Lorena Cabrerizo | Hace 525 años, las autoridades españolas promocionaron la guerra de la conquista en América. Fueron muchas las repercusiones que, aún a día de hoy, siguen presentes en ese territorio; además de la destrucción material de pueblos originarios y la devastación de sus recursos naturales, uno de los efectos más demoledores de las relaciones dominio-subordinación impuestas por los representantes de la corona fue el sometimiento de las poblaciones nativas a la servidumbre mediante la pedagogía del miedo. Un miedo que se hizo existencial y continuo, como resultado y condición del régimen colonial que se sostenía principalmente ad terrorem. Una amenaza constante que se expresaba en la violencia sistemática, física y moral, y que se extendió culturalmente, provocando incluso la desconfianza y el enfrentamiento entre los mismos pueblos que estaban siendo sometidos y masacrados.

El horror que representaban las muertes violentas o las torturas que recibía todo aquel que opusiera resistencia (fundamentalmente las clases dirigentes) se mantuvo en la memoria y el recuerdo de los vencidos, lo que hizo posible el llamado “pacto colonial”. Un pacto basado en el monopolio de la violencia y que permitió a la élite imperial española implantar un modo estable de extracción y reparto del plus-producto social en sus reinos americanos. Bajo este pacto, los nativos recibían la protección de la corona a cambio de tributos y sumisión y, lo más importante, se consagró la ventaja histórica que permitió a los vencedores utilizar sus conocimientos, instrumentos y coordinación institucional de los medios violentos, para inhibir y contener al otro –el vencido- así como para aumentar sus miedos. De esta forma, la maquinaria del miedo se utilizó para controlar a las masas.

Si saltamos algunos siglos en la Historia, comprobamos que esta misma pedagogía fue la que empleó el régimen franquista, con mayor profusión en los primeros años de la posguerra. Las llamadas políticas del miedo y la represión aplicadas por el dictador a los españoles de a pie durante 40 años tuvieron como resultado unas vidas llenas de miseria y el hundimiento de los valores sociales y colectivos en un pesimismo cuyo único consuelo y refugio se hallaba en la institución familiar, en el favor personal y en la supervivencia individual (el hambre como negocio). Una represión social que, junto a la despiadada y brutal represión política que se tradujo en ejecuciones pero también en un acoso institucional, legal o paralegal, apuntaló al régimen y alimentó un rencor y un odio muy superior al que se desató en países cercanos como Francia o Italia tras la segunda guerra mundial.

Hoy en día, tanto en América como en el Estado español y en Europa, esta pedagogía del miedo antes descrita ha adoptado nuevas formas menos atroces pero esencialmente similares. Bajo regímenes democráticos liberales, la esquilmación de los recursos así como la dominación de los pueblos y la violencia ejercida contra su legítimo derecho a la autodeterminación política, económica, social, cultural y territorial ha continuado su escalada. La maquinaria empleada atiende al mismo objetivo: el de inculcar el miedo y la desconfianza al otro para la propia supervivencia. A ese otro que es diferente, que piensa y se expresa libremente, que defiende su tierra y su cultura ancestral o que huye del empobrecimiento y la destrucción de los ecosistemas como resultado de una práctica imperialista de la que nuestra historia puede dar buena cuenta. En respeto a la verdad, no es el 12 de octubre una fecha en la que celebrar nada. Más bien, y atendiendo a los acontecimientos trascendentales que estamos viviendo, debemos emplear este día para reivindicar nuestro legítimo derecho a decidir nuestro marco de convivencia bajo condiciones de libertad y no bajo el yugo de una legalidad que no es, necesariamente, sinónimo de democracia.

Fuentes:
– Gómez, Ana M., y Herrera Mena, Sajid A., “Los rostros de la violencia. Guatemala y el Salvador. Siglos XVIII y XIX”, 2007 UCA Editores.
– Cazorla A., “Miedo y progreso. Los españoles de a pie bajo el franquismo. 1939-1975”, 2010 Alianza Editorial.