Activistas feministas debatieron sobre las tareas fundamentales del nuevo ciclo y la relación con las instituciones en la VIII Universidad de Verano de Anticapitalistas

Poder Popular Que el movimiento feminista está viviendo un momento de auge y llegando a espacios públicos donde antes era marginal es algo que pocas personas ponen en cuestión. Las activistas Justa Montero, Vicky López, Ángela Rodriguez Pam y Laia Facet, que participaron en el foro Retos del feminismo para la transformación social, se mostraron cautas a la hora de calificar esta etapa como una nueva ola del feminismo. Si bien, todas estuvieron de acuerdo en caracterizarla como un nuevo ciclo, en “estado embrionario”, que se nutre de las victorias del movimiento feminista anteriores, pero que muestra especificidades propias. Entre ellas, una composición con mujeres muy jóvenes, su carácter transfronterizo y su capacidad para conseguir que las mujeres lleven su lucha a áreas más allá de las propias del feminismo: luchas sindicales o por la vivienda, entre otras.

Los hitos que ha conquistado el feminismo en los últimos años, tanto en el Estado español como a nivel internacional, dan cuenta de la capacidad de convocatoria de este movimiento y su tenacidad para mantenerse en el tiempo. En el Estado, el inicio del “nuevo” ciclo feminista puede ubicarse en las movilizaciones contra la llamada Ley Gallardón, que forzaron la dimisión del ministro, y su consolidación, en las protestas consiguientes: las del 7N contra las violencias machistas y los sucesivos 8 de Marzo. Afuera, destacan las luchas que están llevando a cabo las feministas latinoamericanas por la defensa de la tierra, la movilización de la Women’s March estadounidense o la convocatoria de huelga de mujeres convocada en el último Día Internacional de las Mujeres.

El hecho de que el feminismo esté viviendo un momento de hegemonía cultural, según señalaron las activistas que formaban la mesa, también tiene su reverso, y da lugar a que emerja un tipo de feminismo que se ha denominado como liberal, o “feminismo del techo de cristal”, que basa sus

reivindicaciones en la mejora de las condiciones laborales de algunas mujeres y que sitúa el marco de lucha en el plano individual. A diferencia con el feminismo de mayorías, este no se cuestiona la estructura de poder, capitalista y patriarcal, que cimienta las violencias machistas, sino que propone un feminismo moderado y adaptacionista con el sistema. Las consecuencias del auge de este “feminismo” (entre muchas comillas, apuntó Vicky López), son visibles; no obstante, las activistas abogaron por aprovechar las oportunidades que abre a la hora de incorporar a la lucha a sectores no politizados.

El feminismo se consolida como respuesta al machismo, un machismo, que en opinión de las participantes, no es peor que el anterior, sino que adquiere nuevas formas, a veces más sutiles, que es necesario identificar y combatir. “Es injusto decir que la generación más joven es la más machista, cuando hubo un momento en que las mujeres no podían tener una cuenta bancaria”, señaló Ángela Rodríguez Pam. Sin embargo, las redes sociales permiten que el machismo se exprese de manera más abierta, debido, en parte, a la ocultación de la identidad, y también a las formas de control más sofisticadas a que da lugar. Asimismo, el reciente fortalecimiento del machismo puede explicarse como una reacción al empoderamiento de las miles de mujeres que se están politizando, reacción también a la mayor presencia de mujeres en los espacios públicos, como la política por ejemplo, y por último, tiene que ver con unas necesidades propias del capitalismo, que, en un momento de crisis como el actual, se sirve de las lógicas patriarcales y las potencia.

La mesa celebrada ayer centró parte de la atención en las tareas urgentes que las feministas deben abordar en este ciclo. La llegada de personas provenientes de los movimientos a las instituciones es una de las características principales de este periodo, que exige que se debata desde la base las relaciones que se mantienen con la política parlamentaria. El acuerdo entre las intervenciones pasó por servirse del impulso que puede dar a la lucha feminista estar en los espacios de poder; sin embargo, se hizo hincapié en la necesidad de mantener una relación de tensión entre el movimiento y lo institucional. En este sentido, Laia Facet, militante de Anticapitalistas, abogó por crear instituciones populares, desde los movimientos, que den salida a los problemas de las mujeres que lo institucional no puede abordar, porque “al régimen no le vamos a ganar en su propio terreno, con sus normas e intereses”, dijo. En este sentido, se refirió al pacto de Estado contra las violencias machistas y expuso el riesgo que había de cerrar por arriba y en falso las demandas feministas, como ocurrió en los pactos de la Transición.

Por su parte, Justa Montero, señaló la importancia de recuperar la memoria histórica de aquellas feministas que nos precedieron, que lucharon y resistieron en la Guerra Civil y durante los años del franquismo. Y Rodríguez Pam identificó como uno de los escollos principales del nuevo ciclo feminista trascender la conquista de derechos civiles, que ha permitido cosechar muchas victorias, y conseguir que la lucha feminista sea consustancial a la lucha política y económica.