Oscar Blanco | A finales del 2013 la Autoridad de Transporte Metropolitano (ATM) de Barcelona, integrada por la Generalitat catalana, el Ayuntamiento de Barcelona y el Área Metropolitana, anunció una subida del precio de los billetes que incluía que la T-10, el abono más utilizado, pasará de los 10 euros. Activistas de Nou Barris, Sant Andreu y Santa Coloma de Gramanet improvisaron una primera movilización de respuesta el 3 de enero que produjo un efecto bola de nieve: las protestas se repetieron semana tras semana durante más de dos meses y reunieron a más de 50 estaciones de metro, RENFE o FGC, dentro y fuera de Barcelona. Unas movilizaciones descentralizadas en las que se implicaron casales populares, organizaciones juveniles y estudiantiles, ecologistas, asambleas del 15M o trabajadores de TMB. La lucha llegó a provocar que el Parlament aprovará por unanimidad una moción en que instaba a la ATM a regresar a las tarifas del 2013 y que el ente se sentara a negociar con el movimiento.

Desde entonces la ATM no había vuelto a subir las tarifas del transporte con una magra revisión a la baja en 2015 y dos congelaciones en años posteriores. Stop Pujades ha seguido movilizando por ejemplo por una T-Mobilitat 100% Pública, apoyando los conflictos de los trabajadores de TMB o exigiendo una bajada de tarifas en 2016. En 2017 la ATM ha vuelto a cruzar el rubicón con una subida de media del 2% (que no afecta a la T-Jove ni al título para personas en paro) y Stop Pujades se ha reactivado para responder. Unas 100 personas participaron de una acción de apertura de puertas y una asamblea en el vestíbulo de la estación de Sagrera después de acciones en 10 estaciones de Metro, FGC y Renfe al grito de “esta subida no la vamos a pagar”.

Con el 2014 bien presente, los ánimos de la asamblea estuvieron caldeados y hubo unanimidad con que era necesario movilizarse cada semana. También se apostó por hacerlo de forma descentralizada en los barrios e ir combinandolo con hitos centrales. La asamblea contó con miembros de diferentes CDRs, del Moviment Popular de Gràcia y con trabajadores de TMB. Desde la asociación Promoción del Transporte Público (PTP) se insistió en la necesidad de buscar formas de pago que distinga a los turistas de los trabajadores y de fomentar los abonos para fidelizar a los usuarios sobre todo con fuertes rebajas en la T-Mes. En un sentido similar se manifestó una representante de la Plataforma por la Calidad del Aire que puso el acento es arrancar demandas concretas más allá de exigir la apertura de una Mesa Social del Transporte.

La subida coincide con la aplicación de restricciones a los vehículos privados antiguos – que a partir del 2020 no podrán acceder a la ciudad de Barcelona – en los días de alta contaminación. Las medidas de restricción del vehículo privado son imprescindibles pero sin ir acompañadas de una promoción del transporte público y afectando únicamente a los vehículos antiguos puede fomentar la compra de nuevos vehículos privados en lugar de atajar el problema de la movilidad y la contaminación.

Quedo pendiente una tarea que se marcaron varios activistas durante la asamblea: como vincular la lucha por el transporte público a precios populares con otros conflictos abiertos actualmente como la subida del agua, de la luz y el gas o la fortísima burbuja de alquileres en el área metropolitana de Barcelona. Una serie de subidas en elementos básicos para la vida que provoca una caída de los salarios reales de las clases trabajadoras de la ciudad como apuntada recientemente en Twitter Jaime Palomera de la Hidra Cooperativa: