José Luís Bersabé | Sin duda, en estos tiempos vemos como el discurso de la igualdad que algunos partidos nos vendían, y muchos nos habíamos creído, se cae a cachos. Los golpes que reciben nuestras, nuestros y nuestres compañeres en las calles y centros educativos, las burlas por parte de quienes nos tendrían que defender y el menosprecio de sectores amplios de la ciudadanía hacia la comunidad LGTB son lo que derrumba ese discurso.

Un discurso adornado, entre otras cosas, con leyes, normativas y protocolos que vemos que no se cumplen, nos hace preguntarnos qué pasa y por qué pasa. Y lo que es más grave, cómo ha sido y es posible que pase en este siglo de supuesta modernidad.

Sin duda, parte de culpa la tiene esa creencia en la igualdad sin tener una base material real que la posibilite. Solo se ha luchado en el plano cultural y urbano, y esto no quiere decir que no se supiera que con eso solamente no bastaba, pues había colectivos que lo llevaban gritando mucho tiempo, pero las leyes pro LGTBI y el avance de la mentalidad capitalista (sí, esa mentalidad del “yo primero, mi trabajo, mi gente, yo, y nada más, porque ya tengo un trabajo, y soy lo que la sociedad calificaría de normal), han hecho posible esconder esa realidad que siempre ha estado ahí.

Hemos conseguido avances o, mejor dicho, el colectivo de la resistencia, ese que salen en fotos en blanco y negro o añil, que se ponía y pone frente a todo aquello que no les aceptaba y acepta, ha conseguido que hoy una parte del colectivo (minoritaria, porque somos más del 10% de la población, y no todes logramos acceder a un trabajo-casa-coche para tener esa libertad ni contamos con una familia precisamente moderna) tenga la posibilidad de tener vidas “normales”.

Estos avances conseguidos y necesarios, pero escasos, no han conseguido eliminar la estructura cisheteropatriarcal que se reproduce y nos afecta desde a la hora de conseguir un trabajo de camarere hasta a la hora de adoptar. Que sí, la ley y tal, pero los impedimentos siguen ahí.

¡Ahora hay leyes para que no nos discriminen!, decimos como un nuevo mantra, porque el de ¡ahora nos podemos casar! ya caducó.

Pero la verdad es, y la sabemos, que la ley es papel mojado si no estamos detrás reclamándola y organizándonos para conseguir esos derechos que se nos niegan y seguirán negando hasta que no eliminemos el sistema socio-económico que nos excluye a unes a los márgenes y, a otres, a los fondos. Hablamos de leyes como la andaluza, que son la base para seguir avanzando hacia esa equidad, pero siempre teniendo claro que el objetivo no solo es cultural, es estructural.

Existe un techo de cristal para las personas de la comunidad LGBT, tanto personas normativas como no normativas, a las que afecta de diferente modo, y eso con leyes no se soluciona. En todo caso, se parchea y se hace posible que una parte de la comunidad LGBT acceda a espacios a los que antes no podía, pero dejando a la gran mayoría atrás. Una mayoría que no es silenciosa, la silencian.

¿Cómo se silencia a parte de la comunidad LGBT?

Somos una comunidad diversa, pero vivimos en un sistema y no aisladamente. Un sistema que según seas, o te muestres te envía a un “cajón” u otro; hay un “cajón” grande, el del silencio, al que se envían a esas personas disidentes de la norma: a las trans, maricas, bolleras y bisexuales.

Es un sistema que reproducimos y al que tenemos que estar muy atentas para eliminar cualquier atisbo de reproducción entre nosotres mismes. Un sistema machista, LGTBfóbico y, en conclusión, excluyente.

Aun así, muchas lo reproducimos voluntaria o involuntariamente, lo que genera acciones como la de silenciar a ese sector disidente.

Nos han silenciado porque saben que trastocamos los esquemas mentales, esos constructos sociales famosos; nos han silenciado desde las instituciones, a nosotres, les disidentes que queremos libertad de ser, que queremos un mundo diverso y equitativo, de justicia social, y no monolítico y excluyente.

Las instituciones cisheteropatriarcales, mediante las mismas asociaciones de la comunidad LGTB, sobretodo G, nos han silenciado. La voz se la han dado a hombres homosexuales normativos, con el “¡no vayas tú! ¡Que tienes mucha pluma y tenemos que ser normales!, mil veces dicho, o el “pues yo tengo amigues gais y no pareces”, lo cual es LGTBfobia que genera el sistema para su supervivencia.

Vivimos el hecho de que esa mayoría “aceptada” no es tan mayoría, y de que esas políticas de normalización, de supuesta igualdad, han hecho que a día de hoy el movimiento LGBT sea pobre en diversidad, estancado en un pasado que derrumba a golpes la realidad en las casas, pueblos y ciudades.

Nos han, casi, quitado todas nuestras armas. Aquellos que decían defender la causa LGTB han institucionalizado asociaciones, zombis prácticamente en su totalidad, dependientes y subalternas a partidos políticos.

Y, cómo no, en medio de todo este proceso estamos nosotros, los hombres cisgais, homogeneizando un movimiento heterogéneo, cuando para seguir avanzando hacia la equidad, sin duda, no podemos seguir reproduciendo todo lo que estábamos haciendo. ¡Cisgay, dos pasos atrás!

Los hombres cisgais tenemos que dar dos pasos hacia atrás en la lucha, pues somos hombres en un sistema patriarcal en el que, a pesar de su alianza heterosexista, hemos conseguido avanzar ocupando todos los espacios y relegando a un segundo plano, consciente o inconscientemente, a la gran diversidad de la comunidad LGTB.

Trans, bolleras, maricas y bisexuales han sido relegades por defender la supuesta lucha LGBT, pero si queremos una sociedad equitativa en todos sus ámbitos debemos desempoderarnos como hombres cis, que no gais, dejando a los demás subcolectivos hablar, organizarse y tener su poder.

Eso no quiere decir que nuestros derechos como gais se hayan conseguido en su totalidad. Al contrario, queda mucho recorrido y tenemos que seguir, pero para que la lucha avance tenemos que ceder espacios, escuchar las demás voces y apoyarlas desde la alianza. Sin suplantaciones. Porque si nuestra lucha, la lucha LGTB, no tiene una unidad diversa y equitativa retrocederá, porque el sistema está unido y nosotres debemos hacer los mismo pero, ¡cisgay, dos pasos atrás!

José Luís Bersabé (@Joseluisbersa) es militante de Anticapitalistas y activista LGBT