Laia Facet | La ruptura no es una cuestión de radicalismo verbal solemne (Declaración de Independencia), sino una combinación de audacia política, el golpe en la mesa, y haber preparado materialmente la ruptura: el cobijo a las mayorías sociales. Sin cobijo, a la audacia le tiemblan las piernas y no hay solemnidad que valga. Sin audacia, no se puede desplegar la ruptura.

Las dificultades que vive el Govern de Cataluña desde el 1 de octubre son las que se encontraría cualquier gobierno que quisiera materializar un cambio digno de este nombre. Presiones políticas, opinión pública en contra, amenazas de la reacción utilizando el fascismo, chantajes económicos del capital, silencios administrativos de diplomacias, imposiciones de organismos como la UE. Puigdemont se encuentra en el “callejón Tsipras” pero en peores condiciones: sin estructuras de Estado y en un partido (PDECat) con intereses contrarios a la ruptura.

La falta de previsión para sostener la ruptura materialmente, la falta de una banca catalana pública, de abordar desde el (no)-Estado sectores como el agua, la energía, la alimentación,… La falta de todo, hace pensar dos cosas:

A) No querían este escenario. Querían giga-cues (colas gigantes) delante de colegios cerrados. Querían un “no nos han dejado hacer el referéndum” pero en inglés destinado a la comunidad internacional. Querían que Europa entrara en escena como un deus ex machina para salvar la situación.

B) Son incapaces de sostener el conflicto. Cosa que ya analizaba hace unos cuántos años Nin. Buena parte del proceso cree ciega (y sinceramente) que se puede “desconectar” de un Estado sin ruptura, sin conflicto material y económico.

Aún así hemos llegado muy lejos. Si lo hemos hecho ha sido por la determinación de una mayoría de Cataluña que sabía que no había pantalla pasada, que hacía falta un referéndum. Que había que ocupar escuelas para no encontrárnoslas cerradas. Que no permitiría entregar urnas como si nada, que hacía falta desobediencia y poner el cuerpo. Si hemos llegado hasta aquí es por que el Govern no calculaba hasta donde los podíamos arrastrar y se han tenido que dejar llevar.

La debilidad de la institucionalidad catalana ha hecho que la acción de los últimos años pivote entre golpes de efecto en la calle y el Govern. La falta de estructuras de Estado explica también la existencia de entidades sociales masivas como ANC y Omnium. Los «golpes de efecto en la calle» combinados con la existencia de un tejido social denso en Cataluña permiten ensayar y desplegar potenciales de nuevas institucionalidades más arraigadas, constituidas desde el conflicto. Y si nos dejamos de declaraciones ensimismadas y abordamos las complejidades de fondo? Las complejidades que han impedido hacer la declaración. Las mismas complejidades que se mantendrán después de hacerla. Desde las experiencias de movilizaciones, Comités, sindicalismos,… abordamos como combinar audacia y materialidad o es que nos creemos que la Declaración hace la cosa?

La Declaració no fa la cosa