Corre, Verónica, corre. No puedes parar, los hombres ojos-cuchillo te observan tras los cristales del auto negro. Corre, Sandra, corre. Los cachorros te persiguen, con sus pistolas enhiestas y los miembros cargados. Corre, Brenda, corre. Deja tu bolso, el pintalabios y las fotos del bebé. Corre, Clara, corre. Sólo te esperan los golpes y sus manos hambrientas de lujuria afilada. Corre, Luz, corre. Olvida los sueños, el cansancio de un duro día de trabajo, tensa los muslos y vuela. Corre, Dalia, corre. Ya no eres invisible, los señores te han visto y te desean. Corre, Laura, corre. No mires atrás, la furia y la abyección buscan alcanzarte. Corre, Alma, corre. Hallarán tu cuerpo pateado, con golpes en los glúteos y sangre en el pubis. Corre, Nancy, corre. Huye de Lomas de Poleo, antes de que encuentren tu cuerpo desnudo, estrangulado con un cable eléctrico. Corre, Jessica, corre. Serás violada, una vez, dos veces, tres, hasta la extenuación de tus secuestradores. Corre, Irma, corre: ellos te arrojarán contra los matorrales, desnuda, a tu lado los pantalones verdes en una bolsa. Corre, Rosa, corre. Los niños encontrarán tu cuerpo descuartizado en un basurero de Ciudad Juárez. Corre, Julieta, corre. No escuches el zumbido de las balas en la noche sin luna. Corre, Norma, corre. No es tiempo de llantos; verás tu cadáver escuálido con los ojos reventados en una acequia. Corre Gladys, corre. Volverás con un guante negro en la mano izquierda, las manos atadas a la espalda y cuatro cuchilladas en el abdomen. Corre, Perla, corre. El silencio y la impunidad protegen a tus asesinos.