Les Corts Constituets no resoldran, no poden resoldre el problema. La revolució democràtica està per fer. Andreu Nin 1932

Manel Barriere | Da la sensación que el procés catalán ha llegado a un punto de inflexión con la convocatoria del referéndum de autodeterminación y la inmediata respuesta del gobierno de España, quien parece dispuesto a jugar la carta de la represión hasta el final. A partir de ahora se abre un camino incierto. No sabemos qué va a pasar el 1 de octubre, mucho menos qué va a pasar el 2 de octubre, y hasta resulta difícil saber qué está pasando exactamente ahora mismo. El análisis más objetivo del periodista más riguroso se sitúa, inevitablemente, en uno de los campos en liza.

Posiblemente eso se dé porque en una sociedad politizada y polarizada la propia ciudadanía, polarizada y politizada, es incapaz de leer sin filtrar lo que lee según su propia tendencia o pensamiento. Una situación que genera crispación, pero que a su vez, es una señal clara de que nos acercamos a un momento histórico donde hay mucho en juego. Decía una refugiada republicana, en un documental que vi hace ya tiempo, que estaba harta de momentos históricos porque los habíamos perdido todos. Todo es posible a partir de ahora.

Una de las críticas más certeras que se pueden hacer a lo que comenzó siendo un movimiento popular de masas que exigía, y exige, una revolución democrática a un régimen demofóbico gobernado por uno de los partidos más corruptos de Europa, es el de la institucionalización. El que debe ser el segundo partido más corrupto de Europa, representante tradicional de la burguesía catalana, aprovechó la ocasión para subirse al carro y salvarse de una debacle segura. Este es uno de los motivos que han llevado a buena parte de la izquierda española, y a una parte de la izquierda catalana, a oponerse en menor o mayor medida al referéndum desobediente de octubre.

La cuestión, más allá de discutir si esos sectores de la izquierda tienen razón o no, es atender a qué puede ocurrir y a qué va a ocurrir a partir de ahora. Porque el punto de inflexión al que aludía al principio, es una encrucijada en la que la fuerza de la calle y del movimiento de masas deberá acompañar e impulsar a unas instituciones que han llegado a un punto de no retorno, cuya función es ahora resistir los embates de la represión y garantizar la organización del referéndum.

No hay duda de que una de las causas del auge del independentismo en Catalunya ha sido la crisis, sus consecuencias, pero también quien la ha provocado, quien se ha beneficiado, que políticas se han aplicado para, supuestamente, combatirla. Mucha gente ve la Republica Catalana como una ruptura con todo ese lastre, a pesar de la contradicción de tener al timón del procés al partido que ha representado esos mismos sectores sociales y ha aplicado esas mismas políticas en Catalunya sin temblores de mano.

Es en esta contradicción, y no en el Parlament, donde reside el potencial de ruptura del procés. Porque el referéndum es desobediente, pero no es una ruptura en sí mismo. Tampoco proclamar la República Catalana desde el balcón de la Generalitat el día 2 va a suponer nada parecido. Solo con la movilización popular se puede encender la mecha de la revolución democrática de la que ya hablaba Andreu Nin en 1932, una revolución que no ceda su terreno sino que lleve la democracia desde abajo, la democracia de la calle, a las instituciones.

¿Y en el resto de España? El cierre de filas de los partidos del régimen entorno a la estrategia represiva del gobierno podría ser la puntilla definitiva a lo que se ha venido llamando el ciclo 15M. No solo en Catalunya se ha institucionalizado un movimiento popular. Unidos Podemos se encuentra enrocado en un tablero electoral en el que no salen los números si no es aupando al PSOE, de ahí sus ambigüedades con el referéndum. El PSOE, acusado por la derecha de podemizarse, da un paso al frente y se alinea con PP y Cs para salvaguardar la unidad de la patria. Los tres partidos en un frente común, pero un frente en el que el PP y lo que representa llevan la voz cantante. Como debe ser. No por nada dijo Franco antes de morir que lo había dejado todo atado y bien atado. Ese es el nudo que mantiene unidos a los tres partidos del régimen, el nudo de una monarquía constitucional heredera del franquismo. Desatarlo debería ser el objetivo primordial de toda la izquierda, en Catalunya y en cualquier territorio del estado.