David G. Marcos | El Senado ofrece plenos poderes al Canciller Palpatine para enfrentar la Crisis Separatista. “Ejecuten la orden 155”.

Si en Star Wars, los jedi supervivientes se batían en retirada para contemplar la evolución de los acontecimientos desde un “lugar seguro”, es porque sólo confiaron en la abstracción de “la fuerza” y en la institucionalidad existente que se demostró fácilmente reversible en su contra. La lucha efectiva contra el imperio, por la república, no comienza hasta la autoorganización colectiva de la resistencia. Esa visión de conjunto es la que debemos recuperar desde la izquierda, no solo en Cataluña sino, fundamentalmente, en el resto del Estado.

Los procesos reales de transformación traen consigo la arritmia y discordancia de los tiempos. Advertía Bensaïd que el desarrollo desigual de las temporalidades complementa y relega aquel de los espacios [1]. Sobre esta base, deducimos que el pensamiento estratégico resulta irreductible al seguimiento de unas pautas lineales y de carácter universal. Una receta ortodoxa que pretenda forzar la acción política sin atender a la particularidad será un mosaico inerte de repertorios inconexos, destinados irremediablemente al fracaso. Por lo tanto, contextos cualitativamente diferenciados requieren de hipótesis específicas.

Este desarrollo desigual de las temporalidadesha tenido lugar en Cataluña y el resto del Estado. Como todo proceso real, su potencia de transformación asoma distorsionada bajo contradicciones; en este caso, de carácter nacional. Repito: como todo proceso real. Nunca en la historia de la lucha de clases ha tenido lugar un conflicto que, encerrando posibilidades de emancipación, quedara libre de impurezas. Así, las clases dominantes se esfuerzan en profundizar el grado de la distorsión que alberga cada conflicto para enmascarar sus capacidades de resolución en favor de las clases subalternas. Sin embargo, mientras en Cataluña ha tenido lugar un desplazamiento del ‘eje nacional’ al ‘eje democrático/soberanista, acercándolo a una perspectiva emancipatoria, en el resto del Estado seguimos anclados en la visión distorsionada del conflicto. Es por ello necesaria esa visión de hipótesis diferenciadas pero complementarias.

En este sentido, la hipótesis en base a la que avanzar por parte de la izquierda en el Estado español, habría de pasar por recuperar posiciones en el eje democrático frente al exclusivamente nacional, mientras invertimos esfuerzos en reconstruir un horizonte alternativo -asumiendo la ruptura como parte consustancial- al del régimen del 78 (horizonte inexistente a día de hoy, y que en Cataluña ha tomado la forma de “república”). Ése es nuestro mayor déficit, y corremos el riesgo de asignar culpabilidades a otros de lo que resultan ser incapacidades propias.

En Cataluña, toca tejer y destejer a la vez. Dos legitimidades en disputa se encuentran en forma de proceso constituyente (República Catalana) y elecciones autonómicas (Estado). Existe, pues, una relación dialéctica entre ambas que deberá combinar acciones y posiciones para seguir arrancando legitimidades y avanzar de manera efectiva (no sólo simbólica) hacia la materialización de la república. Aquí, tal y como explica Brais Fernández [2], encontramos un error simétrico al de asumir el marco electoral impuesto del 21-D (que supondría un retroceso en el no-reconocimiento del Estado español). Esa equivocación sería el abandono vanguardista (antes de tiempo) de un espacio que puede ser todavía utilizado para la recomposición de las clases dominantes. Será necesario, por tanto, encontrar una fórmula mixta en la que organizar candidaturas de insumisión y construir la nueva institucionalidad de forma complementaria. La única vía para evitar la ofensiva recentralizadora es apoyar y hacer efectiva la desobediencia del 155 y avanzar en el proceso constituyente desde la movilización y la autoorganización popular.

Notas:

[1] “Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren”, Daniel Bensaïd 

[2] Facebook