Amelia Martínez Lobo | Nadie, nunca, abandona sus privilegios por las buenas. Y esa es una lección bien aprendida y aprehendida de multitud de luchas obreras, sindicales o sociales, pero sobre todo de las luchas feministas.

El papel de la mujer está en el epicentro de los movimientos emancipatorios del pueblo kurdo. La fuerza del movimiento militante de mujeres kurdas representa la mayor amenaza para el sistema y para los gobiernos de los estados opresores del pueblo kurdo.

Esta amenaza es tal que incluso se ha tratado de cosificar a las guerrilleras kurdas con la divulgación de imágenes de mujeres jóvenes y hermosas, utilizando todos los cánones heteropatriarcales y de masculinidad tóxica a disposición del sistema, con el objetivo de debilitar al propio movimiento de mujeres del Kurdistán.

El gobierno de Erdogan ha recrudecido sus políticas ultraconservadoras, llegando a rechazar la igualdad entre hombres y mujeres, normalizando la cultura de la violación y alimentando el odio y la discriminación mediante el uso de discursos misóginos y homófobos.

El HDP es el único partido de oposición progresista de izquierda que queda en Turquía con una agenda basada en la protección de los derechos seculares, de diversidad, pro-minorías, pro-mujeres, pro-LGBT y ecologista.

Tras las elecciones locales de 2014, cuando el HDP ganó en 106 municipios, 96 de ellos fueron gobernados por mujeres. El HDP funciona con un sistema de copresidencias, una política del movimiento de liberación kurdo que asegura el liderazgo compartido entre una mujer y un hombre, yendo un paso más allá de las listas paritarias o del sistema cremallera. En los municipios gobernados por el HDP se han implementado políticas municipales con perspectiva de género: igual participación de hombres y mujeres; creación de centros específicos de ayuda a mujeres que han sufrido violencia machista; puesta en práctica de un teléfono de ayuda a mujeres maltratadas; apuesta por la creación de guarderías (en las que niños y niñas puedan hablar en su lengua materna); y se declaró el 8 de marzo día festivo, entre otras medidas con perspectiva de género implementadas en tiempo récord.

Sin embargo, tras la declaración del estado de emergencia tras el fallido golpe del 15 de julio de 2016, Erdogan ha podido tomar medias de excepción democrática que suponen carta blanca para aplicar cualquier medida represiva, retrograda y misógina y que permite al gobierno del AKP, liderado por el propio Erdogan, girar hacia una deriva autoritaria sin ningún tipo de control democrático.

A las detenciones ya conocidas de periodistas, escritores, profesores, defensores y defensoras de los derechos humanos, personal médico, funcionarios (más de 140 000 funcionarios públicos, entre ellos más de 7000 profesores y profesoras despedidos en una auténtica purga realizada después del intento de golpe de Estado) hay que sumar la regresión en políticas a favor de los derechos de las mujeres, principalmente en lo que se refiere a las mujeres kurdas.

El ataque es directo. El ataque y la presión se han dirigido especialmente contra el sistema de copresidencia, que garantiza la participación y presencia de las mujeres de una manera más equilibrada, justa y realista que cualquier sistema paritario que conocemos a este lado del Mediterráneo. Pero también se ha cortocircuitado gran parte del trabajo realizado en los gobiernos municipales del Kurdistán donde gobernaba el HDP. Más del 50 % de estos municipios fueron revocados y se ha impuesto una gestora desde Ankara aplicando la excepcionalidad democrática que le otorga el estado de emergencia. Además de ser un golpe de Estado en toda regla, el quebranto de los cimientos básicos de la democracia y no respetar la democrática decisión de los pueblos ha supuesto un retroceso en todas las políticas progresistas, transformadoras y feministas llevadas a cabo por los municipios gobernados por el HDP: se han eliminado todas las políticas y el trabajo municipal vinculados a las mujeres, se han cerrado centros de atención a mujeres y los despidos así como las detenciones se han ensañado especialmente con las mujeres: 103 mujeres han perdido sus trabajos en los ayuntamientos gobernados por el HDP y decenas de representantes del HDP están en prisión.

La política actual del gobierno de Erdogan de sustituir los gobiernos municipales por gestoras muestra importantes similitudes con la intervención de una junta militar para legitimar instituciones políticas después de un golpe militar. A este respecto, es justo decir que el gobierno actual viola los principios democráticos como lo haría un gobierno militar.

Durante su corto período en el poder, las municipalidades del HDP han desarrollado una nueva perspectiva que prioriza la igualdad de género y la libertad de las mujeres frente a la opresión masculina. El sistema de co-alcalde, que garantizaba la participación de las mujeres en los principales mecanismos de toma de decisiones, era una extensión natural de esta nueva perspectiva (en la que la perspectiva feminista está en el centro de las políticas) promovida por los municipios del HDP después de las elecciones locales de 2014.

Cuerpo de la mujer como campo de batalla

Históricamente, el Estado turco ha utilizado la violación y la tortura sexual, incluidas las “pruebas de virginidad” post-mortem, para disciplinar y castigar a los cuerpos de las mujeres.

Las mujeres de la HDP y el DBP no encarnan las ideas burguesas de la política representativa y el feminismo corporativo. Casi todas las mujeres con responsabilidades políticas que actualmente están bajo ataque han pasado largo tiempo en prisión, han sido objeto de la brutalidad policial, de tortura sexualizada, intentos de asesinato o algún tipo de tratamiento violento por parte del Estado.

Por otro lado, no es de extrañar la posición de unas instituciones europeas donde se perpetúa la feminización de la pobreza y se apuesta por la militarización y la inversión en la industria militar y armamentística, una industria que fomentará más conflictos armados en donde las mujeres y las niñas sufren violencias específicas, como la violencia sexual y otros crímenes de guerra. O que sigue sin aplicar medidas radicales para eliminar la violencia contras las mujeres (un 33 % de las mujeres europeas admiten haber sufrido violencia física o sexual y un 55 % haber sido acosadas sexualmente, pero sin embargo el 27 % de los ciudadanos de la UE justifica este abuso sexual en determinadas circunstancias, según una encuesta realizada recientemente).

Los próximos 6 y 7 de diciembre tendrán lugar los juicios contra los copresidentes del HDP Selahattin Demirtas y Figen Yüksekdağ. En el caso de Demirtas habrán pasado 399 días de arresto, desde que el pasado 4 de noviembre de 2016 fue detenido y encausado con más de 30 cargos, entre los que destacan cargos criminales con la aplicación de la ley antiterrorista. Son los mismos cargos que les aplican de manera sistemática a todas las personas que detienen: profesores, funcionarios, defensoras de los derechos humanos.

Las instituciones internacionales, sobre todo la Unión Europea, han fallado al pueblo kurdo para apaciguar a Erdogan. El resultado de la política europea con Turquía desde el inicio de las negociaciones para su ingreso en la UE ha acelerado el retroceso en democracia y derechos en Turquía, ha otorgado más poder a Erdogan para chantajear a Europa, ha contribuido a alimentar a los extremismos y ha ampliado la brecha política entre Turquía y una UE, que no puede quedarse sin actuar ante las graves violaciones cometidas en un país tan cercano como Turquía y con tantas conexiones con Europa.