Patri Amaya | Sentirnos invisibles, humilladas, estigmatizadas, golpeadas, borradas de la historia… son algunas de las experiencias que compartimos quienes estamos atravesadas por distintas opresiones y discriminaciones, por nuestra “raza”, nuestro género, nuestra clase social, nuestra identidad u orientación sexual. Sobre estas intersecciones hemos reflexionado en el ciclo de feminismo de la Universidad de Verano de Anticapitalistas.

Empezamos cuestionando nuestro feminismo, occidental, haciendo autocrítica de cómo desde el feminismo invisibilizamos a aquellas mujeres que llamamos “las otras”: las negras, las gitanas, las musulmanas… Ángeles Ramírez nos hizo reflexionar sobre el feminismo como un movimiento plural, en el que tenemos que esforzarnos por comprender esos otros feminismos desde su propia mirada y no desde la nuestra. La necesidad de rechazar de pleno la idea de que hay culturas incompatibles con el feminismo. La incompatibilidad la encontramos entre la desigualdad y la justicia social, con la posición que la mujer ocupa en la sociedad, tiene que ver con ideologías políticas que atraviesan cada cultura, cada “raza”, cada religión, cada comunidad. Los distintos contextos políticos, sociales, culturales, económicos… influyen en cómo nos construimos como mujeres, como sujetos políticos activos, con voz propia. Por ejemplo, la lucha por los derechos jurídicos en Marruecos, por la tierra en América latina o el islam como base politica del feminismo. La necesidad de romper con esa imposición de nuestros marcos (no todas las luchas de mujeres por su emancipación tienen que autoreferenciarse en el feminismo) y con la tendencia a homogeneizar las culturas que no conocemos. De evitar simplificar cuestiones complejas y abordarlas en profundidad y con rigor (por ejemplo el pañuelo en las mujeres musulmanas, sin convertirlo en fetiche). También cómo muchas veces se prima la visibilidad de las identidades y no se atiende a la redistribución del poder. Son cuestiones que se plantearon y sobre las que reflexionamos durante la primera sesión del ciclo.

La Universidad de Verano es un espacio donde poder pararnos y pensar juntas más allá de las tareas inmediatas. Un espacio ara reflexionar sobre qué feminismo vamos construyendo y qué alianzas tejemos para convertir nuestra diversidad en fortaleza. Con esa idea, el segundo ciclo trató sobre el diálogo entre el movimiento feminista y el movimiento LGTBIQ. Raquel empezó aclarando algunos conceptos básicos y explicando cómo a pesar de tener en común el patriarcado como sistema de opresión (y la heterocisnormatividad como herramienta de ese sistema para mantenerse y reproducirse), tenemos también desencuentros. Durante esas dos horas reflexionamos sobre lo común y lo diferente entre el colectivo LGTBI y el movimiento feminista. Empezamos por cómo ambos movimientos se han constituido, cómo ambos sujetos políticos se han ido conformando… Cómo la historia del feminismo como movimiento político tiene más recorrido y aún hoy hay sujetos del colectivo LGTBIQ que aún están en proceso de construcción. Mientras las mujeres y los colectivos LGTBIQ más visibles (homosexuales), hemos conquistado algunos derechos fundamentales, otros colectivos LGTBIQ aún tienen que conquistar el derecho a existir ya que su propia existencia pone en cuestión el binarismo de género (hombre-mujer).

Beatriz Gimeno nos planteó cómo las lesbianas y las mujeres trans pusieron en cuestión, y siguen haciéndolo, el feminismo, al abrir cuestiones como la heterosexualidad obligatoria, la transfobia en el movimiento feminista… También pudimos reflexionar la relación con los hombres gays, excluidos de los privilegios masculinos cuando están fuera de la masculinidad hegemónica pero que adquieren mayor protagonismo que otros colectivos LGTBIQ por ser hombres. Por “romperse” esa masculinidad hegemónica con otros modelos de hombres (que sí poseen privilegios). Beatriz retomó la trayectoria histórica de ambos movimientos: cómo ambos beben de la misma fuente y la importancia de los debates de los años 70 sobre el sujeto, sobre la construcción del género… Profundizamos en cómo, sin duda alguna, son las identidades trans las que poseen el elemento más transgresor a la norma patriarcal, al poner patas arriba todas sus reglas, y también cómo entendemos el género y el propio feminismo.

En el debate: la necesidad de incluir a los hombres trans en el derecho al aborto, el derecho sobre nuestro cuerpo frente a la patologización y esterilizaciones forzosas de personas trans y la mutilación de las personas intersex, y también la necesidad de no despolitizar la sexualidad porque sólo así podemos enfrentarnos, juntas, al sistema.

En la última sesión, reflexionamos sobre la clase social y la necesidad de diálogo entre el feminismo y el marxismo. A veces tratamos tanto el género como una construcción social y cultural, que perdemos de vista cómo esa construcción responde a una estructura económica y política: la división sexual e internacional del trabajo, la acumulación por desposesión, la crisis de los cuidados, la familia como institución central… Son herramientas teóricas que nos permiten entender cómo en lo cotidiano se reproducen todas esas desigualdades y violencias, cómo el patriarcado y el capitalismo se retroalimentan para mantenerse. Estuvimos viendo ejemplos: el repunte de violencias machistas o los efectos de la crisis en las mujeres.

Lorena Garrón se centró en comprender el género y la clase como categorías que no han de subordinarse la una a la otra, que se entrelazan. Apuntó la necesidad de visibilizar la multitud de identidades y realidades sin perder la unidad. Enfatizó la lucha colectiva desde la diversidad y la lucha política como algo político/colectivo y no individual. De la misma forma defendió la importancia de cuidar los espacios de la izquierda y hacer compatible la vida y la militancia. Para concluir hizo un alegato por la urgencia de construir resistencias como en la huelga del 8 de Marzo.