Carlos Morales | El pasado domingo 19 de noviembre se desarrolló un nuevo proceso electoral en Chile: presidenciales, parlamentarias (con la renovación de la totalidad de los diputados y la mitad del Senado) y de Consejeros Regionales. Este séptimo proceso eleccionario presidencial, desde el término de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet, continuó con la tónica de las últimas votaciones: triunfo de la abstención, con cerca del 54% del padrón electoral sin sufragar. Las chilenas y chilenos que se dieron cita en las urnas, no determinaron una mayoría para la conducción del país a pesar de lo variopinto de los ocho postulantes a La Moneda que, en esta oportunidad, incluía nuevas coaliciones políticas y representantes de la extrema derecha y la izquierda no oficialista.

La gran sorpresa de la jornada vino de la mano del Frente Amplio y los chilenos residentes en el extranjero, que votaron por primera vez en una elección presidencial, quienes sorprendieron a sus compatriotas del territorio nacional al marcar su preferencia por la candidata frenteamplista, la periodista Beatriz Sánchez, y dado que el cierre de sus mesas fue antes, por la diferencia horaria con Chile, proporcionó un golpe mediático y un pronto indicador de que esta elección no sería lo que auguraban las encuestas.

El resultado final del domingo de comicios determinó a los dos candidatos que se presentarán al balotaje el próximo 17 de diciembre. El expresidente y empresario, representante de la coalición de derecha Chile Vamos, Sebastián Piñera, quien obtuvo un 36,64% de los sufragios y el periodista representante del oficialismo, Alejandro Guillier, con el 22,70% de los votos.

En un escenario marcado por las encuestas, que daban una amplia ventaja al exmandatario, las urnas dijeron otra cosa. Los vaticinios que presagiaban cerca del 44% de la intención de votos e incluso un triunfo en primera ronda para Piñera – el número tres dentro de los millonarios del país según la revista Forbes – a medida que pasaron las horas fueron decayendo. Estos pronósticos habrían generado que, ante la duda de un nuevo gobierno del empresario, algunos de los votantes más cercanos a la izquierda y desencantados con los 27 años de la cuestionada democracia chilena dudaran en votar por el emergente Frente Amplio, cuya proyección electoral se estimaba cercana al 10% de los votos y habrían optado por dar su apoyo a Alejandro Guillier en esta primera vuelta.

Es importante destacar la irrupción del candidato de ultra derecha, José Antonio Kast, quien se ubicó en cuarto lugar. El abogado, católico practicante y padre de nueve hijos, quien se autodefinió como el representante de la “familia militar” destacó por un discurso de marcado sentido nacionalista, manifestándose abierto a conceder beneficios penitenciarios a los militares que cumplen condenas por violaciones a los derechos humanos en dictadura y su rechazo a la agenda valórica del gobierno de Bachelet -en temas como el aborto y políticas de género- no dudo en señalar su apoyo irrestricto a Sebastián Piñera en segunda vuelta. Con él, también fallaron las encuestas que le pronosticaban cerca de un 3% y obtuvo un 7,93% de los sufragios. Los otros cuatro candidatos, representantes de sectores minoritarios de la fragmentada izquierda chilena, obtuvieron: Carolina Goic 5,88%, Marco Enriquez-Ominami 5,71%, Eduardo Artes 0,51% y Alejandro Navarro 0,36%, respectivamente.

En la votación parlamentaria, también el Frente Amplio acaparó todas las miradas al conseguir 21 diputados y un senador, en menos de diez meses de trabajo. Sin embargo, la mayoría de la Cámara de Diputados será para la coalición de derecha Chile Vamos con 71 diputados, seguidos de los oficialistas de Nueva Mayoría con 57, por señalar algunos resultados significativos de la correlación de fuerzas al interior del Congreso. En el Senado, será la Nueva Mayoría quien mantendrá su control de la cámara con 21 escaños, seguido de Chile Vamos con 19 cupos, hasta 2022, en que se renuevan cargos senatoriales. Tras 27 años, se logra romper con el bipartidismo posdictatorial.

Con este escenario y a poco menos de un mes para la segunda vuelta presidencial, ambos candidatos revisan sus alianzas y establecen negociaciones políticas que les puedan dar la mayoría necesaria para gobernar en el periodo 2018-2022. Mientras por redes sociales y medios de comunicación afines a las esferas de poder económico y político se trata de sembrar un clima de miedo que incline la balanza en favor del candidato empresarial y de derecha Sebastián Piñera. Por su parte, en el sector oficialista de Alejandro Guillier, la negociación significativa vendría de un posible pacto con el Frente Amplio y que, sin lugar a dudas, también marcará el futuro político de esta nueva coalición de cara a sus electores. No olvidemos que entre las organizaciones y partidos que conforman el Frente Amplio transitan sectores políticos que van desde los liberales hasta los libertarios, incluyendo al Partido Humanista. Esperemos que en su debut, prime alcanzar un pacto que garantice la restitución de los derechos sociales- privatizados por la dictadura cívico-militar e incluso el agua-, la eliminación del sistema de pensiones de las AFPs y el fin de la constitución pinochetista del año 80 que son las principales demandas de todas y todos los chilenos y no un cuoteo político que, de cara a la ciudadanía, podría ser entendido como más de lo mismo y la continuidad de la vieja política imperante en el país, de la que decían ser contrarios y que les permitió romper con un ciclo político y, tal vez, iniciar una nueva era.

Fotografías de Ignacio Izquierdo.