Oscar Blanco | En el barrio del Eixample de Sabadell el Centro Social Liberado La Obrera se encuentra bajo amenaza de desalojo. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol: las ofensivas judiciales de la propiedad son el día a día de cualquier espacio ocupado. Las curiosidades llegan cuando nos empezamos a fijar en contra quien se enfrentan las activistas. El inmueble es un espacio de dos pisos y con bastantes metros cuadrados que había albergado un concesionario y también un prostíbulo y propiedad de Cajamar. Cómo se explica al dossier “La Obrera vs Cajamar” editado por el Centro Social, se trata de una caja rural fundada en 1966 con presencia de terratenientes y procuradores franquistas y que – cómo prácticamente todas las cajas – se subió al tren de la especulación inmobiliaria. Al estallar la burbuja Cajamar siguió el mismo camino que otras entidades financieras y se sacó de encima su stock de inmuebles para intentar sanear sus cuentas a través de una plataforma inmobiliaria. Es decir, durante décadas se enriquecieron con la destrucción del territorio, la corrupción y jugar con un derecho como la vivienda y cuando vinieron las vacas flacas se lavaron las manos.
¿Quién gestiona ahora las propiedades de Cajamar? El fondo buitre Haya Real Estate, que cuenta en su consejo de administración con Juan Manuel Hoyos Martínez de Irujo – amigo y ex-compañero de escuela de Aznar – y con José Maria Aznar Botella – hijo mayor de Aznar y Ana Botella. El fondo buitre gestionará los activos – como hace también con otros de la SAREB o Bankia Habitat – durante diez años pero no los compra y tiene un negocio redondo con los embargos a familias que no pueden pagar para revender después los inmuebles a precios más elevados. Si enfrentarse a una caja y un fondo buitre conectado con las élites del Estado no parece suficiente detrás de Haya Real Estate todavía hay un tiburón financiero más grande: Cerberus L.P. Un gigantesco fondo buitre estadounidense con centenares de filiales en Europa – sobre todo en países donde puede evadir impuestos como Holanda- y presidido por un multimillonario asesor y mecenas de Trump llamado Steve Freinberg.

Jugar a estirar la soga con el capital financiero internacional no parece una partida demasiado equilibrada por ningún colectivo, pero ¿Qué hay en la otra punta de la cuerda? Las activistas Cristina Garcia y Gerard Marín explican que la Obrera es un proyecto que da vida un inmueble que había estado abandonado 8 años y por lo tanto se encontraba en un estado penoso. La recuperación de la parte del espacio que ya se encuentra acondicionada se ha hecho con jornadas de trabajo comunitario que entroncan con la filosofía del centro: recuperar el espacio común y dignificar vínculos sociales y personales no mercantiles. Por eso, no se admiten actividades de donde se saque un beneficio económico privado ni se excluye a nadie de las clases y talleres por la vía de los pagos. La Obrera pretende impulsar vidas comunitarias basadas en el apoyo mutuo y recuperar en cierto modo un mundo al cual remite el nombre del espacio. El nombre La Obrera fue escogido en un proceso participativo y era como se llamaba un histórico local del movimiento obrero de Sabadell adherido a la Asociación Internacional de Trabajadores y sede del Centro de Sociedades Obreras hasta la Guerra Civil.
Recuperar la comunidad
Queda lejos la época cuando Sabadell era una de las plazas fuertes del emergente movimiento obrero catalán con un papel destacado en la huelga general revolucionaria del 34, el desarrollo de la CNT a finales del XIX o la creación de los Sindicatos de Oposición. Garcia y Marín consideran que el Eixample de Sabadell actualmente es un barrio dormitorio con una vida interna y tejido social debilitados. En general, razonan que en todo el Sur de Sabadell hay dificultades para agrupar jóvenes y es complejo generar sinergias, puesto que un espacio así rompe la rutina. El Gimnasio Rukeli, que forma parte del Centro Social y está dedicado a los deportes de contacto, se ha convertido en la principal puerta de entrada de jóvenes no politizados y para intentar el reto que las activistas transmiten casi como una obsesión del proyecto: la apertura a gente que no proviene de los Movimientos Sociales ni tiene trayectorias militantes.
Hasta ahora el ocio de y para todo el mundo ha sido la forma más exitosa de conseguir ampliar el proyecto. Además de las clases de Boxeo del Rukeli, hay grupos estables de Swing y Salsa y una antigua pequeña academia de Capoeira ha hecho de la Obrera su sede. Recientemente han empezado a impulsar un taller de estampación textil donde se han hecho camisetas para sostener económicamente el Centro Social. También existe la comisión de Bar que se encarga de tener siempre a punto este espacio de encuentro y de programar actividades artísticas y culturales los viernes. Actividades como el reciente Xpress-Arte donde se podía desde recitar un poema hasta tocar con una banda o las fiestas comunitarias de navidad y fin de año. La programación de ocio y cultural – jams de swing, calçotadas, actividades infantiles – también se ha hecho puertas para fuera de La Obrera como una carta de presentación hacia el vecindario.
En la Obrera cabe todo el mundo
Esta busca constante de romper barreras con las vecinas se ha traducido en organizarse para buzonear en las calles cercanas explicando que es el espacio, relacionarse con los bares del entorno o colaborar con un trabajador de una tienda de libros solidarios de segunda mano. Marín explica que precisamente este trabajador fue quién promovió un cineforum sobre el Golpe de estado en Honduras. Cada posible hilo para hacer La Obrera central en la vida del barrio se cuida. Seguramente una de las colaboraciones más estrechas es con la Asociación de Vecinos del Eixample que tanto como Marín como Garcia valoran como un importante activo intergeneracional. Del mismo modo que el colectivo Espai Marx – que ha trasladado su biblioteca a La Obrera – o la plataforma Sabadell por la República. Garcia y Marín defienden la necesidad tejer relaciones con otras generaciones de activistas y también con actores que provienen de tradiciones militantes diferentes. Lo consideran uno de los rasgos diferenciales de La Obrera.
De la ciudad y de fuera. Por ejemplo, próximamente organizarán una charla con Manuel Cañada del Campamento Dignidad en Extremadura. De nuevo el Gimnasio Rukeli es una puerta para tener una red de contactos con colectivos de otras ciudades. Explican que ya han visitado el espacio desde gimnasios de Valencia (Gimnasio Popular Distrito Norte), Madrid, Francia o Buenos Aires. Incluso hay caus escoltas que han visitado el espacio con grupos de niños y se han quedado a dormir.
Como actividades más directamente políticas estables existen el Taller de Lecturas Políticas y el grupo de Mujeres que recientemente ha organizado una charla sobre islamofobia de género. Durante los  meses de octubre y noviembre La Obrera se ha convertido prácticamente en la casa del Comité de Defensa del Referéndum de Sabadell-Sur, poniéndose el servicio de la lucha por la autodeterminación y contra la represión del Estado Español. Una urna del 1 de octubre que preside el bar ejerce de prueba tangible. Las activistas explican que el terremoto político ha trastocado la normalidad de La Obrera pero que el aprendizaje y las energías de las activistas del Centro Social han facilitado todo el proceso de autoorganización vivido y están visiblemente satisfechas (y cansadas).
Garcia y Marín coinciden en el hecho que uno de los retos es implicar políticamente en el espacio a toda la gente que lo utiliza. Después de 2 años de funcionamiento – no sin trabas – actualmente todos los grupos participan regularmente de las gestoras del Centro Social, pero todavía queda mucho camino por recorrer para romper la mentalidad de “consumo del espacio” e implicar a un grueso más amplio de personas en el día a día de La Obrera. Eso sí, el espacio está consolidado como un punto de encuentro al barrio y lleno de vida y actividades diariamente.
Del ocio al apoyo mutuo
La Obrera de mayor quiere ser más que un Centro Social orientado al ocio y la cultura. Cristina y Gerard argumentan que en un futuro querrían impulsar una plataforma en clave más sindical y transformarse también en un espacio de apoyo a las luchas, como ya ha sucedido en el caso del referéndum. Ahora mismo participan de la recogida de ropa y juguetes para la cabalgata solidaria de la PAHC de Sabadell. La relación con este colectivo en defensa del derecho a la vivienda ha sido clave en el desarrollo del espacio. El grupo de Mujeres de la PAHC se reúne en la Obrera, organizan actos allí y fueron un puntal del trabajo comunitario para rehabilitar el espacio. Por ejemplo, explican que toda la instalación eléctrica la hizo un miembro de la PAHC. A la vez los están asesorando en la campaña contra Cajamar.
Además, la PAHC es un colectivo capaz de llegar a gente mucho más allá del mundo de los movimientos sociales como pretende La Obrera y la comisión de autogestión – que se encarga de conseguir alimentos cada semana y distribuirlos entre las familias de la PAHC con más problemas económicos – da pistas de como construir espacios sociopolíticos que ayuden a dar cierta seguridad material a la gente que participa. Fruto del vínculo con la PAHC surgió la idea de impulsar clases de castellano para las personas que se veían obligadas a hacer el examen de nivel para obtener la nacionalidad, aunque no acabó de cuajar.
Actualmente, La Obrera está organizando una red de apoyo para enfrentar la amenaza de desalojo. En la primera reunión organizada participaron la gran mayoría de la izquierda política y sindical de Sabadell  y también otros colectivos de juegos de rol o salas de baile de swing con las que han colaborado. Están en proceso de crear una lista de adhesiones a la campaña contra Cajamar y explorar qué vías de presión social, política e institucional se pueden activar. Ahora el proceso judicial está colapsado después de que 17 personas se autoinculparan y todavía no hay fecha para el juicio. Con la espada de Damocles que supone un proceso como este, La Obrera continúa con viejos y nuevos proyectos y sin ninguna intención de rendirse contra el capital financiero.