abre la transición energética que considera “ya ha empezado”. Ha planteado la soberanía energética y el derecho a la energía como ejes de construcción de alternativas para que no cambien simplemente los combustibles fósiles por los renovables, sino que cambien las relaciones de poder en la energía. Sin embargo, ha advertido que las grandes empresas van a tratar de “exprimir hasta el último euro de la última gota de petroleo” y presionar por una transición energética que deje intactos sus privilegios. En este sentido, la periodista ha advertido sobre el proyecto de ley de transición energética del Partido Popular para el que ha formado una comisión de 14 expertos (todos hombres) con presencia de Iberdrola, la patronal del carbón o los responsables del proyecto Castor.

Como herramientas de las clases populares para una transición favorable a sus intereses ha mencionado el autoconsumo compartido, las cooperativas energéticas y las operadoras energéticas municipales. Del Campo ha argumentado la necesidad de incorporar la mirada de la economía feminista sobre la interdependencia y poner la vida en el centro y una gobernanza distribuida en el nuevo modelo energético a construir. Ha explicado algunas de las medidas en las que se está trabajando desde el Ayuntamiento de Cádiz a través de la constitución de mesas participativas abiertas al tejido social de la ciudad. Ha destacado el bono social aprobado por la operadora público-privada Eléctrica de Cádiz que puede ayudar a 2000 familias de la ciudad andaluza, es fruto de un largo proceso participativo y fue bloqueado al principio por el Partido Popular y Endesa. También ha remarcado la importancia de los talleres de “alfabetización energética popular” centrados en ayudar a la población a ahorrar dinero y energía y en cambiar la cultura energética. Por último, ha destacado que desde hace unos meses Eléctrica de Cádiz comercializa sólo con renovables y ha apuntado a la producción de renovables como siguiente paso.

“La nuclear no es una solución a nada”

La extremeña Paca Blanco se ha centrado en un reto crucial y de actualidad: el cierre de las centrales nucleares, ya que como ha explicado “estamos a punto de llegar al final de sus permisos de explotación” y “del final de la vida de las centrales”. Blanco considera una victoria el cierre definitivo de Garoña pero considera que ha sido un chantaje para dividir al movimiento. La activista cree que Garoña no iba a reabrir porque no es rentable y que la amenaza de reapertura fue un recurso para enfrentar al movimiento antinuclear que contaba con el apoyo del Gobierno de Portugal para cerrar Almaraz I, cuyo permiso de explotación ha expirado el pasado 10 de junio.

Blanco ha defendido que “podríamos prescindir de las centrales nucleares mañana mismo” y que el “Consejo de Seguridad Nuclear apoya a las eléctricas completamente”. Además, ha advertido de que si se amplia la vida útil de las centrales y algún incidente obliga a que cierren antes del final de las licencias tendríamos que pagar a las eléctricas hasta el final de estas. La activista antinuclear ha ejemplificado el tipo de relaciones de poder que genera esta energía con el caso de Almaraz dónde hasta 58 alcaldes de los 12 pueblos de alrededor han sido empleados de la central. Blanco ha criticado que Almaraz ha repartido dinero a expuertas que se ha despilfarrado en lugar de generar alternativas de empleo y que el caciquismo llega a caso como el del Alcalde de Majades que es a la vez portavoz de la central nuclear y controla la mayoría de puestos de empleo disponible en su vila.

La militante anticapitalista ha expuesto la hipocresía de defender el mantenimiento de las nucleares por los puestos de trabajo (entre 500 y 600) pero no preocuparse del resto de trabajadores en desempleo como los 7000 despedidos del tabaco. También ha planteado que el problema de los residuos nucleares no se está abordando y no está para nada garantizado el tratamiento adecuado durante cientos de miles de años. Blanco ha defendido constitucionalizar el apagón nuclear y que el cierre de todas las centrales de aquí a 2024 “sería la solución real a los problemas”.