Juanjo Álvarez – Entrevista a Diego Sanz Paratcha | Antes de comenzar la entrevista en un bar de Tirso de Molina, Diego comenta la situación en el barrio vallecano de San Diego, donde la creciente aparición de puntos de venta de droga y la violencia que produce – que ha llegado ya a provocar enfrentamientos a tiros – ha provocado reacciones espontáneas de protesta y una manifestación vecinal. Diego Sanz Paratcha, miembro de PAH Vallekas, periodista y militante con mucho callo en el barrio, nos asegura que hay buenas fuentes, y buenos motivos para creerlas, que dicen que la Policía Nacional no va a echar a los traficantes, y habla de la preocupación por la previsible expansión del problema a otros barrios populares y por la aparición de un discurso securitario como única respuesta institucional que se corresponde, en este caso, con un populismo mal entendido que es incapaz de cuestionar los tópicos más inmovilistas de la sociedad neoliberal.

 

¿Crees que esto puede ser un punto de inflexión en la forma de actuar del gobierno de Ahora Madrid en Vallecas?

No conozco al detalle Ahora Madrid en Vallecas, pero sí creo que lo que vaya a suceder a partir de ahora va a depender muy poco de los actores vallecanos, y también de Madrid. Si van a llegar los recortes, esos cinco millones de los que habla Paco Pérez (concejal presidente del distriro de Vallecas), por la ley Montoro, y si va estar unido a esa dinámica general de vuelta de los recortes a Madrid, entonces eso desborda la política local o de barrio, es un tema estructural, de fondo. ¿Cómo va a manejar eso Paco Pérez, va a suponer algún cambio? Creo que no porque él tiene a las familias internas bien sujetas. Ahora bien, se abre un juego interesante con, por ejemplo, la asociación de vecinos (AV Puente de Vallecas), que los ha apoyado mucho pero en el último comunicado ya les achacan algo de responsabilidad. Hasta ahora toda la crítica cargaba mucho en el gobierno central, bastante al gobierno de Cifuentes, un poquito al Ayuntamiento y nada a la Junta. No creo que vaya a suponer un gran cambio pero sí algo de tensión entre asociaciones y Junta de Distrito. Pero aquí hay un tercer nivel que es el del espontaneismo, que hizo que se movilizara antes el vecindario que la asociación de vecinos. Ahí se abre un juego. El ayuntamiento, o la Junta, si se le pone muy díscola la asociación, puede apelar al vecindario no organizado, en la línea populista equivocada, lanzando un discurso securitario. Cuando no tienes margen de maniobra porque el PP está dispuesto a arrollarte políticamente y a llevarse a quien sea por delante – si es un barrio entero les da igual, han demostrado que Vallecas no les importa nada – puede ser muy tentador hacer discursos securitarios, porque parece que es ahí donde puedes hacer política y ganar una base. Si no puedes desobedecer al PP de los recortes, si los recortes los tiene que ejecutar tu gobierno, entonces tal vez tu capacidad de movimiento está en apelar a esa parte de la población que fue la que primero se movilizó con las caceroladas, en San Diego y Monte Igueldo. Ahí tienes una composición muy variada, gente del barrio de toda la vida pero también lo que llamamos la gente de los áticos, que es gente de clase media que ha ido entrando a vivir ahí; una composición muy variada, muy compleja, aunque en las manifestaciones esta variedad se limita a la población blanca en un barrio que tiene un 25 o 30% de población extranjera y donde esta población es, de media, diez años más joven que la española. Es decir, que si hubiera que hacer una asamblea de gente de 30 años para abajo estas asambleas de las caceroladas tendrían una representatividad nula. Por eso es un populismo muy burdo, porque toma una parte por el todo y encima se basa en un discurso securitario que ni siquiera tiene alcance para los que deciden cuáles son las políticas de seguridad, porque tienen muy claro que Puente de Vallecas es un punto donde tener la venta de drogas controlada.

 

Esto nos permite continuar con dos temas importantes. En primer lugar, podría parecer que durante años Vallecas ha asumido el abandono institucional con una reacción identitaria como barrio resistente, a la contra, como si esa imagen de sí mismo representara una cierta forma de compensación frente a la marginación. ¿Es posible que la llegada de un gobierno “del cambio” pueda afectar a ese equilibrio y estar relacionada con la aparición de nuevos sujetos en el barrio?

Es difícil contestar a esa pregunta porque el tejido social madrileño está muy atomizado y ahora hay muchísima variedad, con movimientos que tiran cada uno por su lado… en este momento el elemento más repetido es el securitario y de la droga. Eso nos dice dos cosas. Primero: qué poco alcance tienen, incluso para nosotras mismas, nuestros planes de calidad de vida, de planes específicos de empleo, de renta… tan poco alcance, que nunca nos unimos con eso. Porque esa manifestación la podíamos haber hecho sólo con la parte del abandono institucional, dejando la parte securitaria fuera. Nos habríamos juntado unas cuantas, pero no tantas… esto nos muestra que el tema securitario tiene impacto, responde a un tipo de crisis y de inseguridad que tiene muchas implicaciones que está ahí sin ponerle nombre, sin que nadie se esté ocupando demasiado de ellas. Creo que esto está ahí y va a tener consecuencias, aunque aún va a tardar en verse lo que va a suponer para Vallecas este retorno más masivo de la droga y qué tipo de brechas abre eso en el tejido asociativo y en la propia subjetividad del barrio. Todos los distritos obreros tienen una identidad muy marcada por cómo entró la droga en los 70 y los 80 y como afectó eso a una generación; eso está aún muy presente, pero esto que está sucediendo es nuevo. Vuelve la droga, como un bumerán, pero vuelve a un barrio distinto. La solidaridad vecinal es más débil, aunque hay un tejido vecinal activo, una hegemonía y una legitimidad que se han visto en el proceso de las protestas. El tejido vecinal ha sido capaz de orientar y dejar fuera los componentes más peligrosos, pero en una situación mucho más frágil, con una media de edad mucho más alta… Entonces, cómo va a afectar esto ahora a ese barrio, a la subjetividad que hay en el barrio, a la manera de tragarse los problemas y vomitarlos luego con distintos tipos de discurso… eso es completamente nuevo y hasta que no se produzca no lo vamos a saber. Se relaciona con la pregunta que hacías antes, sobre la política de Ahora Madrid, creo que sí afecta, muy lentamente. Tal vez se oriente a una política de base, de vincular la política con los movimientos sociales.

 

El otro tema que te quería plantear está muy unido a este. ¿Crees que la fricción que se ha dado entre los movimientos sociales y los llamados “municipios del cambio” puede crecer con esta reactivación del movimiento de calle en Vallecas?

Eso depende de la capacidad de los movimientos para crecer y para desbordar las lógicas institucionales. No soy particularmente optimista con eso… Son temas de medio y largo plazo. Tiene que ver con la capacidad para vincularse con la presencia racial y migrante, para apelar a ellas, y de organizar a la parte que está siendo jodida por esas políticas de empobrecimiento masivo, y además de hacerlo poniendo en tensión a los demás barrios en torno a esta idea de la desigualdad que va creciendo. Creo que ahí sí hay un eje de discurso que va a ir creciendo en los próximos años, también por parte de las asociaciones de vecinos, y es que Madrid es una ciudad donde está creciendo la desigualdad, y Ahora Madrid no está haciendo gran cosa para cambiarlo, ni siquiera a nivel de discurso. Si escuchas los discursos de Manuela Carmena no oyes a una persona que tenga la desigualdad social y territorial ni en el número diez de sus temas, no lo menciona, no habla de una ciudad desigual, habla de una ciudad más dialogante, más amable, más segura, pero no habla de una ciudad menos desigual. Ahí el frente de lucha está claro… que los que nos llamamos movimientos sociales seamos capaces de armar ese frente de lucha, está en el aire. Gran parte del tejido social está muy atado a la governance, a una gobernanza de la ciudad que es la que sí ha conseguido montar Ahora Madrid. No es una cooptación clásica al estilo de la de los años 80, que fue una trasvase de cuadros de los movimientos a la institución, esto es una cosa más compleja y más viscosa, es que los diagnósticos, los presupuestos los hace gente vinculada a los movimientos, los planes de actuación local, participa en esto, participa en aquello… Esto no quiere decir que estés al margen de ellos o que te enfrentes a ellos constantemente, pero tienes que tener un ritmo propio, un discurso propio, un elemento propio de activación que no sea el de esos espacios de gobierno, porque ahí te vas a encontrar con mil mediaciones… ahora estaban diciendo que querían poner a la Policía Nacional a mediar en los deshaucios, y eso es parte de la política que se supone positiva en AM, pero lo que está haciendo es dejar fuera, en una situación de vulnerabilidad, a la sociedad organizada, que estaba ya mediando, con lo cual estás generando vulnerabilidad y aislamiento del tejido social. Esta gobernanza es lo que nos tenemos que cuestionar, porque si no quedaremos atrapados en esos mil procesos, que pueden ser interesantes, puedes hacer cosas, pero no quitan que el movimiento tenga que tener otra pata para hacer algo potente, aglutinador, por el derecho a la ciudad, contra la desigualdad, que sea claro, capaz de poner los grandes temas sobre la mesa. Es decir, no entrar en veinte reuniones al año para ver dónde poner unas fuentes mientras la operación Chamartín no se discute más que marginalmente en el barrio de Chamartín, cuando es un tema central para toda la ciudad. En los Foros Locales nunca se va a hablar de eso.

 

¿Esto puede tener que ver con la dificultad que tiene el gobierno de Ahora Madrid para afrontar el hecho de que la política es conflicto?

Lo doloroso es que ese discurso no es de Manuela Carmena. Hay que ser autocríticos y asumir que en los movimientos sociales, sobre todo en la última etapa, anterior al 15M, pero también durante y después del 15M, se han asumido presupuestos que son neoliberales, que tienen que ver con la gobernanza neoliberal, con el tema del emprendimiento, ciertos sectores de la economía social, cierta pretensión de que los movimientos sean un espacio para la revolución de las clases medias, con lo cual ya tienes servida la participación institucional – ¡claro que me apunto a los presupuestos participativos, porque la cooperativa que lo va a elaborar es la mía! – y fundamentalmente estamos hablando de eso. Hay que ser completamente autocrítico y saber de qué estamos hablando. Entonces, ¿había gente, capacidad y calidad para desbordar ese marco institucional? Yo creo que la había. El problema es que estamos ocupados en ese tipo de gobernanza que no es que nos la hayan construido, no podemos decir que Manuela Carmena y su equipo hayan pervertido lo que en su día era una apuesta radical por la descentralización, etc… no, no, es que en esa apuesta había muchos ingredientes neoliberales, de gobernanza, de comunitarismo mal entendido, así que si no pones la cuestión de la desigualdad y la cuestión de la clase en el centro, no avanzas. Y los movimientos sociales, de hecho, no la han puesto, por lo menos los de Madrid. Ha sido una cuestión muy secundaria, todos estos años, y ahora estamos pagando esos platos rotos.

 

En parte ya ha ido saliendo en la conversación, pero ¿cuál dirías que el elemento central de la movilización de estas semanas en Vallecas?

Creo que lo central es el papel del tejido vecinal – que no es sólo la AV, también ciertos proyectos cooperativos o mediadores vecinales – que hace una “voladura controlada” del proceso espontáneo que la gente de la calle Monte Igueldo estaban poniendo sobre la mesa. ¿Durante cuánto tiempo será posible eso? Depende de que seamos capaces de darle la vuelta al calcetín. Había ciertos elementos anti-establishment en la protesta, eso es interesante. Hay que radicalizar; cuando digo darle la vuelta al calcetín me refiero a eso, a radicalizar ese marco, en el que estamos los movimientos. Eso implica salirse de ese marco estrecho en el que nos ha sumido la gobernanza neoliberal, ahora con Manuela Carmena y en su momento con Gallardón. Radicalizar supone darle la iniciativa a ese descontento espontáneo y no organizado pero no para reconducirlo hacia un ámbito en el que lo central vuelve a ser la negociación y la interlocución con la institución, sino en el que lo central sea la autorganización y la autodeterminación del vecindario. Eso implica muchas cosas, implica radicalizar la cuestión de la vivienda, el conflicto con los fondos, presionar para que los nombres de esos fondos – que permiten la venta de droga en locales ocupados – aparezcan, porque la Junta no los está mostrando, y si es necesario ocupar viviendas. Hay que hacerlo desde el vecindario, si es necesario lograr una visibilización más fuerte del problema habrá que hacerlo, reconducirlo por ahí, porque si simplemente te quedas en una función de ligazón con el establishment, los vecinos se te van a ir.

 

Si entras en esa dinámica de auto-organización y conflicto, al tejido vecinal lo pones en aprietos, porque llevan años en la dinámica opuesta, la de concertación. ¿Hay margen?

Esperemos que sí. Esto no es todo o nada; yo estoy hablando, a nivel muy rudimentario, de dos opciones “puras”, pero es una mezcla de ambas. Será una mezcla con más confrontación en el marco de una concertación que va a ser cada vez más difícil, porque esos dispositivos de atención, de cogestión ciudadana son extraordinariamente precarios, y ya en la última época de Gallardón arrastraban importantes conflictos laborales con la propia FRAVM, porque cuando se corta el grifo del dinero, el que ejecuta el recorte es la entidad ciudadana, así que es extraordinariamente frágil. La cuestión es cómo hacemos para que en esa mezcla haya más elementos de radicalidad que de continuidad. Ver cómo hacemos para que en ese descontento, muy desorganizado, que tiene elementos muy ambivalente, donde caben factores de clasismo, de xenofobia, dentro de algo que no es establishment, no primen los elementos más negativos. Si puede ser, con el tejido vecinal, pero radicalizándolo. Suena un poco de vanguardia, es de vanguardia, pero realmente no va a haber muchas más opciones. Puede haber una intervención como la de ahora, que sofoca, pero a la larga te hace perder legitimidad.

 

¿Es posible que esto derive en movimientos de culpabilización o criminalización de minorías, en concreto de migrantes y prostitutas?

Eso pasa por tratar de que esos colectivos hablen, lo cual puede ser un brindis al sol, porque si no hay organizaciones mediante las cuales puedan hablar, habría que crearlas de cero. Con las organizaciones de prostitutas estaría bien hacer algún tipo de acción, charlas, presentaciones, para poner en contacto con el mundo vecinal, donde el diálogo no va a ser fácil, porque se han defendido posturas radicalmente abolicionistas, lo cual es como un muro; puedes defender posiciones abolicionistas pero tienes que incorporar la visión de estas mujeres y puede haber un punto de acuerdo, pero no focalizar exclusivamente en los pisos de prostitución sin verlo desde su punto de vista. Y en cuanto a migrantes, estamos empezando a ver las primeras movilizaciones, con mucha gente joven con un discurso claro de protagonismo, y creo que ahí hay muchísimoo que crecer siempre que no se traduzca en un aggiornamiento del mundo ONG, que puede encontrar una cantera de portavoces europeo que nunca habían tenido portavoces no europeos. Si lo que realmente que abona esto es un movimiento migrante autónomo, auto-organizado, fuera de la denuncia y la gestión de recursos de las ONG, entonces hay mucho que hacer. Yo soy cauto, porque es verdad que hay un protagonismo racializado, de segundas generaciones, pero como fue Juventud Sin Futuro en 2011, es decir: “somos jóvenes, racializados, pero somos fundamentalmente clase media universitarios, y lo que demandamos es un huequito en este tinglado, no lo cuestionamos”. Haces que los movimientos sean una palanca para la reproducción social. Veamos cómo evoluciona, es muy pronto, pero hay movimientos muy prometedores para que hablen los afectados. Lo que nosotros [PAH Vallecas] hemos hecho al respecto, con cierto éxito, es conseguir que el manifiesto, y en general de la movilización, invitara a las vecinas que están ocupando casas a organizarse y luchar contra los fondos. Eso es un punto de vista muy diferente al que proponían inicialmente las convocatorias vecinales, hablaban de familias con problemas y fondos que son malos, pero al victimizar no haces que el problema se asuma seriamente y la gente piense en cómo le afectan las mismas medidas que está reclamando. Si lo tomas como parte de tu lucha, entonces legitimas que esas personas hablen y te digan, por ejemplo, que la mediación de la policía no les parece bien, porque les van a echar y a los narcos les van a dejar donde están, que es lo que está pasando. Ahí se abre una intervención interesante, pero nosotras la hemos podido hacer porque ya teníamos esa legitimidad, porque esas familias, algunas, ya están organizadas en la PAH. En el caso de las mujeres que están en pisos de prostitución, no conozco una organización. Y en el caso de los migrantes, me cuesta creer que haya muchos puntos de contacto entre la gente que organiza la manifestación de grupos racializados y la juventud racializada vallecana.