David Peñafuerte |El próximo 28 de octubre se cumple un año desde la terrible muerte de Mouhcine Fikri, un vendedor de pescado de Alhucemas que acabo sus días triturado en el contenedor de un camión de basura. Fikri, en un gesto de desesperación, trataba de recuperar la mercancía ilegal (pez espada) que le había incautado la policía, que, de forma humillante y arbitraria, había decidido destruir el decomiso delante del vendedor. Alguien con un móvil grabó en video los últimos instantes de su muerte. La grabación corrió por las redes sociales como la pólvora levantando una oleada de indignación que se tradujo en la convocatoria de movilizaciones en las principales ciudades marroquíes, con especial repercusión en el norte de Marruecos y particularmente en la región del Rif, donde la participación ciudadana fue multitudinaria: Al entierro de Mouhcine, en la localidad de Imzouren, acudieron 40.000 personas.

Durante los meses siguientes el nivel de movilización en el Rif fue en aumento. En las principales localidades, particularmente en la provincia de Alhucemas, se comenzaron a auto-convocar a través de las redes sociales concentraciones en las plazas centrales de cada pueblo. En dinámicas espontaneas de “micro abierto” (tan conocidas en España desde el 15M) a las demandas iniciales –la necesidad de clarificar todos los elementos que rodearon a la muerte de Fikri, la denuncia de la brutalidad policial, la corrupción y los abusos- comenzaron a sumarse otras demandas relacionadas con la lucha contra la pobreza y la situación de subdesarrollo de la zona: La necesidad de construir un hospital oncológico, de contar con una universidad en la región, mejoras en las infraestructuras, medidas económicas para luchar contra la elevadísima tasa de desempleo (en el Rif la tasa de desempleo juvenil se estima en el 90% de la población tratándose de una zona tradicional de emigración hacia los Países Bajos) o la anulación del decreto de militarización de la zona. En última instancia ya no se trataba de Fikri, sino de demandas concretas que ponían de manifiesto el olvido histórico de la región e indirectamente señalaban las políticas depredadoras del “Majzén” (el entramado del poder que rodea a la corona) respecto a estas provincias. Progresivamente las alarmas comenzaron a encenderse en algún cuadro de mandos de Rabat, saltando definitivamente desde julio de 2017 y provocando una reacción represora a la que nos referiremos más adelante. Además, lo que había surgido como un movimiento ciudadano espontaneo comenzó a organizarse, autodenominándose como “Hirak” (lucha) del Rif o Movimiento Popular del Rif.

¿Qué tienen de peligrosas para el régimen de Rabat las movilizaciones del Rif? Pues que apuntan directamente a las bases de la construcción del Estado moderno en Marruecos, ya bosquejadas en el reinado de Mohamed V y desarrolladas extraordinariamente por Hassan II. Un modelo de unidad territorial con un extraordinario nivel de centralización política y administrativa que chocaba directamente con el tipo de relación que históricamente –durante siglos- había mantenido el equilibrio en las relaciones entre la monarquía de Marruecos y su entorno de influencia (el Majzen) y los territorios controlados por estructuras tribales que gozaban de un elevado nivel de autogobierno (bled-es-siba). Este conflicto fue “superado”, especialmente en los años sesenta y setenta, mediante políticas altamente represivas de cualquier movimiento local demandante de mayor capacidad de control sobre las políticas aplicables a su territorio y mediante, y este es un elemento importante para entender por qué cuando se encarcelan a cientos de activistas la reacción ciudadana no es mayor en el resto del país, mediante una mezcla de políticas tendentes a infundir el miedo en la población y la difusión de mensajes de exaltación de la corona, de la unidad territorial y de construcción de enemigos externos (el gobierno argelino, el sionismo, etc). No es raro observar cómo, cuándo se realizan manifestaciones de apoyo a tal o cual causa política que pone en cuestión los elementos fundamentales de las políticas majzenitas, al día siguiente surgen multitudinarias manifestaciones “espontaneas” reafirmadoras de la fidelidad a la corona y plagadas de banderas del Reino de Marruecos.

En el caso del Rif, las movilizaciones que se han dado, enlazan con la herencia de la aventura de Abd-El-Krim, que llegó a liderar la constitución de la República del Rif entre los años 1921-1926, con las grandes revueltas en la zona en los años 1958 y 1959 (la demanda de construcción de un hospital oncológico tiene precisamente que ver con la prevalencia del cáncer en la zona, con ligazón científica demostrada con los bombardeos químicos a los que fue sometida la población tanto en estos años por parte del futuro rey de Marruecos, Hassan II, como en la Guerra del Rif por parte de los españoles), con las revueltas del hambre de 1984 y con la primavera árabe marroquí del 20F de 2011. Todos estos precedentes tienen en común una demanda básica de contar con mayor capacidad de soberanía y autogobierno, pero, y esto hay que entenderlo bien, incluso en el caso de la República del Rif, nunca estableciendo como demanda principal la independencia política de la zona, sino demandando fórmulas que permitan a la población del territorio beneficiarse en mayor medida de los recursos del propio territorio. En este sentido hay que decir que el proceso de “descentralización avanzada” anunciado hace años por el Gobierno de Marruecos ha sido, en la práctica un fracaso. Los rifeños siguen percibiendo que no tienen control alguno sobre sus recursos, que la mayoría de los políticos y funcionarios que tienen capacidad de decisión son ajenos a la zona y que se encuentran bajo vigilancia permanente (de ahí la demanda de cese de la militarización de la zona).

Una vez que saltan las alarmas “rifeñas” en el cuadro de mandos del régimen marroquí la respuesta, tras titubeos, ha sido la tradicional represora. Los principales activistas del “Hirak”, entre ellos Nasser Zafzafi, fueron encarcelados. Esta represión, que en un primer momento se dirigió a las personas que habían destacado en el plano organizativo o propagandístico, se dirigió, en un segundo momento, a partir del 20 de Julio, fecha en la que se organiza la última gran manifestación en Alhucemas, al grueso de personas que de una u otra personas habían participado del movimiento. Actualmente hay –según fuentes siempre extraoficiales relacionadas con los movimientos de derechos humanos marroquíes- unas cuatrocientas personas encarceladas. Fuentes locales hablan de mil personas. Es imposible obtener información fiable dada la opacidad con la que actúa el régimen de Rabat. En el momento actual han cesado las movilizaciones abiertas en el Rif, dada la ocupación militar en la zona (por ejemplo se ha prohibido cualquier reunión pública de más de cinco personas). Sin embargo el movimiento de solidaridad promovido por los rifeños y las rifeñas en la diáspora está plenamente activo: El 28 de octubre hay varias concentraciones convocadas en ciudades europeas y españolas.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? En gran parte dependerá de la persistencia de la población rifeña, de los apoyos externos que pueda sumar el movimiento (aunque en este sentido la política de países como España y Francia es la mirar hacia donde quiera el régimen marroquí), y, sobre todo, de la capacidad que tenga el “Hirak”, en relación movimientos sociales y políticos del resto del país, de construir un discurso global anti majzenismo que cale en la población y ahuyente los fantasmas que agita, de continuo, el régimen. Si el “Hirak” no rompe su aislamiento y demonización puede que sea una nueva oportunidad perdida.


David Peñafuerte es miembro de Anticapitalistas Jaén y responsable del Área Internacional de Podemos Andalucía.