Pepe Mejía | Desde hace 11 años ejerce Georgina Orellano como trabajadora sexual y está en la dirección de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR ) con más de 6.500 afiliadas. Se autodefine como “puta, feminista y anticapitalista”. Tiene un potente discurso que no deja indiferente a nadie. En esta entrevista opina sobre las relaciones con el movimiento feminista, el tema de la trata de personas y los principales problemas a los que se enfrentan las trabajadoras sexuales.

¿Cuál es el objetivo de su viaje y presencia en Madrid?

El objetivo del viaje y las visitas en Barcelona, Madrid, Amsterdam y Paris se deben a intercambiar experiencias sindicales y feministas con otros colectivos de trabajadoras sexuales y sus aliadas. Es poder transferir estrategias de organización y visibilidad que llevamos adelante en Argentina: como nos organizamos, que estrategias de incidencia política nos propusimos llevar adelante y como nos enfrentamos a las políticas prohibicionistas, que son similares a las que se quieren implementar en España. Generar alianzas, compartir herramientas… Vengo a conocer la realidad de otras compañeras.

¿Cuál es el origen y la trayectoria de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR)?

AMMAR es la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, un sindicato de Trabajadoras Sexuales que surgió en los años 90 como consecuencia de la vigencia de edictos policiales en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires que criminalizaban el ejercicio del trabajo sexual en la vía pública otorgándole poder a las fuerzas de seguridad para hostigar, violentar, coimear y detener a las mujeres entre 20 y 60 días. Hoy con 22 años de organización nuclea a 6.500 afiliadas y está presente en 10 provincias, además hace parte de la Central de Trabajadores y de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe-REDTRASEX. Nuestro principal reclamo es la descriminalización del trabajo sexual y el reconocimiento de derechos laborales, poder acceder a una obra social y realizar aportes jubilatorios.

¿Qué es una trabajadora sexual?

Una trabajadora Sexual en una mujer que ofrece servicios sexuales a cambio de una remuneración económica, pero no es la única que ejerce el trabajo sexual también hay mujeres trans, hombres trans y otras identidades que deciden ejercer la prostitución porque dentro de las opciones que están a nuestro alcance representa la mejor en cuestiones de autonomía y remuneración económica.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan las trabajadoras sexuales?

Los principales problemas se originan a partir de la clandestinidad de nuestro trabajo, el marco de ilegalidades a los que nos enfrentamos por no tener un vacío legal, el estigma social que predomina sobre nuestra actividad y nuestras vidas. La violencia institucional es una de las peores violencias que nos enfrentamos a diario, el tener que pagar sobornos a la policía, que los operadores judiciales ingresen a nuestros domicilios particulares y nuestros lugares de trabajo y nos roben las pertenencias de valor y nuestro dinero. El tener que trabajar en lugares ocultos, con malas condiciones laborales y expuestas a continuos abusos y vulneraciones de derechos y que el estado regule el trabajo sexual desde el derecho penal y no desde el derecho laboral como luchamos desde nuestro movimiento.

¿Cómo se manifiesta la represión hacia el colectivo de trabajadoras sexuales?

La represión proviene desde el mismo estado que despliega normativas que directamente nos terminan afectando y exponiéndonos a mayor vulneración de derechos. Prohibir ciertos espacios de trabajo sexual, equiparar nuestro trabajo con la trata de personas, aplicar ordenanzas que nos exponen a mayor
criminalización y persecución policial y no convocar a las mismas trabajadoras sexuales para llevar adelante políticas que mejoren nuestra calidad de vida. No solemos ser convocadas, es muy difícil que nuestras voces sean escuchadas y nuestras demandas siempre quedan afuera de las agendas.

¿Tenéis alianzas sociales? ¿Cómo os acompañan en la lucha diaria?

Decidimos construir alianzas cuando nos dimos cuenta luego de un largo proceso interno que solas no podíamos seguir porque cada vez nos autoexcluíamos más. En 2016 decidimos formar FUERTSA un frente que lucha por el reconocimiento de los derechos de las/os/es trabajadorxs sexuales integrado por académicas, referentes sociales, sindicatos, colectivos de la diversidad y disidencia sexual y feministas en alianza con el movimiento de trabajadoras sexuales. Llevamos adelante acciones que buscan visibilizar a nuestro sector y llevar nuestras voces y reclamos a casi todos los espacios de discusión, como también generar acciones para luchar contra la violencia institucional y brindar acompañamiento en casos de vulneración de derechos.

¿Cómo son las relaciones con el movimiento feminista? ¿Qué coincidencias y diferencias?

Durante mucho tiempo creíamos que todo el feminismo era enemigo de las putas porque muchas así nos han hecho creer por la forma en la que actuaban cuando nosotras participábamos de los espacios feministas. Recibíamos muchas agresiones y discursos muy violentos donde se nos intentaba trabajar la culpa y la vergüenza y se nos revictimizaba. Históricamente el discurso hegemónico que predominaba en los espacios feministas era el abolicionista que suele invalidar nuestra palabra y cuestionar las decisiones que tomamos sobre nuestros propios cuerpos.

Comprendimos que no hay un único feminismo sino que hay muchos tipos de feminismos y que de hecho a nosotras también el feminismo nos pertenece. Nadie tiene la autoridad moral para decir quien es o quien puede ser feminista y andar repartiendo carnets. El trabajo sexual es uno de los temas que divide a todo el feminismo, generando tensiones y discusiones interminables donde la intención de algunas es la división y obligar a posicionarse por uno u otro sector. Nosotras apelamos a que abracen la lucha de todas, de las que no quieran ejercer más el trabajo sexual
y deseen alternativas laborales como de las que queremos seguir ejerciendo el trabajo sexual pero amparadas por derechos laborales. Una lucha no invalida la otra, si seguimos divididas y enfrentadas termina ganando el patriarcado y mientras sigamos divididas, las personas que ejercemos el trabajo sexual seguiremos expuestas a mayor violencia institucional.

¿Cuál es su opinión sobre la trata de personas?

En Argentina, a partir del año 2008, se comenzaron a desplegar políticas prohibicionistas tendientes a combatir la trata de personas equiparando trata con prostitución. Es parte de la agenda abolicionista a nivel internacional luchar contra la trata pero solo atacando al mercado sexual cuando trata hay en
muchos otros mercados laborales como el trabajo textil y el trabajo rural. Nosotras somos las primeras que criticamos nuestras condiciones laborales y no desconocemos que hay explotación y condiciones indignas de trabajo. Creemos que esto es consecuencia del sistema capitalista y no de un mercado laboral en particular. También que la mejor manera de luchar contra la trata es reconociendo derechos y no negándolos. Es dejar de creer que a través del derecho penal se va a solucionar un problema social, es crear políticas públicas con presupuesto que generen mayor emancipación y autonomía a las mujeres y dejar de apelar al
punitivismo como respuesta a todo.

En nuestro país se ha prohibido desde cabarets, whiskerias, casas de citas, bares, clubs nocturnos, publicitar en avisos clasificados y sumado a eso en 18 de las 24 provincias está prohibido el trabajo sexual callejero. No es que se combatió la trata de personas sino que el trabajo sexual sigue existiendo en lugares muchos más ocultos y clandestinos donde se han triplicado los abusos. La trata de personas en Argentina esta ideológicamente vinculado con las desaparecidas en democracia, no es como en Europa que tiene que ver con la migración.

¿Tú estarías de acuerdo en hacer de tu cuerpo una mercancía?

Creo que todos los cuerpos dentro del sistema capitalista terminan siendo mercancía. Un trabajador o una trabajadora termina generando ganancias para un tercero con una parte de su cuerpo como las manos, las piernas, la espalda, los conocimientos. El eje de la discusión acá se centra con que parte del cuerpo trabaja la prostituta y que carga moral y valor desde la sacralidad se le da a
la genitalidad sobre todo de la mujer. Genera tensiones que una prostituta genere ganancia con el sudor de su vagina y no con el sudor de su frente. Nosotras ofrecemos un servicio, no vendemos el cuerpo, el cuerpo lo tenemos con nosotras en todo caso trabajamos con una parte de él como la gran mayoría de los y las trabajadores/as.

¿Cuál es su opinión sobre el ofrecimiento de servicios a través de la prensa? Aquí en España los medios más conservadores, católicos y abolicionistas, como el ABC o La Razón, se han lucrado con la publicación de estos anuncios.

En nuestro país se llevó a cabo un decreto presidencial prohibiendo los anuncios como una manera de combatir la trata de personas, esto solo generó mayor precarización laboral para nosotras. Los anuncios se trasladaron  a otros rubros/secciones donde se encarecieron los precios y debemos publicar los servicios de manera engañosa, trasladándose la demanda en páginas webs que antes de la prohibición del rubro eran gratuitas y al comenzar a tener mayor demanda comenzaron a cobrar. Quienes no tienen  el
poder adquisitivo para sostener el alta en la página web pensamos otras estrategias y apelamos a los volantes en la vía pública, que fueron super atacados por juntas vecinales y agrupaciones abolicionistas culpabilizando  a las trabajadoras sexuales de violentar la imagen de las mujeres y ubicándola socialmente como un objeto sexual. Esto generó mayor estigma y aislamiento social hacia nosotras, empujándonos  a tener que ocultarnos, trabajar fuera de la ciudad. Lo vinculan con la trata cuando es absurdo creer que una red de trata dejará su número de teléfono y dirección en un volante a la vista y en las zonas céntricas más transitadas de las grandes ciudades. Prohibir no es la solución. Si no quieren nuestros volantes en la calle se deberían plantear políticas feministas como otorgarle créditos a las trabajadoras sexuales para que autogestionen sus propias páginas webs sin tener que buscar la protección en terceros.

Se debería trabajar en articulación con las trabajadoras sexuales y no con otras personas que hablan y decidan por nosotras. Como si nosotras no tuvieramos la capacidad de decidir por nosotras mismas. Siempre desde AMMAR decimos que no necesitamos de iluminadas sino que necesitamos ser escuchadas.