Julian Moreno | El gobierno socialista de Sevilla incluyó en el orden del día del Pleno de diciembre del Ayuntamiento la aprobación del escudo oficial de la ciudad. Un asunto de escasa importancia práctica pero de extraordinaria importancia simbólica que ha sido tramitado con escasa transparencia, nula participación ciudadana y graves defectos de forma legales.

En cuanto a la forma, la Ley 6/2003 de 9 de octubre, de símbolos, tratamientos y registro de Entidades Locales de Andalucía, obliga a la citación expresa de las asociaciones vecinales y organizaciones que se ocupan de la conservación y promoción del patrimonio histórico, artístico y cultural, lo cual no se hizo. Igualmente han incumplido la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, que obliga a que la aprobación de escudos y símbolos municipales pasen por la Mesa municipal de Memoria Histórica. El PSOE no se toma en serio ni los órganos que ellos mismos crean.

El Gobierno del Sr. Espadas no ha tenido nunca la intención de abrir un debate público sobre la cuestión y se ha atrincherado en una comisión de expertos en heráldica para aprobar, con el apoyo del PP y de Cs, un escudo de difícil aceptación en 2017, tanto por las dudas legales del procedimiento como por un contenido claramente antidemocrático.

La presencia de santos y arzobispos de una religión determinada en un escudo oficial que debe ser representativo de una colectividad excluye de dicha representación a los fieles de otras creencias que son relegados y apartados de un símbolo que debería contener un espíritu integrador y tolerante, como lo es la propia ciudad de Sevilla.

Aparece Fernando III, conquistador de la ciudad de Sevilla, que en una mano porta una espada, arma de guerra y máxima expresión de la violencia y en la otra un globo terráqueo representando la conquista mediante la guerra. Asimismo, es necesario recordar que la conquista de Sevilla produjo una limpieza étnica de gran parte de su población autóctona y degeneró muy pronto en un clima de hostilidad, odio, violencia y discriminación para los que optaron por quedarse. No es de recibo que el escudo de una ciudad que se ha manifestado múltiples veces de forma masiva contra cualquier expresión de violencia lleve implícita una llamada a la conquista y a la guerra.

Este escudo es antidemocrático, los títulos que aparecen en las leyendas “Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana” fueron todas otorgados jefes de estado no elegidos por la población que, o bien llegaron a la jefatura del estado por descendencia real o bien por golpes de estado, como el caso de Franco.

Este escudo es machista: perpetúa la rueda perversa de la Historia en la que se invisibilizan a las mujeres, ya que sólo aparecen hombres en el escudo, mujeres sevillanas como Santa Justa y Rufina o Santa Ángela de la Cruz podrían estar representadas en él.

Este escudo distorsiona la historia, puesto que recoge sólo una pequeña parte de la historia de Sevilla, de los 22 siglos de antigüedad de Sevilla, sólo se representan los 5 últimos: ni la Spal tartésica, ni la Hispalis romana ni la Isbiliya andalusí ni la Sevilla contemporánea están representadas. No queremos reescribir la Historia, como dicen los talibanes de la tinta de la caverna mediática sevillana, sino que se cuente en su totalidad.

En definitiva estamos ante un escudo rancio, antiguo, muy escorado ideológicamente hacia el nacional catolicismo, antidemocrático, machista y con serias dudas sobre su legalidad y constitucionalidad.
El proyecto de escudo inicialmente aprobado se basa exclusivamente en una interpretación heráldica que la propia Ley de símbolos de Andalucía en su Exposición de Motivos subordina al “respaldo popular” que considera superior ya que es el “que eleva el símbolo a la categoría de representativo” dando lugar, por tanto, a que los símbolos puedan tener origen “en la identificación de la población con su presente”. Según este planteamiento legal, resulta obvio que apostar por una interpretación exclusivamente heráldica, máxime cuando la misma es sesgada y visceral, contraria a la convivencia pacífica y democrática, vulnera ostensiblemente la filosofía de la norma.

Estamos en 2017 y en democracia: podemos darle a la ciudad de Sevilla un escudo amable y respetuoso, democrático, representativo de su historia e idiosincrasia. Por ejemplo, Sevilla es reconocida internacionalmente por la Giralda, un monumento histórico de incalculable valor artístico que es en sí mismo una muestra de interculturalidad. Nadie se podría oponer a que este u otros símbolos de la ciudad como el río Guadalquivir, la Torre del Oro o la Catedral fueran parte de nuestro escudo. Estas ideas y muchas otras podrían ser expuestas por la ciudadanía en un concurso de ideas, algo que permite la ley andaluza de símbolos y que propuso Participa Sevilla en el pasado Pleno, pero sin embargo, se ha optado por la vía heráldica y de “expertos” y el resultado no puede ser peor, puesto que se ha cercenado la historia y la cultura de esta ciudad. La mejor receta para conseguir que los símbolos se eleven a la categoría de representativos y la ciudadanía los haga suyos es sin duda la participación ciudadana.


Julián Moreno, concejal de Participa Sevilla y militante de de Anticapitalistas