Manuel Barriere Figueroa | La novela empieza con la detención de un capo de la camorra. Largos párrafos sin puntuación, separados entre sí por un espacio, desgranan la acción de forma directa y concisa. Se suceden los acontecimientos, los personajes, narrados desde una distancia de observador cercano. Un único punto de vista, sin especulación psicológica, sin digresiones reflexivas. Parece una crónica más que una novela. Sin embargo, pronto descubrimos al narrador como personaje. Un joven que cuenta en primera persona, pero sin ser protagonista más que de alguno de los sucesos narrados. Se trata pues, de un testigo, alguien que conoce a fondo la realidad de la que habla, que la ha vivido, pero desde la periferia.

Más avanzada la novela descubrimos que se trata de un activista, cuya actividad política está profundamente atravesada por la existencia de la camorra y su implantación en pueblos y ciudades del sur de Italia. A lo largo de 123 páginas, el joven activista relata de forma pormenorizada la historia de Sandokán, el capo detenido, y a través de esa historia disecciona la sociedad en la que vive. La distancia entre el centro mismo, la habitación secreta donde se esconde el capo, y la periferia de cualquier ciudadano o ciudadana no implicada directamente en la organización criminal es muy corta. Por eso la única opción es la huida, emigrar al Norte y encontrar un trabajo tranquilo, alejarse de la muerte siempre presente en cualquier familia. La camorra no es solo una organización criminal, es todo un sistema social.

Nanni Balestrini nació en Milan en 1935 y formó parte del movimiento literario de la neo-vanguardia, surgido a mediados de la década de los 60 del siglo pasado. Experimentación formal pero también compromiso político, como dos elementos interconectados para configurar un proyecto coherente. Balestrini es pues, el narrador activista, no el de su novela Sandokán, sino otro que quiere hacer emerger una realidad oculta a plena luz. La camorra es la sociedad, su violencia, su fracaso, está ahí, en el día a día de la gente. Sin embargo, la literatura y el cine han construido un imaginario ficticio basado en el enfrentamiento entre un bien institucional, público y un mal corrupto, criminal, clandestino. El estilo de Balestrini en Sandokán impugna esa imagen idealizada, mediante un distanciamiento que impide la identificación propia de la narrativa clásica. Nos identificamos, eso sí, con el narrador. Esa identificación tiene un sentido en tanto la novela se puede entender no solo como una historia de la camorra, sino también como una metáfora de la sociedad y su violencia, cada vez más extendida e institucionalizada desde los inicios del nuevo siglo. La huida del protagonista, final profundamente pesimista, puede funcionar también a modo de advertencia: llegará un momento que será demasiado tarde.

 

Sandokán
Nanni Balestrini
Ed. Laertes 2015
137 páginas 14€