Redacción Poder Popular Madrid | Siempre han querido vender eso de que los extremos se tocan; que el indepentismo catalán es igual que el españolismo que ha aflorado en las últimas semanas de manera reaccionaria ante los ejercicios de desobediencia democrática acontecidos el 1 de octubre. La lección de que esto no es así nos la volvió a brindar la semana pasada Ciudadanos. Su proceso de lepenización y giro conservador en el contexto actual de crisis de Estado amenaza con sobrepasar al PP por la derecha, en una suerte de pirueta fugaz como muleta del régimen del 78 que parece que ya le permitiría arrebatarle un millón de votos al partido popular.

La semana pasada, durante la celebración de una comisión de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Madrid, la edil de la formación naranja Silvia Saavedra, apeló al origen peruano y la nacionalidad española de Rommy Arce, integrante de Ahora Madrid, para increparle por haber cedido un espacio municipal para un encuentro titulado Nada que celebrar precisamente el “Día de la Hispanidad”. Según Saavedra, el evento – autorizado de acuerdo a la legalidad y el principio de facilitación de la participación política promovido por Ahora Madrid – acometía contra la unidad de España. Afortunadamente, y a diferencia de la iniciativa organizada en el mismo espacio municipal semanas antes por la plataforma Madrileños por el derecho a decidir en solidaridad con el referéndum catalán, este encuentro no fue perseguido del mismo modo por la brunete mediática ni suspendido por un juez al servicio de la oposición y contrario a cualquier principio de libertad de expresión.

<<La señora Rommy Arce que vino del Perú y cuando adquirió la nacionalidad española y juraba la Constitución lo que en realidad estaba haciendo era prometer cargarse España>>. Con este recordatorio gratuito, carente de argumentos políticos, Saavedra no solo evidenció que las instituciones siguen a día de hoy repletas de portavoces racistas. A nadie debería sorprender que Ciudadanos sea un partido xenófobo. Sin ir más lejos, el partido de Albert Rivera en Madrid ha apoyado en diferentes ocasiones el apartheid sanitario, es decir, la exclusión del sistema de salud de todas las personas sin papeles. Lo llamativo de sus palabras es que este discurso contra el otro se agita ahora más que antes, con la cuestión catalana como canalizadora, y se entrecruza con el odio de clase y el machismo que hacen que una mujer de origen sudamericano y trabajador como Arce sea atacada de manera impune desde unas instituciones que están sembrando el odio y la violencia hacia los sectores más vulnerables de la población. Saavedra lo dejó claro: para ser bien recibido en la España cuasifascista de su partido hay que pensar como ellos. Si no, te invitan a regresar por donde viniste.

Rezaba un tweet del Nega hace unos días en relación con la rojigualda “Esa bandera la agitasteis contra el divorcio, el aborto, el matrimonio gay, las personas trans.. Y ahora Catalunya.” La definición sería casi perfecta para este caso si hubiese añadido las personas migrantes para terminar de definir el españolismo que defienden en la formación de Begoña Villacís – otra que tampoco ha pedido disculpas por las palabras de Saavedra -. Un nacionalismo rancio y casposo, xenófobo, colonialista y excluyente como se ha podido comprobar. “Ahora Madrid solo da cabida a sensibilidades afines a sus ideas políticas. Imagino que no autorizaría cesiones a asociaciones que acepten la violencia de género o de contenido racista” afirmaba la concejala, indignada por el acto crítico con la celebración del 12 de octubre. Si son incapaces de diferenciar libertad de expresión con el respeto a los Derechos Humanos y condenar uno de los mayores genocidios del imperialismo en la Historia como la colonización de América, no podemos esperar de su política más que racismo institucional cercano al delirio y el autoritarismo.

A ese nacionalismo que acusa de traición a concejales como Arce no parece importarle la existencia de cárceles de personas cuyo único delito es no tener papeles, como el CIE de Aluche, o las 17.337 personas refugiadas que huyen del hambre y las guerras y que el gobierno de Rajoy tenía la obligación de acoger, aunque todavía no lo haya hecho. Parecen haber olvidado muy rápido la gran manifestación que hubo en Barcelona a favor del derecho de asilo y que hace factible pensar que la identidad nacional catalana – activada políticamente por la crisis de un modelo autonómico caduco, un bipartidismo no representativo, medidas de austeridad, etc. – se traduciría a día de hoy para gran parte del catalanismo en cuestiones sociales que pasan por la mejora de las condiciones materiales de vida de la gente, vengan del país que vengan. Mientras, el imaginario españolista sigue dando tumbos entre el repliegue nacional, su incapacidad de romper con su pasado franquista – y denunciar los crímenes de ese y anteriores regímenes – y su negativa a reconocer la libertad de expresión de los distintos sujetos políticos de la sociedad en igualdad de condiciones.