Lucha de Pases | El fútbol como reflejo de la sociedad no escapa al machismo. Reproduce roles, refleja valores como la agresividad o la competitividad y relega el fútbol femenino a un lugar subalterno. Si vemos la realidad del fútbol jugado por mujeres descubrimos fácilmente estos elementos discriminadores.

Muy pocas jugadoras de la liga española se dedican exclusivamente a jugar. La capitana de la Real Sociedad , Sandra Ramajo comentaba : “Nosotras tenemos que cuidarnos el doble porque aparte de jugar al fútbol tenemos que dedicarnos a otras cosas para llegar a final de mes”. Sandra compagina su carrera futbolística con el trabajo en una residencia con personas discapacitadas, precisamente un trabajo de cuidados muy feminizado.

El desprecio de los medios de comunicación es más que evidente, puesto que la cobertura al fútbol femenino es prácticamente nula. El fútbol masculino, mucho más mercantilizado, ocupa prácticamente toda la parrilla televisiva y de este hecho tenemos mucha culpa l@s aficionad@s. Pero el fútbol femenino no debería intentar copiar todos los mecanismos del masculino de elite, un fútbol totalmente vendido al capital. Vero Boquete, una de las mejores jugadoras españolas de la historia, declaraba: “Primero queremos mejorar la situación del fútbol femenino, de las jugadoras, de sus condiciones dentro del fútbol y luego tener el reconocimiento y respeto de la sociedad. Pero sobre lo de tener lo mismo que los hombres, sería lo ideal, pero lo que tienen ellos hace mucho tiempo que sobrepasó los límites. Por tanto, ojalá el fútbol femenino no coja todo lo malo del fútbol masculino, que conserve todos los valores propios de este deporte.” La FIFA nunca se ha interesado nunca mucho por el fútbol femenino, de hecho el ex presidente Blatter se dedicaba a soltar comentarios machistas pretendiendo ser gracioso: “Las mujeres deberían jugar con menos ropa, como en el voleibol” o “Podrían vestir pantalones más ajustados. Son guapas. Ya tienen algunas normas distintas a los hombres, como el balón—algo que no era cierto—, ¿por qué no cambiar también la ropa?” Las declaraciones asquerosas de este personaje tan poderoso como falto de cerebro son un ejemplo de cómo se trata al fútbol femenino.

Pero comienzan a aparecer alternativas. La ex-portera de la selección estadounidense, Hope Solo, ha presentado su candidatura a convertirse en la primera mujer que preside la Federación Estadounidense de Fútbol, teniendo como objetivo alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ya que, como señala: “Somos las mejores del mundo, tenemos tres copas mundiales y cuatro campeonatos olímpicos, pero a los varones les pagan más solo por asistir de lo que nos pagan a nosotras por ganar”

Quizá lo que necesita el fútbol femenino es dejar de moverse en los parámetros de esta sociedad machista y transformarse en fútbol feminista. Tenemos como ejemplo el colectivo argentino “Fútbol Militante” mujeres que se organizan y se juntan para jugar a la pelota y a militar en el feminismo, participando en movilizaciones contra las violencias machistas o apoyando la huelga de mujeres del 8 de marzo. A la pregunta de por qué ellas juegan un fútbol feminista y no femenino dicen “es otra cosa, es adaptarse a un formato establecido desde lo patriarcal, desde los varones como dueños de ese espacio y como cediéndoles un espacio a las mujeres. Nosotras nos lo abrimos solas, lo tomamos, nos reapropiamos de los espacios, no pedimos permiso, les ponemos otras reglas”.

El fútbol feminista trata de que las mujeres ocupen lugares que les están negados en una sociedad y cultura machista.La única opción de extender la igualdad en el fútbol pasa por transformar la sociedad en un sentido feminista, y un pequeño paso en esa dirección puede ser disputar espacios tan masculinizados como el fútbol.