Manuel Tirado | El pasado fin de semana vimos cómo de nuevo Galicia se convertía en un infierno. De nuevo, como si fuera una historia en bucle, como si de un “déjà vu” nefasto se tratase, tuvimos que ver las imágenes del fuego arrasando más de 4000 hectáreas de monte gallego dejando un panorama desolador que costó incluso vidas humanas. No cabe duda que a los que vivimos por este rincón del sur, se nos vino en seguida a la memoria aquellos fatídicos días de finales de junio cuando Doñana era igualmente arrasada por las llamas.

Las concomitancias entre un incendio y otro en principio son muy claras. Los dos incendios fueron provocados por la mano del hombre. Meses sin lluvia y además un viento cálido y seco, favorecieron que las llamas se propagaran. Y por supuesto, no debemos olvidar, una gestión nefasta de dos administraciones desidiosas, la Xunta de Galicia y la Junta de Andalucía gobernadas por PP y PSOE, que demostró la poca capacidad de reacción y de planeamiento en situaciones de tanta gravedad ecológica.

Un dato curioso, – después entraremos en materia-, en las televisiones públicas de ambas comunidades autónomas (Canal Sur y TVG) mientras sus montes y su paraje natural más preciado se quemaban y peligraba la vida de la gente, los andaluces podíamos ver en nuestra pantallas a María del Monte. Mientras, los gallegos, cuando ya habían muerto dos personas y ardía buena parte de su tierra, podían escuchar en su radio pública hablar de deportes y en su televisión ver una serie de policías y ladrones. Lo dicho, un esperpento al estilo Valle Inclán, que por cierto era de aquellas tierras gallegas.

Esto sólo es un síntoma, una anécdota, de cómo se han gestionado estas dos tragedias medioambientales. Porque el problema es de mucho más calado, ya que la razón principal de que ambos incendios, el de Galicia y el de Doñana, devastaran tal cantidad de hectáreas (casi 9000 en el caso de Doñana) son los recortes, la falta de una política de prevención global, la precarización y por su puesto la privatización de los dispositivos de prevención y lucha contra el fuego.

¿Hablamos de las privatizaciones que hizo el señor Fraga en Galicia de los servicios contra incendios? ¿Hablamos de cómo el señor Feijóo, quince días antes del incendio, licenció a 436 brigadistas contratados para ello? ¿Hablamos de que el dispositivo de la Junta de Andalucía contra el fuego había “perdido” ya cuando se produjo el incendio en Doñana 450 efectivos y que el gobierno de Susana Díaz había rebajado el presupuesto del Plan Infoca un 20%? ¿Hablamos de las condiciones de precariedad en la que tienen que trabajar los bomberos?… Todo se reduce a lo mismo: el tijeretazo y los recortes tienen mucho que ver con los incendios y su control.

Con este panorama, los responsables de medioambiente de la Xunta de Galicia y de la Junta de Andalucía podían haber tomado ejemplo de la ministra de Administración Interna de Portugal, Constança Urbano de Sousa, que presentó su dimisión, tras las críticas a su gestión de los incendios de este verano. Pero en este trozo de planeta por donde “cruza errante la sombra de Caín”, como decía Machado, que un político dimita y reconozca sus fallos es pura utopía.
Evidentemente, junto a los recortes, que para mí son la razón más importante, se unen los intereses económicos que se esconden tras las llamas. Con respecto al incendio de Doñana podríamos hablar del Proyecto de Gas Natural en el parque, que amenaza con convertirlo en un almacén de gas. Podríamos hablar de la reapertura de la mina de Aznalcollar o del dragado del Guadalquivir, junto a la sangría incesante de destrucción de montes circundantes y la explotación ilegal de los acuíferos para cultivos industriales piratas.

En el caso de Galicia podríamos hablar de los intereses de ENCE en esta región (por cierto, empresa que ya conocemos perfectamente en Huelva y que aquí no dudó en pegar una patada a sus trabajadores con un ERE auspiciado por la reforma laboral de la Ministra Báñez tras cuarenta años de contaminar y de sembrar toda la provincia de Huelva de eucaliptos). Como digo, podríamos hablar de la planta de celulosa en el interior de la ría de Pontevedra que está determinando toda la política forestal de la Xunta cada vez que gobierna el PP. Y es que los eucaliptos ocupan ya más de 400.000 hectáreas de monte gallego, una especie muy inflamable que al dejar pasar mucha luz “fomenta un sotobosque abundante y muy combustible” y que además “los fragmentos de corteza desprendida que cuelgan del tronco o se acumulan en su base se convierten en pavesas que, arrastradas por el viento, dan lugar a nuevos focos que pueden hacer inútiles cortafuegos”, según los grupos ecologistas.

Podríamos hablar también de la Ley de Montes que aprobó el Partido Popular en 2015 y que en su artículo 50 permite recalificar los terrenos quemados para construcción de vivienda u obra pública. Y que fue precisamente tras el incendio de Doñana cuando Unidos Podemos trató de que esa ley se modificara y se eliminaran los supuestos que permiten la recalificación del suelo quemado.

Sea como fuere, y a pesar de todos estos intereses tras las llamas, la principal razón de estos desastres siguen siendo los recortes y las privatizaciones, pero además están los intereses de los partidos políticos en empresas privadas que antes fueron públicas (como ENCE) y que tras ser privatizadas regalan cargos en sus consejos de administración a gente como Isabel Tocino o Carlos del Álamo. Y giran y siguen girando… las puertas giratorias.

En definitiva, está claro que estas desgracias naturales no pueden únicamente achacarse a la sequía, a incendios en Portugal o a la mano responsable del pirómano o loco de turno. Si no que detrás del fuego, desgraciadamente como todo en este país, está “el poderoso caballero”: el dinero, y por ende este capitalismo salvaje en el que vivimos y que no entiende de futuro ni de ecología sino única y exclusivamente de generar beneficios. Así nos va.


Manuel Tirado Guevara es miembro de Anticapitalistas Huelva y Concejal de Vecinos por San Juan (Huelva)