Adolfo Allué | En las últimas semanas Zaragoza ha conocido un aumento preocupante de la extrema derecha, si bien no ha habido agresiones graves como en Valencia o Barcelona. En realidad, se trata más bien de un conglomerado de españolismo profundamente antidemocrático formado por neonazis, miembros de Falange y simpatizantes de PP o Ciudadanos con diferentes grados de discurso reaccionario.

El 24 de septiembre juntaron cerca de quinientas personas para acosar a los representantes políticos que se reunían en el Pabellón siglo XXI para promover el diálogo en el conflicto de Catalunya. Allí se mezclaban banderas franquistas y monárquicas con nazis que llevaban camisetas de Europa defense y banderas con cruces celtas. Miembros de Sijena Si repartieron octavillas sobre los bienes eclesiásticos antes del cerco, pero parece que se retiraron al ver la gente que iba llegando convocada desde las redes sociales (MSR, miembros del PP, etc.).

El acto dentro del pabellón estaba organizado por Unidos Podemos y Zaragoza en Común. La decisión de hacer una reunión solo con cargos públicos fue un error político que dio alas a los sectores reaccionarios. No se convocó a los simpatizantes de UP o ZeC para arropar el acto y hacer un mitin como demostración de fuerza. La ausencia de llamamientos a la movilización por parte de la dirección estatal y aragonesa de Podemos e IU se repetirá en las semanas siguientes.

El momento culminante de la movilización españolista y reaccionaria tuvo lugar el mismo 1 de octubre cuando consiguieron juntar cerca de cinco mil personas en la plaza de España de Zaragoza. La comunicación la hizo Falange, aunque la convocatoria era de Plataforma Ñ. Norberto Pico, dirigente de Falange, fue uno de lo oradores principales. Con posterioridad han surgido desavenencias entre estas dos formaciones, con críticas de Víctor Salvo de Plataforma Ñ por el excesivo protagonismo de Falange en el acto.

El 4 de octubre, desde las redes sociales, se convocó una concentración de apoyo a la Guardia Civil y a la Policía Nacional delante del cuartel de Puerta del Carmen. Dicha convocatoria contó con la colaboración del periódico Heraldo de Aragón, que difundió ampliamente la cita. Unas dos mil personas, muchas de ellas familiares de miembros de cuerpos policiales, acudieron a la concentración.

Para dar una imagen más completa de la situación es necesario señalar que diferentes colectivos de izquierdas convocaron a trescientas personas y luego a cerca un millar en diferentes movilizaciones por el derecho a decidir en Catalunya y en apoyo al referéndum del 1 de octubre. También la iniciativa Hablemos juntó esos días a entre dos mil y tres mil personas en la plaza del Pilar en defensa del diálogo.

En Zaragoza hay gran cantidad de banderas rojigualdas en los balcones de la ciudad, sobre todo en las calles de las clases medias y altas. En este sentido, resulta significativo un incidente que ocurrió en el popular barrio de San José cuando cincuenta motoristas que acudían a una manifestación por la unidad de España estuvieron pitando e insultando, durante cerca de media hora, debajo de un balcón con una bandera republicana hasta que consiguieron que la vecina la retirara.

En otro caso circuló por redes una convocatoria fascista para acudir a un concierto en la calle de Derechos Civiles 15M que criticaba a la UAPO (unidad especial de la policía local). Unos trescientos antifascistas se juntaron desde primera hora y no hubo presencia de la extrema derecha.

Se ha pasado de las actividades minoritarias del ya prácticamente abandonado Hogar Social neonazi en el barrio de Las Fuentes (el juicio de los 10 de Zaragoza fue por un intento por parte de más de un centenar de jóvenes antifascistas de impedir un concierto nazi en ese local) a un aumento de la presencia de ese sector “unidad de España”. No todos son nazis ni falangistas, pero tampoco tienen problema con consignas racistas, amenazas de muerte a periodistas o llamamientos a la violencia contra la izquierda por muy moderada que sea. Les une un anticatalanismo rampante, un sois españoles y punto. Pero su objetivo va más allá: tratan de ganar las calles y así impedir cualquier protesta social de la izquierda o los movimientos sociales.