María Lobo Guerra y Víctor de la Fuente | En los últimos tiempos, venimos observando con preocupación el auge de la derecha más racista, populismos que hacen de la xenofobia y la protección de lo “nacional” su bandera, así como diferentes ejemplos del fascismo callejero más clásico. Todos ellos hacen de la precariedad impuesta tras la crisis financiera su caldo de cultivo perfecto para construir discursos donde el odio al extranjero y al diferente son el cemento para reconstruir proyectos políticos reaccionarios.

Este auge se aprecia en el terreno institucional, en países donde han alcanzado representación, o en Alemania, donde por primera vez desde 1945 nazis de la mano de la formación ultraderechista de tinte nacionalista y xenófobo AFD se convierte en la tercera fuerza política entrando en el Bundestag. Pero también con la aparición del llamado “fascismo pop”, el poder del discurso del movimiento all right estadunidense, confirmado en la victoria de Trump, o la suerte de sindicalismo del odio que actores como el HSM están practicando en nuestras calles, dando respuesta con su preferencia nacional a muchos españoles golpeados por las políticas neoliberales.

Este movimiento no es ajeno al estado español. Y parece haber tenido su clímax estas semanas con la eclosión de un nacionalismo español excluyente y la normalización y legitimación de la toma de medidas represivas y antidemocráticas, propias de un estado autoritario, como solución al “conflicto catalán” por una parte importante de la sociedad española. Todo ello acompañado por gran parte de los principales medios mediáticos, que blanquean y legitiman al nacionalismo español represivo y autoritario, cargado fuertemente con un tono machista.
Para añadir más confusión al tema, “en tiempos de la postverdad”, el lenguaje ayuda a la distorsión de la realidad y el apelativo fascista es usado por ejemplo, de manera imprecisa y peligrosa, pero intencionada, por Teófila Martinez del PP, contra Kichi, o nazis denuncian por delitos de odio a Garzón o Urban. Paco Frutos, ex líder del PC, en una manifestación convocada por la ultraderecha, llamando fascistas al independentismo catalán mano a mano con el PSOE, PP y Cs en la ciudad de Barcelona hace unas semanas.

Salvando las distancias, pareciera como si a modo de eterno retorno nietzscheano, la historia estuviera condenada a repetirse y el ascenso de los fascismos que vivimos a principios del siglo pasado, pudiera repetirse, aunque con circunstancias y expresiones diversas. Pareciera que no hubiéramos aprendido nada de las experiencias históricas vividas. No dejar ni un centímetro al fascismo y al racismo, al machismo en cualquiera de sus formas. No concebir el tiempo de manera lineal, pero tampoco pensar que estamos atrapadas en ciclos circulares inevitables, ayuda a salir de la pasividad a la que nos relegan esas concepciones, y nos motiva a pensar y ensayar fórmulas que nos permitan modificar aquello que parece inevitable.

Pensamos, que mirar hacia atrás nos permite aprender de los errores históricos, y la ausencia de interseccionalidad en las luchas, está en la raíz de muchos de esos errores. De la misma manera que entre el feminismo y el marxismo, se produjeron “divorcios”, la lucha clásica antifascista, parece haber estado desconectada de otros colectivos que han sufrido en primera persona las agresiones del fascismo y la extrema derecha.

La lucha antifascista debe ser transversal, ocupar espacios, ligarla a otras luchas, compartir un discurso, tejer redes y construir una identidad común no excluyente, que reemplace a la del “los españoles primero”, que no se base en un nacionalismo excluyente ni en la unidad, sino en la diversidad y una solidaridad no racista, así como valores feministas.

Por todo ello, se lanza un nuevo espacio antifascista en Madrid en el CSOA La ingobernable. Símbolo de la lucha popular contra la expropiación de los comunes, de lo que pertenece a todos y todas las vecinas de Madrid. Donde la solidaridad y la construcción colectiva no diferencian por ninguna razón. Y en cuyo origen está el objetivo claro de construir una ciudad diversa, solidaria y acogedora. En este marco nace MadriDiversa, un nuevo espacio antifascista en La Ingobernable, cuyos ejes de trabajo son la construcción de redes de solidaridad y apoyo mutuo, la diversidad y la heterogeneidad que siempre ha caracterizado a nuestra ciudad y la solidaridad vecinal contra el odio excluyente.

Tras estos meses de asambleas, este viernes hemos organizado un acto, que se divide en dos partes. En la primera, varios colectivos invitados explicarán las distintas formas de facismo, racismo y exclusión que se viven en nuestra ciudad, la PAH de Vallekas, colectivos feministas, colectivos de personas LGTBIQ, etc. Además debatiremos sobre el resurguimiento del nacionalismo español excluyente y las posibles respuestas o soluciones que podemos articular juntas, y después una fiesta para celebrar que Madrid es diversa.

Os esperamos a todos y todas el viernes 17 a las 19:00h en La Ingobernable.

Antifascismo o barbarie