La Comunidad Transformadora contra las instituciones y políticas de mercado

Juan Alcántara |  Decía David Harvey que “el capitalismo actúa como una máquina de disgregación”. De la misma manera, es fácil equiparar al Capitalismo con una maquina que excluye del sistema a los “no rentables” pero si “explotables”. Una masa precarizada que acepta cualquier condición laboral, por regresiva que fuese, para poder mantener un ritmo de vida también marcado por una visión consumidora y capitalista. El ritmo de vida, la geografía de lo periférico y excluido, el fomento de la individualidad frente a la colectividad… todo está marcado por el Mercado y por élites capitalistas, disfrazadas en muchos casos.

Es el ejemplo de cesión de espacios para la construcción de viviendas en Córdoba, frente al acondicionamiento de lugares céntricos en desuso o en claro abandono premeditado. La creación de espacios ciudadanos como estancias vitales seria una medida contra el sistema especulativo de la creciente burbuja turística que percibimos estos últimos años.

En cambio, se apuesta por políticas de construcción de edificios “sociales” y cesiones de terrenos en espacios periurbanos como estrategia para crear barrios dormitorios y dormidos. Se desatiende al ordenarlos urbanamente la creación de lugares de socialización y servicios esenciales colectivos. No se dota de asociación vecinal, ni se promueve su implantación al hablar de expandir la ciudad.

Estamos viviendo un modelo de ciudad en el que las personas habitan espacios diseñados por y para el mercado. Este modelo fomenta la creación de burbujas, no solo inmobiliarias, sino burbujas de precariedad laboral, abandono de la colectividad y fomento de la disgregación y exclusión. Precisamente, cuando la mayor potencialidad de un gobierno o gestionador de lo público debería ser que los barrios y distritos se conviertan en comunidades reales. Cuando en los programas se habla de Democracia Directa y autogestión civil, diseñamos programas a la medida del mercado y del capitalismo que más excluye, de nuevo: el capitalismo de ladrillo y del suburbio.

¿Dónde quedan las distintas formas de gestión? ¿Dónde quedan las instituciones que huyen de la verticalidad? Tenemos instituciones que se defienden del imparable proceso desde las comunidades más activas (Consejo Distrito Sureste, AVV Palmeras,…) con decisiones democráticas y que pretenden transformar y no paliar problemas y deficiencias. ¿Se defienden nuestras instituciones del legitimo proceso de expropiación de lo público por estas comunidades?

Otro ejemplo claro es cuando este año los vecinos de distrito Sureste de nuestra ciudad afirman que el Ayuntamiento no les ha garantizado los fondos suficientes para desarrollar una Velá participativa como las de las dos pasadas ediciones. Se trata de una estrategia clara de freno a la colectividad, de imponer la institucionalidad frente a la comunidad.

¿Qué piensan hacer nuestras instituciones frente a la evolución de la oferta turística que ha crecido en número de inmuebles disponibles y ha pasado de 71 a casi 300 alojamientos en los últimos 10 años? Construir nuevas viviendas es impulsar propuestas capitalistas frente a propuestas de crear comunidades. ¿Es el modelo de ciudad que deseamos o es poner las decisiones de nuestra ciudad en las manos negras del mercado capitalista?