Sergi Cremades y Neus Pineda | A las siete y media de la tarde del sábado llegamos a Barcelona y muy pronto nos dirigimos, acompañados de un amigo y compañero vecino del barrio e implicado desde el inicio en la organización de la defensa civil de los espacios electorales, al CEIP Turó ubicado en la zona de Nou Barris, al norte de Barcelona. Una zona con mucha población migrante. Por tanto un barrio, “charnego” con muy poca tradición nacionalista y con una población muy envejecida. Es por eso que nos comentaba nuestro anfitrión que las aproximadamente setenta personas que mantenían abierta la escuela con actividades culturales para niños y adultos, era una gran noticia.

Para nosotros lo más sorprendente fue la composición de ese grupo. Además de los niños, encantados de tener la escuela abierta todo el “finde” con proyección de pelis, actividades lúdicas y deportivas, había una gran cantidad de personas mayores “gent gran” que permanecía en el porche del cole decidida a quedarse toda la noche en vigilia para asegurar que el domingo a las 9 estuviera todo listo para poder votar. Tremendamente emotivo y conmovedor que contradice la versión de que esta era una movilización instrumentalizada. Como es natural, también había padres y madres, la mayoría con niños en edad escolar, pero también parejas y grupos de amigos y amigas vecinos del barrio y “gent jove”.

Cuando llegamos, había unas mesas de clase colocadas en un lateral de la “pérgola”, llenas de comida, bebida y café, aportado voluntariamente por los vecinos y vecinas que mantenían las actividades. En medio, un gran número de sillas escolares donde permanecían sentados en semicírculo “la gent gran” y que servía cada 30 o 45 minutos de ágora para las asambleas informativas. La improvisada pero coordinada Asamblea vecinal del Turó funcionaba de forma autónoma, con buen rollo y ambiente fraternal. De manera natural habían personas que ejercían de dinamizadoras en la asamblea con la complicidad y el consentimiento de la mayoría. Ya fuera porque aportaban consejos y directrices organizativas basadas en la experiencia militante y/o activista o simplemente porque manejaban información importante al estar coordinadas con otras sede electorales y con el grupo de voluntarios de ANC. Más allá de esa labor de dinamización necesaria, la participación de todas las asistentes era un hecho en las tareas de avituallamiento, coordinar las actividades y planificación la autodefensa en El Turó. El objetivo era común para todas a pesar de la diversidad y heterogeneidad del grupo: garantizar su derecho a decidir. Todo un ejemplo de autorganización, solidaridad y desbordamiento social. Completamente alejado de la caracterización de alguna izquierda del Estado de <<estar todo dirigido por la derecha y la burguesía catalana>>.


Dentro del cole se habían habilitado unas aulas para albergar las urnas y un espacio con esterillas y sacos para dormir, las más valientes. A las 5 de la mañana del domingo 1 de octubre, el grupo había aumentado, entre 200 y 300 personas ocupaban la porche y el patio del la CEIP El Turó. La consigna de las entidades organizadoras del referéndum era impedir que la policía desalojara los centros antes de la apertura de las mesas, aprovechando la retirada de las familias y vecinos de la asamblea para descansar. Entonces aparecieron los “Mossos d’Esquadra”, quienes viendo a la gente reunida a su alrededor, tomaron acta y se retiraron. En El Turó la respuesta del vecindario fue contundente. A las nueve menos cuarto, cuando los y las voluntarias responsables de referéndum portaban, casi a hurtadillas las urnas y los dispositivos técnicos para poder garantizar la votación, un pasillo de casi mil personas aplaudía a su llegada.
Hubo momentos muy emotivos a largo de toda la jornada, pero cabría destacar uno en el que la organización, ya identificada con tarjetas colgadas al cuello, informaban que no todos las y los seleccionados telemáticamente para componer las mesas se habían presentado. Según la ley los primeros voluntarios del censo pueden ocupar su lugar. Y así fue, la gente aplaudía con lágrimas en los ojos cada vez que algún vecino o vecina se ofrecía como voluntaria para cada una de las mesas planificadas. Conscientes del riesgo personal al que se enfrentaban. Tras las instrucciones pertinentes, ocuparon sus puestos con dispositivos móviles y con una aplicación informática para registrar cada voto. El pueblo quería votar y había que facilitarlo con todas las garantías democráticas Más adelante hubo intentos de hakear el sistema informático, de vez en cuando, una voluntaria salía al patio del colegio y apremiaba a todo el mundo a que se desconectara internet y/o los datos. Al contrario de lo que se ha ido informando e insinuando, la policía no consiguió su objetivo y los sistemas volvieron a funcionar todas las veces que lo intentaron.

Entre las 10 y las 12 de la mañana las colas se desdoblaban, entre tres mil y cuatro mil personas ocupaban todo el colegio a la espera de votar, dejando paso a la “gent gran” entre aplausos y a las familias con menores para que votaran primero, evitando cualquier exposición de más al evidente peligro inminente. La ciudadanía colaboraba y se lo ponía muy fácil a los y las voluntarias encargadas de ordenar las filas y explicar el funcionamiento técnico del referéndum y las mínimas medidas de seguridad y autodefensa. Una mañana de participación ciudadana donde la voluntad popular se imponía a la sinrazón autoritaria del gobierno central. A nadie se le obligó a votar, a nadie se le impidió expresar su opinión, fue el Estado por mediación de la policía nacional y la guardia civil, actuando como fuerzas de ocupación, el que lo intentó. Como siempre hay gente despreocupada y desinteresada de lo que pase más allá de sus narices, que ocupaba terrazas o seguía su rutina habitual. Pero ni rastro de fractura social de la que hablan los políticos y medios de régimen del 78.

La jornada trascurría no exenta de momentos de tensión, ya que nos llegaba información de las cargas policiales y la entrada por la fuerza a colegios electorales, uno de ellos cercano en el propio “Nou Barris”. Se respiraba, sobre todo entre las voluntarias que llevaban toda la noche en vigilia, una calma tensa. La Policía nacional estaba actuando con saña y sabíamos de compañeras y amigos que habían sido agredidos en otros colegios electorales. Sobre las 14h, cuando otra vez se vaciaba el cole de votantes, quedando unas 200/300 personas, se corre la voz de que van a entrar secretas para requisar las urnas. Todo pasó muy rápido. Para impedir a los supuestos secretas robar las urnas dentro del cole las puertas son bloqueadas con sillones, mesas, sillas y bancos. Las urnas de las mesas que estaban en una especie de hall de la escuela son escondidas y desmontadas las mesas en segundos, utilizando estas para reforzar una improvisada barricada. Un aula donde se encontraban el resto de urnas es bloqueada por dentro por votantes y voluntarios quedando atrapadas algunas personas mayores. Nos preparábamos para obstaculizar pacíficamente cualquier intento de usurpar la democracia. Fuera, en las dos puertas de acceso al edificio, filas de vecinos y vecinas se preparaban también para ejercer resistencia pasiva cogidos los unos con las otras del brazo. Al final todo fue falsa alarma. El Turó volvió abrir, se habilitaron todas sus urnas y se pudo votar hasta el cierre electoral previsto a las 20h.

El domingo 1 de octubre fuimos testigos presenciales de la mayor demostración de autorganización, desobediencia civil y solidaridad con mayúsculas, de un pueblo que defendió y ejerció de manera impecable, cívica y pacíficamente su derecho a decidir, que practicó “democracia” en estado puro, a pesar de la brutal represión de las fuerzas de seguridad, aprobaba por el gobierno y los apartados del Estado, que siempre que actúan contra la sociedad civil, lo hacen de manera desproporcionada y conculcando los derechos y libertades que supuestamente afirman salvaguardar.