Miguel de la Torre | Cuando hablamos de IKEA en todas nuestras cabezas aparece la imagen de mueble modernos y baratos (eso sí, que terminarás montando tú en casa llave allen en mano). Es como el paraíso del sell service de los muebles. Hoy en día todos tenemos muebles de IKEA en casa y cada temporada el ansiado catálogo llega para deleitarnos con las bajadas de precio y los nuevos artículos con los que decorar nuestro hogar. Ya será ansiado cuando se convierte en el centro de las campañas publicitarias de la propia multinacional e incluso sirve de inspiración para la maquetación de programas electorales.

Pero ¿qué hay detrás de la empresa que ha revolucionado el mundo de los muebles? ¿Qué hay detrás de toda esa de capa campañas de marketing y catálogos? ¿Qué pasa si nos preguntamos quién hay detrás de cada mueble de IKEA?

IKEA es un claro ejemplo de empresa-tipo capitalista. Basa su estructura en un sistema piramidal en cuya base se ubican un montón de empresas filiales que facturan a la empresa matriz. Las empresas filiales generan pocos beneficios, por lo tanto pagan pocos impuestos. Esto sucede porque la mayor parte de estos beneficios se generan en la empresa matriz ubicada en un país con unos beneficios fiscales muy altos. Además, cada tienda en sí tiene una red de empresas subcontratadas que desarrollan la mayor parte de los servicios que IKEA ofrece. En el ejemplo de IKEA Sevilla hay más de 10 empresas subcontratadas para una sola tienda.

La mayoría de estos trabajadores subcontratados llevan a cabo su trabajo al servicio de IKEA y con el equipo propio de IKEA. Son trabajadores que desarrollan el mismo trabajo, pero no con los mismos derechos. Con esto IKEA consigue varias cosas, la más evidente es reducir el salario a los trabajadores subcontratados, son trabajadores mucho más “baratos” para la multinacional. Pero no es la única consecuencia. Además, de esta manera, IKEA consigue no tener que responsabilizarse de forma directa de los despidos de los trabajadores subcontratados o de las condiciones laborales con las que conviven día a día. Todo esto se suma a lo que ya empieza a ser una norma en muchos centros de trabajos, la división laboral entre los trabajadores y trabajadoras. Cuando tu compañera o compañero de trabajo no responde ante la misma empresa, no cobra tu mismo salario y no tiene las mismas condiciones laborales, difícilmente van a existir unos vínculos laborales fuertes que hagan que los trabajadores se organicen para demandar condiciones laborales justas. La atomización entre los trabajadores se convierte en una realidad palpable e IKEA es un ejemplo en todo esto.

Manifestación del sábado 16 de septiembre

En el caso de IKEA Sevilla son los propios trabajadores subcontratados los que denuncian la situación. La multinacional tiene a plantillas enteras de trabajadores subcontratados a través de otras empresas, las que les contratan y pagan, mientras llevan los uniformes de IKEA y las relaciones de trabajo las mantienen directamente con encargados o responsables de IKEA. Las condiciones laborales de estos trabajadores pasan por sueldos irrisorios de 4€ la hora, jornadas interminables, riesgos laborales, condiciones insalubres, despidos y altas mensuales, contratos en fraude de ley y un demasiado largo etcétera. Estos 16 trabajadores que denuncian ahora la situación fueron despedidos cuando IKEA suspendió el contrato con la subcontrata para la que trabajaban, algunos de ellos durante más de 7 años encadenando contrato precario tras contrato precario. Una vez se produce el despido no se les subrogó ni se les reconoció ningún derecho ni finiquito. Han interpuesto denuncia, pero el juicio no termina de celebrarse habiéndose aplazado ya en 2 ocasiones y habiendo pasado más de un año desde que fueron despedidos.

La lucha del sábado 16 en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) no es una lucha puntual de unos trabajadores, es una lucha por evitar que las multinacionales nos usen como mercancía, precarizando nuestras condiciones de trabajo y dejándonos sin derechos para poder lograr el mayor beneficio. Un beneficio que además apenas generará riqueza en el país donde explota a los trabajadores.

Estos trabajadores con su lucha y su esfuerzo colectivo han logrado que la denuncia de las precarias condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras subcontratados de IKEA de Sevilla llegue al mismísimo corazón de la multinacional en Suecia. No se trata de un conflicto aislado, no es sólo este caso. Se trata de un sistema de construcción de precariedad a partir de las subcontratas. Donde antes había una persona trabajando en condiciones dignas, hoy hay un subcontratado a mitad de precio y con condiciones abusivas.

La inestabilidad y la precariedad genera miedo. Y el miedo paraliza la lucha colectiva. Pero en Sevilla, algunos trabajadores han decidido dar un paso adelante, organizarse y enfrentarse a una multinacional como IKEA.


*Miguel de la Torre es militante de Anticapitalistas y concejal en Castilleja de la Cuesta