Zoe Arcanio / Mónica Mena Santos | Poco se hablaba de la situación de precariedad, para ser más claras, de pobreza, que viven los y las vigilantes de seguridad privada, hasta que no estalló la huelga del Prat, en Barcelona. Y de pronto un servicio que “decían que no era esencial (tanto así como para privatizarlo en numerosas administraciones públicas) se transformó en crucial y mostró la peor de las hipocresías: ¡No pueden hacer huelga prestando este tipo de servicios esenciales! Mutis, mutando: la culpa la tienen los/as trabajadores/as, nunca la patronal.

Pero el Prat no hizo menos que condensar una realidad mucho más amplia (que afecta a unos 85.000 trabajadores/as aproximadamente). Desde allí se sucedieron un encadenamiento de movilizaciones y huelgas que acabó por poner en la palestra (tarde en algunas agendas de direcciones sindicales) una realidad cruda: ser vigilante privado/a, también, es sinónimo de ser pobre.

Un empleado de seguridad que hace un video casero -durmiendo en el cajero de un banco porque su sueldo no le permite alquilar un piso- que días después es despedido. Una niña que escribe una carta a una empresa para que su padre cobre el salario atrasado y pueda comprarle sus libros del colegio. Una mujer que llama al teléfono llorando porque tiene su cuenta al descubierto. De pronto, dejamos de mirar el espejo en el que creemos ver la realidad para mirar la realidad, allí donde irrumpe en su modo más crudo. La que despierta todas las fibras dormidas.

Pero el Prat, además, avivó un conflicto cuyo cierre no es sencillo: ya no se trata solo de unas condiciones precarias, se trata de un sistema que genera precariedad mediante la privatización y la externalización.

El punto neurálgico de la cuestión es sencillo: la subcontratación y externalización de empresas privadas y administraciones públicas como esclavitud del siglo XXI. Y es que los y las trabajadoras les cuestan demasiado barato a estas empresas que tienen beneficios empresariales millonarios. Las empresas casi no tienen riesgos, ya que solo prestan “mano de obra barata” y, en cambio, reciben cuantiosas cifras muchísimas veces provenientes de las administraciones públicas por hacer el trabajo sucio de construir la precariedad. ¡Si hasta el Ministerio de Empleo y el de Defensa tienen emplead@s de seguridad privad@s-esclav@s!

¡Ah…. que la reforma laboral lo permite! Permite imponer condiciones laborales por debajo de lo dignamente aceptable. Permite crear convenios a la baja respecto al convenio estatal, en sí mismo congelado desde hace años. Hace más de veinte años que no tienen una subida salarial y en el nuevo convenio pretenden congelar, incluso, hasta la antigüedad. Permite abrir de este modo el gran mercado de las «empresas piratas amigas», también llamadas «low cost» que bajan los precios en las subastas, pero no recortando en beneficios sino en derechos laborales: sueldos de 800 euros mensuales, retrasos en el pago de nóminas, supresión y recortes injustificados en los complementos salariales, falta de formación, ausencia de planes de riesgos laborales y de igualdad, y podemos seguir sumando.

¡Ah…. que era para eso! para que estas empresas puedan pagar sueldos de hasta un 50% menos que las empresas acogidas al convenio estatal. Si por tirar para abajo los derechos laborales del sector, que herramientas legales no falten. El negocio, redondo: una oferta de seguridad low cost que compite en el mercado a partir de rebajar precios, situando a l@s vigilantes en un marco de derechos laborales de siglos pasados.

Así el Gobierno se desentiende del conflicto, aunque lo haya creado: privatizando primero, no haciendo cumplir cláusulas sociales después y pasando por alto que las empresas no cumplen con los servicio por los que les estamos pagando con dinero público, para finalizar.

¡Ah…. que las dos reformas laborales (PPSOE) eran para eso! Construir esa gran masa de gente pobre, trabajando. Generar esa masa de gente pobre, con miedo a perder el curro. Ampliar esa masa de gente con miedo dispuesta a aceptarlo todo.

Hasta que ya no se acepta más y la organización de los/las propias currelas superan en muchos casos a sus propias direcciones sindicales en la construcción de un conflicto, en las calles, que permite ganar algunas luchas, visibilizar una situación, plantar cara al capital. La victoria de los/las vigilantes de seguridad del Parlamento Andaluz es un buen ejemplo de ello. Ganaron a pulso la subrogación y mejores condiciones laborales.

Las huelgas y movilizaciones convocadas estos días no han hecho menos que poner de manifiesto que hay capacidad de organización de los/as precarios/as más allá de la situación de inestabilidad, miedo y paro. Que a veces es tan poco lo que se puede perder que se puede arriesgar en una lucha común. Que cuando se está con otros/as (nunca solo/a) el miedo deja lugar a la lucha colectiva.

La recién constituida PSSP (Plataforma Social de la Seguridad Privada) es un ejemplo valiente de ello. Las huelgas y movilizaciones en todo el territorio deberían ser una oportunidad para que otras direcciones sindicales tomen nota y salgan del letargo y los despachos. Hay mucho que construir si de lo que se trata es, de mínimos, de defender las condiciones laborales de la mayoría.