Alexandre Guérin | 400.000 personas, según el sindicato CGT, han recorrido casi 200 puntos del territorio francés donde fueron convocadas manifestaciones unitarias . Un nivel de participación que corresponde al promedio que conocimos durante el movimiento de la primavera 2016 contra la reforma laboral del gobierno de Manuel Valls. 4.000 llamadas a hacer huelga fueron depositadas, sobre todo en el sector privado que se ve afectado por la contra-reforma del código del trabajo. Muchas de las manifestantes se sorprendieron por el numero de personas que participaron en las manifestaciones; y se podía sentir un orgullo de estar de nuevo en las calles, reencontrándose después de una batalla perdida contra la reforma laboral del año pasado. Cada manifestación se desarrolló sin problemas de represión, salvo en Lyon, donde la policía ha encerrado un centenar de manifestantes que fueron finalmente liberadas bajo la presión del resto de los participantes.

Un frente sindical divido

El grueso de las movilizaciones fue compuesto por militantes del sindicato CGT, que anunció la fecha del 12 desde el principio del verano. Esto permitió, donde existen fuerzas sindicales activas, preparar en cada lugar de trabajo esta jornada. Solidaires llamó también a movilizarse desde que fue anunciada la reforma laboral. La Federación sindical unitaria (FSU) del sector publico, sobre todo en el profesorado, sostuvo este día, pero dejando cada territorio y cada uno de sus sindicatos definir los modos de participación. Entonces, en muchas regiones, este sindicato no llamó a la huelga.

Este arco sindical fue reforzado por las organizaciones estudiantiles que llamaron los jóvenes a manifestarse. Y también se hizo un llamado feminista contra la reforma laboral que subraya los efectos nocivos sobre las mujeres y su precarización, y con un cortejo propio en la manifestación en París.

Pero, al contrario del 2016, Jean-Claude Mailly, el secretario del sindicato Fuerza obrera (Force ouvrière) no llamó a la movilización, considerando que los acuerdos por rama habían sido protegidos en el proyecto de reforma neoliberal. Sin embargo, más de la mitad de sus secciones territoriales y sectores importantes, como las de los transportes y energía, participaron de esta jornada, mientras la comisión ejecutiva del sindicato desaprobó las declaraciones de Mailly.
Sectores muy marginales de los sindicatos CFE-CGC y CFDT (que no participaron al movimiento del 2016) marcharon también en algunas ciudades.

El Frente social, que ha agrupado sectores sindicales «radicales» de la CGT o de Solidaires y varios colectivos, participó en la marcha. Su realidad varia según las ciudades: reagrupamiento combativo con el riesgo de desligarse del movimiento sindical global, espacios de convergencia que representan realmente un frente unitario asociando colectivos de apoyo a migrantes, contra el estado de emergencia o ecologistas, secciones sindicales y organizaciones políticas o espacios creados por activistas que habían construido y participado en Nuit debout; y muchas veces, estos diferentes elementos a la vez.

El nivel de descontento crece

El éxito de esta primera jornada de movilización se desarrolló en un contexto en qué Macron ha multiplicado, al nivel simbólico y material, sus provocaciones. Pocos días antes del 12 de septiembre, Macron llamó “flojos, cínicos y extremos” los que rechazaban su reforma laboral y su política de austeridad. Además de la reforma laboral, ha anunciado la baja de 5€ de las ayudas personalizadas a la vivienda (que perciben mayoritariamente jóvenes y precari@s), 150.000 contratos ayudados suprimidos (contratos precarios rechazables, claro, pero que permiten al sector asociativo y a los servicios públicos de funcionar en un contexto de austeridad), anuncios de reformas sobre las pensiones, el sistema de protección social, el sistema de seguro en caso de paro, y también se dibujan ataques contra el régimen de l@s funcionari@s y del sector publico.

Interrogantes para ampliar la movilización y la construcción unitaria de huelgas

El 12 de septiembre como primer día de lucha positivo puede dar más confianza en el sector público para combatir ya el gobierno sin esperar que se concreten los ataques por venir, mover los sindicatos que aún dudan en entrar en la movilización, agitar la juventud en formación a empezar, a su vuelta de clases, en la lucha. Son retos que pueden cambiar el clima de la protesta social y sindical durante el mes de septiembre. Podrían cambiar el nivel de la movilización, ya que, con un frente sindical restringido, el 12 de septiembre estuvo a la altura del movimiento del año pasado. Y la CGT ya anuncio una nueva fecha de movilización para el 21 de septiembre.

El otro reto, que había faltado en el 2016, es construir de manera unitaria movimientos de huelgas, no solamente en sectores estratégicos (ferroviarios, petroleros, etc.), por delegación, como vivimos desde 1995. Las federaciones FO y CGT de los transportes ya han anunciado una huelga reconductible a partir del 25 de septiembre. De la misma manera, los trabajadores ferroviarios han descubierto que su estatuto especial sería aún más afectado, degradando sus conquistas sociales como la edad de jubilación más favorable. Pero, esta reforma llegaría en el 2018. Un desafío sería la entrada de este sector en la construcción de la correlación de fuerzas, en vez de luchar por separado después de la derrota que podríamos vivir en la lucha contra esta reforma laboral.

De nuevo el 21, ¿y también el 23?

Después del 21 de septiembre, próxima fecha propuesta por la CGT, llegara la del 23 propuesta por Jean-Luc Mélenchon, líder de France insoumise, el movimiento político que casi llegó al 20% de sufragios en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. La estrategia de esta jornada, un sábado, es hacer desfilar «el pueblo» en París contra el «golpe de Estado social» de Macron, dos días después que la reforma laboral fuera presentada al Consejo de ministros. France insoumise concibe de manera separada las fechas de movilización sindical, concebidas para las trabajador@s, y su fecha para el «pueblo». Pero, tomando en cuenta la influencia política de este movimiento y las reales dificultades de hacer huelga para las capas juveniles, precarizadas o atomizadas de la sociedad, el 23 de septiembre puede ser un día con mucha participación, incluso más masivo que los 12 y 21 de septiembre,consolidando así la apuesta estratégica de France insoumise de ser una fuerza política hegemonica y un movimiento social en sí, sobrepasando la pluralidad de movimientos que existen en Francia. La cuestión planteada es como hacer del 23 de septiembre un día que construye una misma movilización, articulada a los 12 y 21, abrir el espacio social, sindical y político de esta marcha y que las fuerzas políticas, sindicales y asociativas se junten para definir un plan de batalla común. Es lo que ha propuesto el colectivo «Para nuestros derechos sociales», compuesto de organizaciones de izquierda y del movimiento social, que hizo un mitin en París el 9 de septiembre. Fueron pocos asistentes, pero el colectivo traza una forma unitaria y amplia de construir las movilizaciones contra el gobierno.