Paqui Atienza | Sí, el pasado sábado 9 de septiembre, las mujeres volvimos a las calles, en más de 30 ciudades. Participamos de manifestaciones o concentraciones. En respuesta a la violencia judicial sufrida por Juana Rivas y sus hij@s.

Desde Asturias hasta Algeciras, pasando por Irún, Iruña, Ourense, Teruel, Elche, Palma de Mallorca, Madrid, Burgos, Sevilla, Córdoba, Granada, Huelva, Cádiz, y muchas más, gritamos alto y claro que, “un maltratador no es un buen padre”, que “quien maltrata, no educa”, que “el maltratador te mata y en el juzgado te rematan”. Movilizaciones más o menos concurridas según territorios, pero hiendo de cientos de mujeres hasta 2500 como en Sevilla.

“De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste”. Sí y seguiremos, porque si algo tiene el patriarcado es esa alianza con el capital. Que hace semiesclavos también a los hombres, pero les da derechos: el derecho a ser dueño y señor de su mujer y su descendencia. Vemos como se le ha dado una legitimidad mayor al ex-marido de Juana, que la situación de maltrato que esta estaba viviendo y que denunció. Sin embargo, gracias al movimiento feminista, muchas mujeres abrieron los ojos y se han resistido a creer que quien ama pueda maltratar, humillar e incluso matar. Muchas hemos salido del ciclo de la violencia.

Pero llegó el síndrome de alienación parental (SAP). Un síndrome que no ha sido reconocido por los y las expertas, pero que es utilizado por el sistema contra las mujeres que sufren violencia machista y sus hij@s. Además, la crisis hace que muchas mujeres se queden sin trabajo remunerado y que las que lo mantienen están en el sector tradicionalmente relacionado con las funciones que este sistema otorga a las mujeres, los cuidados, poco reconocidos y peor pagado. Así, llevamos años con jueces y fiscales nada concienciados que dudan de la víctima y de la violencia machista, pero no dudan del SAP. Someten a madres y su descendencia a tener que seguir tratando al maltratador. En el caso de la infancia hemos visto cómo son obligados a irse con el padre maltratador por la fuerza, a través de los servicios de orden, policía y guardia civil.

Da igual que sea maltratador, abusador o incluso asesino. Un 15% de los padres que han asesinado a sus mujeres o lo han intentado, siguen en posesión de la patria potestad y sus hijos e hijas obligadas a verle. Quieran o no.

La infancia está siendo la víctima más vulnerable, como siempre. La justicia pone por delante los derechos del padre al derecho de la infancia a vivir sin miedo y a ser protegida de quien pueda hacerle daño físico, psíquico o incluso matarla. Ya han muerto este año 6 menores a manos de su padre, en el tiempo de su custodia.

El caso de Juana marca un pulso duro con los poderes. Indirectamente se les está diciendo a las mujeres que no hagan nada: que aguanten al maltratador o perderán a sus hijos o hijas. Se ha obligado a Juana a entregar sus hijos a un maltratador a la fuerza, pues el mayor se resistió todo lo que pudo a ser apartado de su madre. Tal como se los entregaron, se los llevó a Italia.

Eso sí fue un secuestro. El día después estaba citado con el menor para que este pudiera declarar ante la juez y ya no estaba ni en España. Tenía que permitir el contacto con su madre y aún Juana no ha podido hablar con ellos. “Los medios lo apoyan, los niños mientras lloran”. Eso está pasando y seguiremos pendientes de este caso para que esos niños puedan volver con su madre y vivir por fin sin violencia y en paz.

Juana no secuestró. Juana ejerció un derecho que aún no pueden ejercer las madres que sufren esta injusticia machista: el derecho a proteger a su descendencia de la violencia. Esta justicia patriarcal que no reconoce la matria potestad, ni la contempla, va a tener enfrente no solo a Juana, sino a un movimiento feminista vivo. Un movimiento convencido de que si Juana desobedeció fue porque quiso proteger. Algo que esperaba de la justicia, que decidió hacer lo contrario.

Las víctimas de violencia si no encuentran amparo para sus menores en la justicia, tendrán que desobedecer. No dejan otra salida: “Ley indecente, mujer desobediente”. Necesitamos menos minutos de silencio y más jueces y fiscales formados en el problema de la violencia machista que sufren las mujeres y la infancia, más educación feminista para prevenir y unos medios que no se alineen con maltratadores.

Tenemos muy claro que alguien que se suicida matando inocentes es un terrorista. Pues el machista que se suicida tras asesinar a su mujer y/o su descendencia también lo es. Además ese machista antes de llegar ahí, torturó, maltrató, violó a sus víctimas inocentes. Que los medios no hagan que parezcan más víctimas que sus víctimas. El sistema los crea. Monstruos machistas capaces de agredir y matar. Es, por tanto, el sistema el que ha de poner los medios para revertir este estado de cosas y acabar por fin con los asesinatos de todas las víctimas del machismo: mujeres, gente del colectivo LGTBI+, infancia.

En menos de dos semanas alrededor de 30 colectivos feministas hemos conseguido que miles de mujeres en todo el estado salgan a las calles para pedir justicia para Juana. Seguiremos para conseguir justicia para todas las juanas y su descendencia.