Nota: este texto es una adaptación de la intervención de la autora en el acto público “¿Ser Anticapitalista hoy?” dentro de el encuentro “Volvemos a las calles” organizado por Jóvenes Anticapitalistas

Julia Cámara |

“El socialismo por el que nosotras y nosotros luchamos tiene que ver con cómo entendemos y desarrollamos nuestra actividad política. Tiene que ver también con el desarrollo de las luchas concretas de mujeres en defensa de sus intereses más inmediatos, el desarrollo de la conciencia feminista entre las mujeres y en el conjunto de la sociedad. El movimiento feminista es el motor y el sujeto de cambio de la situación de las mujeres. (…) Todo esto tiene unas claras implicaciones para el partido, como parte de la vanguardia revolucionaria; por su capacidad para unificar las reivindicaciones que expresan los distintos movimientos en su proyecto global de transformación social, tiene la responsabilidad histórica de situar en su trabajo, programa y estrategia, la perspectiva histórica de liberación de las mujeres”. 

Las líneas que abren este texto se corresponden con varios fragmentos de las tesis 17 y 18 aprobadas en el VIII Congreso de la Liga Comunista Revolucionaria en 1989. Creo que, a pesar del tiempo, reflejan bien la manera de entender el mundo de quienes creemos que sin emancipación de las mujeres no hay emancipación humana y que, sin socialismo, no hay emancipación alguna posible.

Venimos de una corriente que, con sus errores y limitaciones, supo abrir el marxismo y comprendió la dimensión estratégica del movimiento de mujeres y del feminismo en su conjunto. No se trataba solamente de que, como decía Lenin, las mujeres tuviéramos que “salir de la esclavitud” porque en caso contrario la mitad de la clase seguiría en ella, sino de comprender que nosotras mismas constituimos un sujeto político estratégico para la ruptura del marco social existente.

Somos feministas, en primer lugar, por necesidad. Porque un día nos violaron o porque sobrevivimos a una relación de mierda, porque se lo debemos a nuestras madres y a nuestras abuelas que se dejaron la vida en trabajos precarios y mal pagados luchando por un futuro para nosotras, porque no aguantamos más el que salir de fiesta o incluso a la calle sea sinónimo de ser acosadas y porque estamos hartas de maltratar nuestro cuerpo para intentar parecernos a esas mujeres de las vallas publicitarias que no existirán jamás en la vida real.

Pero somos feministas, también, por comprensión. Porque comprendemos que el Capitalismo es un sistema asesino frontalmente opuesto a la vida, que se reproduce mediante la destrucción del planeta y la explotación de la clase trabajadora, sí, pero también mediante la expropiación de nuestros cuerpos y la imposición de unos trabajos de reproducción y cuidados no reconocidos ni remunerados, desprestigiados e infravalorados, sin los que la sociedad no podría seguir existiendo.

El pasado 8 de marzo, recogiendo las experiencias de los movimientos de mujeres del Estado español (donde, el 7 de noviembre de 2015, se logró no sólo la paralización de la contrarreforma de la ley del aborto sino también la dimisión del ministro Gallardón), Polonia, Estados Unidos con la “Women’s March”, Argentina o Italia con “Non una di meno”, mujeres de diferentes países promovieron una Huelga Internacional de Mujeres que supusiera un salto cualitativo en la lucha contra la opresión que vivimos.

Somos las mujeres quienes movemos el mundo. Somos nosotras quienes parimos, quienes criamos, quienes acompañamos a nuestros mayores, quienes cuidamos y quienes nos desgastamos física y emocionalmente para que cada día masas de trabajadoras y trabajadores salgan de casa limpios, alimentados y sanos a producir para un sistema que los devora y los devuelve a casa gastados, exhaustos y sin ganas de vivir.

Somos las mujeres quienes, cuando salimos ahí fuera, ejercemos los empleos peor pagados, los que nadie quiere, los más precarios e inestables y los que más ansiedad vital generan.

Somos las mujeres las que, si paramos, tenemos la capacidad de pararlo todo.

El pasado mes de septiembre, compañeras de todo el Estado se dieron cita en Elche, Alicante, en una Asamblea General que comenzó a preparar las cuestiones legales, de organización y estrategia necesarias para lo que viene. En apenas mes y medio se encontrarán (nos encontraremos) de nuevo, esta vez en Zaragoza, para seguir dibujando las formas y el relleno de una jornada de lucha histórica. Porque el próximo 8 de marzo, las mujeres de todo el mundo vamos a ir a la Huelga.

Como feministas, como revolucionarias, tenemos la responsabilidad histórica de construir esta huelga. En cada instituto, en cada universidad, en cada centro de trabajo pero también en cada casa, en cada cocina y en cada cama, el 8M las mujeres paramos.

Como responsables de conservar la vida, nos negamos a seguir sosteniendo un sistema asesino que se empeña en exterminarla. Nos necesitamos organizadas y conscientes, porque tenemos claro nuestro horizonte: cambiar el mundo y transformar la vida, que son, al fin y al cabo, la misma cosa.