Cecilio Estevez | Atacadas por la patronal, empresas, partidos políticos e instituciones públicas, las Kellys han conseguido ponerse sobre la mesa como un nuevo sujeto social, marcar agenda de lucha y ser un referente de la misma. En un momento de fuerte crisis con recetas neoliberales retrocediendo en condiciones y derechos de las trabajadoras las formas de reorganizar la lucha sindical surgen para dar lecciones. Las camareras de hoteles, mayoritariamente mujeres, han encontrado una herramienta para autoorganizarse, no sin dificultades.

La campaña de Magic forma parte de estos ataques para criminalizar la lucha de las trabajadoras del sector hotelero. La cadena de hoteles Magic Costa Blanca regaló claveles y rosas a los turistas en señal de “afecto” y para defender la “turismofilia”. Poniéndo en valor el sector turístico como generador de empleo, obviando las condiciones laborales de precariedad que implica. Una campaña en la que han participado personajes como Agustín Almodóvar (senadora del PP y de família hotelera) así como el propio dueño de la cadena y que busca presentar la reivindicaciones laborales de las trabajadoras como si fuera un ataque a los turistas.

El último ataque por parte de las instituciones ha sido la prohibición de una concentración frente a un hotel de Alicante donde se celebra la Volvo Ocean Race para reivindicar sus derechos laborales. La prohibición de manifestación, un derecho fundamental, fue violado primero por subdelagación del gobierno y luego, por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Ataques alimentados por representantes políticos como el mismo Pablo Casado.

Ante estos ataques, las Kellys se han visto abandonadas por los sindicatos tradicionales, por unos delegado sindicales a los que ni siquiera conocen en muchas ocasiones. Actualmente no existe un Convenio de Hostelería a nivel estatal, y allí donde existen convenios autonómicos están excluídas de éstos por las externalizaciones. Esto hace que a menudo se cometan irregularidades que violan los derechos y que no exista un control por parte del Estado, por ejemplo, en como se realizan las inspecciones de trabajo. La entrada en el sector de las famosas ETT está permitiendo usar contratos de obra y servicio cometiendo un fraude en cadena, quitando y poniendo trabajadores entre diferentes empresas como mero capital productivo. ¿Las consecuencias de este tipo de contratos? Una posición de absoluta desprotección, inseguridad e inestabilidad laboral. Una posición de vulnerabilidad ante los intereses del mercado y las “inexistentes” listas negras usadas por las empresas para acabar con cualquier residuo de reivindicación y lucha. Contratos que crean trabajadores de 1ª y 2ª con el fin de enfrentar a diferentes sectores de trabajadores, generando a su vez actitudes paternalistas por parte de los compañeros.

La escasa involucración por parte de los gobiernos locales como Alicante, Benidorm o Lanzarote se suma a su situación. Involucración que podría permitir acondicionar los servicios a las necesidades de la vida laboral de los trabajadores, la creación de guarderías de proximidad o hacer frente a una de las problemáticas específicas centrales: las enfermedades. El 75% de las camareras de hotel tienen diagnosticados cuadros de ansiedad o enfermedades musculares crónicas, que las mutuas no reconocen. Situación que empuja a las trabajadoras a poner de su bolsillo el dinero para el tratamiento.

Todos estos factores desembocaron en una situación insostenible donde ellas se plantaron y dijeron basta. Y a través de la autoorganización y el empoderamiento construyeron la plataforma que ahora les permite organizar su lucha y haberse convertido en un agente social y sindical central. Una lucha interseccional, creando redes de apoyo con las estibadoras y con otros sectores sindicales feminizados. Han logrado asentarse a nivel estatal creando coordinadoras entre diferentes territorios (Madrid, Cataluña, País Valencià, Islas Canarias,…) y multiplicando a las integrantes día a día. En el plano internacional se han convertido en un ejemplo a seguir por parte de los sectores que quieren conseguir un cambio de manera radical, cambiando las prácticas tradicionales del sindicalismo.

Una vez organizadas… ¿qué reivindican las Kellys? La prohibición de las externalizaciones de la parte estructural de la empresa y ser consideradas como tal. Ello implica ir más allá de una equiparación en las tablas salariales, ir a sus derechos laborales y a un reconocimiento de un trabajo fuertemente invisibilizado. Cuando la Patronal y la UGT, ante el avance de la lucha de las Kellys, firman en solitario el Convenio de Hostelería de la Costa Blanca, relacionado con la reforma laboral del PSOE quedándose en la superfície del problema vemos el abandono y ninguneo al que están sometidas. Una firma que equipara a las camareras externalizadas con los internos en tablas salariales, medida insuficiente para las Kellys. Al igual que en una empresa de autobuses no se pueden externalizar a los conductores; el servicio principal del sector hotelero se calcula en camas ocupadas y por lo tanto las camareras de piso deben ser consideradas parte estructural de ese sector.

Mujeres de diferentes edades, con trayectorias vitales distintas se han organizado por si mismas en base a un probema común. Repensar y replantear las diferentes formas de lucha y la reconstrucción del sindicalismo; buscar estrategias ante un sistema que se adapta a las nuevas condiciones, hoy pasa por aprender y contar con las Kellys.